El Patio del mate

En Gualeguaychú, a pocos metros del río, sobre Gervasio Méndez, hay un lugar lleno de mates. Fácilmente identificable desde la calle por un muñeco enorme hecho todo con calabazas, desde los pies a la cabeza.

 

Por Sabina Melchiori

No es museo ni el clásico local de ventas de regionales. Es un patio viejo, con el piso adoquinado y decorado con plantas de hojas verdes que brotan de las macetas o se trepan por las paredes. Allí todo tiene que ver con el mate: hay bolsas y canastos repletos de calabazas recién traídas del Chaco, otras cuelgan como guirnaldas desde el techo. Sobre el mostrador abundan potecitos con bombillas de todo tipo, para todos los gustos y bolsillos: de caña, de bronce cromado, de acero inoxidable; más angostas, más gruesas, de colores, de alpaca, de plata, rectas, encorvadas, simples o con la boquilla enchapada en oro para no quemarse los labios. Más allá se exhiben un montón de cucharitas de madera para la yerba o para el azúcar; canastos y porta termos. Pero los reyes del patio son los mates, o para decirlo con mayor precisión: los recipientes para tomar mate.

Mario Boari, que es el dueño del lugar, dice que en el patio debe haber unos seis mil mates. Sólo en el muñeco de la entrada hay 700. De los que están a la venta, los más sencillos cuestan siete pesos y a medida que los elementos decorativos y el trabajo artesanal aumentan, sube también el precio. Los hay de madera de algarrobo, de caldén, de palo santo; de guampas. Hay simples calabacitas peladas y otras suntuosas forradas en cuero de vaca con borde de alpaca. Y saliendo de lo común, se destacan algunas revestidas en cuero de pescado o en mondongo.

A Mario no le hubiera gustado llegar a vender mates de vidrio, pero como la gente los pedía, allí están también. Según él, “el mejor recipiente para la infusión es la calabaza, porque le suma sabor a la yerba”. Dice que “la calabaza y la yerba, que son dos plantas completamente distintas, forman un matrimonio feliz”.

Por vender mates, Mario Boari terminó convirtiéndose en un experto en su preparación, en el cultivo de la yerba y todo lo demás. Viaja con sus mates por todo el país y lo invitan a dar charlas sobre el tema. Dice que los más exquisitos tomadores y cebadores de mate son los correntinos; de ellos aprendió que es bueno eso de colocar la yerba y luego tapar con la palma de la mano el recipiente y tumbarlo. Sirve para que el polvo, que es lo que más sabor tiene, quede arriba y vaya bajando chorrito tras chorrito, manteniendo el sabor durante muchas cebadas.

La manera de tomar mate cambia según la región, y cada cebador tiene sus mañas. El mate no es argentino, ni uruguayo ni paraguayo. En estas tierras se tomaba mate antes de que Colón (y la madre de Colón) nacieran. La prueba está también en Gualeguaychú. En el Museo Arqueológico Manuel Almeida, donde se exhiben objetos de los indios chanaes y guaraníes hay un mate. Hecho de barro, del tamaño justo para sostenerlo con una mano, y con una especie de piquito por donde se chupaba la infusión que nacía de la mezcla del agua y las hojas de yerba. Vaya si habrá sido rico que terminó conquistando el paladar de los colonizadores.


Para llegar al Patio del mate:
-Desde Buenos Aires
Por el acceso norte, Ruta Nacional 9, complejo Zárate – Brazo Largo, Ruta Nacional 12 hasta Ceibas y Ruta Nacional 14 hasta el primer acceso (Acceso Sur) a la ciudad de Gualeguaychú, pasar dos rotondas, continuando por Av. Del Valle, hasta la costanera, y llegando hasta el río, tomando a la izquierda hasta calle Gervasio Méndez, doblar en esa dirección media cuadra.

-Desde Rosario
Por puente Rosario-Victoria, Ruta Nacional 11, Ruta Nacional 16 hasta el primer acceso (Acceso Sur) a la ciudad de Gualeguaychú, pasar dos rotondas, continuando por Av. Del Valle, hasta la costanera, y llegando hasta el río, tomando a la izquierda hasta calle Gervasio Méndez, doblar en esa dirección media cuadra.

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