El río del yaguar grande

El río Gualeguaychú es manso, amigable para la pesca, los deportes acuáticos, la navegación y los chapuzones. Los primeros en habitar sus costas fueron los chanáes y, muchos años más tarde, los guaraníes. Nace de vertientes y bañados, y desemboca en Uruguay. El único asentamiento poblacional a la vera de su cauce es, precisamente, la ciudad de San José de Gualeguaychú.

 

Por Sabina Melchiori

Gualeguaychú, (nombre de complicada pronunciación para hablantes desprevenidos) no tiene traducción a ningún idioma. Es el fonema que los colonizadores lograron pronunciar al imitar la expresión guaranítica “yaguar í guazú”, que significa “río del yaguar grande”. ¿Cómo lo sabemos? Porque en sus apuntes de 1715, el sacerdote Policarpo Dufó, capellán de la expedición punitiva contra los aborígenes de Entre Ríos, dice que debieron cruzar el Río Yaguarí Guazú “que los españoles nombran Gualeguaychú”.

Hace más de 2000 años, quienes disfrutaban de sus bondades eran los chanáes. Ellos, al igual que los gualeguaychuenses de la actualidad, pudiendo vivir en zonas no inundables, prefirieron habitar sus costas. Para protegerse de los repuntes, construían cerros o túmulos que aún existen como sitios arqueológicos. Años más tarde ─700 años al presente─, llegaron desde el Amazonas los guaraníes, a quienes se los ha llamado “los fenicios del río Uruguay” por su condición de navegantes y comerciantes. Para ambos pueblos, el río era fuente de vida.

Nace en el departamento Colón, en pequeños bañados y vertientes. En el camino hacia su desembocadura en el río Uruguay va recibiendo agua de muchos arroyos, motivo por el cual aumenta su caudal cuando llueve en la cuenca.
Tiene aproximadamente 120 kilómetros de extensión, de los cuales 40 son navegables en lancha; el resto solamente puede ser recorrido en piraguas y kayaks.

No tiene pendiente, está casi al mismo nivel que el Uruguay, por eso, cuando hay sudestada y crecen el río de La Plata y el río Uruguay, el río Gualeguaychu también crece y corre aguas arriba, es decir: al revés. Quienes saben de cursos de agua, aseguran que este fenómeno es rarísimo.

El río Gualeguaychú, al que por justicia se lo debería renombrar Yaguar i guazú, no es peligroso. Es apto para el deporte, para bañarse en sus playas y aún conserva costas vírgenes que son una verdadera joya de la creación.

 

 

Éste y otros artículos serán incluidos en la revista de interés turístico “Gualeguaychú es todo el año”, de distribución gratuita.

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