El triste ocaso de un estilo sampatético

Esta nota difiere claramente de su habitual temática invadiendo otro terreno. Pero se justifica al momento de desentrañar todos los factores que inciden en el ánimo de un pueblo súper futbolero, con sus alegrías, esperanzas pero también desilusiones y frustraciones. Este columnista es un fanático del fútbol. Sueña y sufre por él, se deleita con las buenas y se las ingenia para digerir las malas. Como cualquier hincha vive en una constante lucha interior y sus coronarias trabajan full-time. El cachetazo de Rusia demanda reflexiones.

 

Luis María Serroels
(Especial para INFONER)

Todas las disciplinas deportivas pueden definirse como fenómeno social. Sólo las diferencia el carácter amateur o profesional. Por esa condición de generadora de adeptos, traducido en eufóricas multitudes, emerge como común denominador el espíritu de quienes lo practican con seriedad y honestidad inoxidables, sazonado con la indomable pasión de los simpatizantes. Esto ocurre en todo el planeta y constituye un hecho esencial a la hora de asumir su práctica bajo la frase de Mens sana in corpore sano (Mente sana en cuerpo sano) del poeta latino Décimo Junio Juvenal.

En estos tiempos azarosos en que ciertos consumos dañan la salud y mellan el destino de nuestra juventud, disgregando la familia y destruyendo físico, cerebro y proyectos, es el deporte una eficaz palanca, en tanto quienes están practicándolo con entusiasmo y perseverancia, no están en otra parte dedicados a otras a acciones nada saludables por cierto. Alguien dijo que “la droga promete volar hasta el cielo, pero a mitad del vuelo troncha las alas”.

Todo esto viene a cuento del actual campeonato mundial de fútbol que se disputa en Rusia exhibiendo una impresionante organización, un desparejo nivel técnico –con ponderables excepciones- y arbitrajes deficitarios que el cacareado auxilio del VAR no soluciona por la soberbia de algunos jueces poco afectos a las correcciones.

Decía el cuestionador periodista deportivo Dante Panzeri, que “el fútbol es la dinámica lo de impensado” y no se equivocaba. Es tanto lo que se puede extraer de este deporte que combina teoría y desarrollo superlativos no libres de picardía, que con justa razón se convirtió al correr de los años en el deporte más practicado del mundo. No en vano el mayor imán que atrae desde la infancia es su majestad la pelota. Que reina en ambos sexos porque la mujer se atrevió y le ha ido muy bien convirtiendo en mixtas las más duras disciplinas del físico que cultivan con fervor y excelencia.

Nuestro país le dio al mundo grandes cracks, que marcaron épocas brillantes y pasearon por todo el orbe la brillantez de su habilidad innata y no exenta de picardía. No en vano son requeridos desde todo el mundo. Pero la “dinámica de lo impensado” empezó a alejarse, el dólar seductor se enseñoreó y el fair play afloró en cuentagotas, presa de un súper profesionalismo que todo lo maneja, desvirtuando virtudes y preceptos originales. Mientras tanto languidecía la belleza, contaminada por intereses malsanos fogoneados por dirigencia sin escrúpulos.

El seleccionado argentino arribó a Moscú 2018 beneficiado por el milagro del hat- trick (tres goles) de Lionel Messi en Ecuador, última oportunidad de acceder a la contienda ecuménica.

El duro y anunciado final dejó al descubierto el rostro de la improvisación y el déficit no sólo de algunos jugadores sino de las equivocadas estrategias del DT Jorge Sampaoli rebautizado “Sampatético”.

¿Acaso nadie se percató –a fuerza de fracaso tras fracaso- que agrupar jugadores de clubes de diversos países, con diferentes estilos, escuelas y técnicas de juego terminan componiendo un extraño collage sin cohesión ni jerarquía??

Cuando el tiempo de entrenamiento es harto suficiente, se puede alcanzar un razonable poderío. Rusia no fue el
caso y van…

Un técnico de fútbol puede pecar doblemente: cuando manda al campo de juego a elementos no aptos para ese momento del encuentro y cuando deja en el banco a los más capacitados con sobrados antecedentes. Los adversarios… muy agradecidos.

Sería muy bueno que se difundan puntillosamente las condiciones y el monto del contrato del DT. No se dirige un seleccionado caminando nervioso delante del banco como fiera enjaulada, sino planificando y acudiendo a sus auxiliares permanentemente. Argumentar hoy que “está todo muy fresco para analizar”, es pueril. Todo DT al que le va muy mal, siempre debe sacar de su bolsillo la renuncia. El técnico (?) se apresuró a disipar las versiones que lo daban como alejado de su cargo. Cuando señaló “lo de hoy no fue un fracaso sino una frustración” se internó en una semántica barata porque en realidad el verdadero término sería “fraude”.

Contábamos (al menos hasta ahora) con el mejor jugador del mundo en la categoría “clubes”, pero en el seno de nuestra selección pareció una mala versión reducida a la irrelevancia.

El equipo argentino tuvo en el banco a figuras que en países de Europa se cansan de hacer goles y a los que ignoró justo en el momento que más se necesitaba la conversión (apenas seis tantos en 4 encuentros, es decir durante 360 minutos, habiendo dispuesto de varios artilleros temibles en el Viejo Mundo). Valores de gran rendimiento que se aburren de romper redes, fueron marginados, para terminar fabricando un “9 falso”, original función que se cargó sobre los hombros de Messi, haciéndole un enorme favor al adversario.

Hubo un excesivo triunfalismo inicial que se contagió a millones de argentinos, muchos de los cuales hicieron grandes esfuerzos financieros para viajar a Rusia y ahora retornan sin copa pero con deudas.

La dimisión de Sampaoli –considerada lógica y necesaria- queda sujeta a negociaciones secretas. ¿Qué puede buscar alguien al que se le ha perdido el respeto del mundo fútbol?

Se desconoce la letra chica del arreglo contractual, que sirvieron para que Jorge Sampaoli quedara al frente del seleccionado nacional. A la hora de las evaluaciones, no debe perderse de vista el triste desempeño en el período clasificatorio en que solamente la tremenda capacidad de Messi en el último partido, nos depositó en Rusia.

Terco y tozudo, el DT introdujo en su discurso una fuerte dosis de irrealismo y carencia de autocrítica. Hoy, como si nada hubiese sucedido, teje fantasías en el aire y piensa en una renovación del plantel que debió haber efectuado antes de la clasificación. La verdadera renovación se dará cuando se contrate a un verdadero profesional de seriedad y capacidad libres de discusión.

Ahora la AFA terminará pagando por el mal desempeño y además, aún renunciando, se le liquidará una carretilla de dólares para cubrir tareas recomenzará su eventual sucesor, quién por supuesto concertará con la entidad madre del balompié argentino jugosísimos honorarios. ¿Así se administran los recursos del fútbol nacional?

No es un asunto menor suponer que uno de los primeros afectados sería el presidente de la Nación, si se presume que un regreso triunfal copa en mano, le habría atemperado el descontento popular ante el clima político-económico reinante.

El único presidente constitucional que recibió en la Casa Rosada a compatriotas como campeones mundiales, fue Raúl Alfonsín en 1986. No se enancó en ningún corcel ajeno y no viajó a Méjico ni siquiera para la final. Lo representó Conrado Storani, entonces ministro de Salud y Acción Social.

Cuando Claudio Tapia, mandamás del fútbol argentino, contrató a Sampaoli pagándole una fortuna, lo justificó diciendo que se trataba del mejor Director Técnico del Mundo. A la luz de tan vergonzosa performance, debería recuperar la percepción de una buena parte. Y además deberían irse los encumbrados directivos afistas, si conservan algo de dignidad.

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