EL ZAPATO DERECHO EN EL PIE IZQUIERDO

No se requiere demasiada perspicacia para advertir que la llamada “lista sábana” no es otra cosa que el refugio de los menos dotados. En buen romance, sin suficiente peso específico para enfrentar por las suyas una contienda. Existen provincias argentinas con dirigencia dotada de visión política y sentido común suficientes para optar por mecanismos de sufragio aseguradores de que quienes resulten elegidos sea por virtudes propias y no por colgarse de sacos ajenos. En el popular juego del truco, un siete con un cuatro de oro garantizan un buen envido. Pero trasladado a un comicio, sólo sirve para ubicar ganadores a ciertos candidatos que por sí solos no les resultaría seguro.¿Porqué cierta clase dirigente le teme a la lista única por cargo y al voto electrónico? La jugada Macri-Pichetto no debería escandalizar a nadie, si se recuerda que en 2007 la fórmula kirchnerista fue Cristina Fernández-Julio Cobos.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

Las virtudes y cánones morales que uno espera sean firmes e imperecederas en la vida de un político, han vendo sufriendo hoy una deserción sólo explicable porque el pánico siempre será más fuerte que el afecto o las coincidencias.

Ya se probó en combate la tramposa “candidatura testimonial” consistente en incluir en la listas a personas que pueden arrastrar sufragios sólo hasta definir una victoria, pero que tras el comicio renuncian y le dejan el lugar al suplente. Ya ha ocurrido dentro del kirhnerismo en sucesivas elecciones (a modo de ejemplo recordemos que Clotilde Acosta tras resultar electa como diputada nacional por el Frente parta la Victoria, renunció para regresar a Méjico, según dijo “a defender nuestra cultura”. Y también sucedió con Sergio Massa, el dirigente flojo de ideologías.

Es lisa y llanamente un engaño, una vil farsa. Como si se a anunciara que en el Estadio Monumental se disputará un partido con la presencia de Leo Messi y al salir los equipos al campo de juego el público se desayuna que en realidad quien debía jugar era otro. Aunque parezca mentira, hay quienes consideran a esta maniobra en el terreno político como legal.

Quede claro que cuando analizamos críticamente el sistema de lista sábana, no hacemos alusión alguna a determinadas fuerzas y dirigentes en tanto la responsabilidad primaria corresponde a los cuerpos legislativos que alumbran estos métodos.

Otra cuestión pasible de revisión se refiere a la potestad de cada gobernador para establecer el calendario electoral en su territorio a su gusto y paladar (en buen romance, según sus conveniencias y especulaciones, anudadas a las circunstancias y clima político imperante). No sería mala idea, en términos de higiene institucional.

La fijación a piacere de los tramos que requiere una compulsa comicial según sean o no ventajosos para el oficialismo de turno, no se observa como muestra de equidad sino más.

Estos actos conllevan una prerrogativa lesiva para la democracia y además injusta a bien como la legitimación de la ventaja de que goza la administración circunstancial en grave desmedro del arco político opositor a la hora de honrar la igualdad institucional. Las fechas deberían quedar establecidas –con la autonomía de que gozan las provincias- mediante leyes que cada legislatura apruebe y que le coloquen un cepo a la mala costumbre de disponerlas mediante un decreto factible de ser modificado por otro en tiempo récord.

El estado del clima político no debería ser manejado ni utilizado conforme a los problemas internos o necesidades del partido gobernante. Esto, desde luego, ha de servir como imposición insoslayable y además sería una muestra de vocación democrática. Asimismo sería una excelente complementación reemplazar un sistema de votación que ya resulta arcaico y hasta injusto.

En los comicios recientemente realizados en Entre Ríos quedó en evidencia que la nueva tecnología es una fuerte necesidad. Pero si ello no fuese aún factible por razones de economía, la boleta única por cargo sería una gran salida. Pero pensando en 2021, esta alternativa cuenta con suficiente tiempo para su implementación.

Mientras tanto, esta semana todas las fuerzas políticas recalentaron el ambiente en una desesperada búsqueda de alianzas que le permitan mejorar sus posibilidades electorales. Se da una suerte de mercado persa de la política con ofertas diversas.

El peronismo, que extravió la veleta y no sabe para dónde soplará el viento, intenta volver a sus proyectos frentistas, aunque este camino se traza en distintas direcciones porque, como aspiraba el dictador Alejandro Agustín Lanusse en 1972, todos desean el gran acuerdo pero a partir de constituirse en el eje y la cabeza principal.

Quienes se adjudican la condición de única salida a la crisis, erigiéndose como la gran solución, sufren de una fuerte amnesia. El PJ parece no hacerse cargo de los desastres de María Estela Martínez durante su forzado reemplazo del fundador del Movimiento, Juan Domingo Perón, tras su deceso el 1º de julio de 1974 y que desembocó en la dictadura más cruel y sangrienta de que se tenga memoria.

Tampoco se hace cargo de las gestiones del riojano que no nos iba a defraudar y que se alió con un ex alto funcionario de la abyecta gestión de Alfredo Martínez de Hoz, el economista Domingo Cavallo. Juntos pergeniaron la nefasta ley 23.696 de Reforma del Estado. Menem fue un corrupto que hasta peleó por un tercer mandato vedado por la Ley Suprema.

Bajo el amparo de los fueros, el hoy senador de la tierra del Chacho Peñaloza (de quien no copió sus ideales sino sólo sus abultadas patillas) traicionó la doctrina que decía abrazar desde su rol como gobernador. Imposible olvidar que dispuso hacer explotar una fábrica militar de armas para cubrir los faltantes dejados por un contrabando que violaba normas y acuerdos internacionales. La pregunta pertinente es: los personajes que hemos mencionado ¿pertenecen acaso al laborismo británico o al peronismo?

Pero es bueno recordar que PJ fue cooptado mucho tiempo por el kirchnerismo saqueador de recursos del Estado (cuyas figuras jamás mencionaron el nombre de Perón) y ahora hay quienes andan reservando lugares para aliarse con Cistina Fernández, la continuadora de las maniobras dolosas diseñadas por el extinto Néstor Kirchner. O coqueteando con el tornadizo y flaco de convicciones Sergio Massa, quien en diálogo con un hurgador de escándalos juró que jamás se volvería a alinear con los Kirchner. ¿De todo esto surgirá una alianza confiable?

En la tarde del martes y aunque se apostaba a un anuncio que ubicaría a un radical para acompañar a Macri en su buscada reelección, la noticia descolocó a propios y extraños.

La elección de Miguel Pichetto para enfrentar al kirchnerismo dejó gélidos a muchos e hizo tambalear el tablero del ajedrez electoral. Ahora empieza otra historia y, leído en lenguaje político, sectores del justicialismo compartirán el gobierno (de hecho Pichetto se convertiría en presidente alterno). Inteligentemente, la UCR no se opuso.

Las primeras reacciones son disímiles, pero la opinión nunca descartable de Elisa Carrió enfiló hacia la aceptación. ¿Qué parte del peronismo asimilaría disciplinadamente esta movida? ¿Se trató de darle alternativa a los sectores internos que no se resignaban a tragarse el sapo de apoyar a dirigentes con el RH negativo del asedio judicial?
En este contexto se siguen desarrollando febriles encuentros, donde las traiciones y quiebres morales y los olvidos por conveniencia y utilitarismo son moneda cotidiana. Las reconciliaciones más por espanto que por amor, se exhiben ante una ciudadanía que observa absorta cómo se juega con la verdad y las reglas de oro de la moral política.

Hoy el mundo observa cómo los que se hicieron multimillonarios a costa del Estado en maniobras que la justicia demora vergonzosamente en castigar, no sólo eluden los estrados sino que hasta se encuentran habilitados para cualquier candidatura.

Guy Mollet dijo que “Una coalición es el arte de llevar el zapato derecho en el pie izquierdo sin que salgan callos”. El desafío está planteado.

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