Elegía para mi padre

Yo sé que no te has ido
tan solo hay que buscarte
aguzar los sentidos…
Traspasar la materia
y encontrarte errabundo entre las huellas.
Has desmigado flores
para que no me pierda.
Llueve…
En el jardín mojado
El ciruelo es más rojo todavía.
Tu alma de poeta
enredada en su tronco
en flores amarillas trepa, trepa.
En el banco, un hálito se sienta
un fluir de nostalgias perfumadas
me cala hasta los huesos,
¿es frío o es tristeza?
Tengo el alma empapada…
Charquitos de ternura
se forman en el hueco de mi pecho,
los recuerdos navegan la aventura
de haber sido tu hija tanto tiempo.
Entre los agapathus
que no alcanzaste a ver ya florecidos
un colibrí resiste
la lluvia persistente.
En su azulado vuelo
te encuentro, padre mío.
Esa flor emplumada
me ha traído el consuelo.
Tras las huellas que buscan la espesura
te sigo y me reencuentro
con el amor más puro
despegado del suelo.

 

Marta Ledri, diciembre 2017.

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