Ellos y ellas: el rol masculino en el empoderamiento femenino

“No estás obligada a depender de un hombre. Podrás estudiar y trabajar en lo que quieras. Que nadie te diga que no puedes porque sos una niña. Tendrás que aprender a usar herramientas, una mujer debe saber defenderse sola en la vida.”

Por Karina Urrutia (*)

Hoy, estas frases no resultan originales. Palabras que me decía mi abuelo desde que tengo memoria. Un señor de campo, huérfano desde pequeño, que apenas había terminado la escuela y ya trabajaba su propio pedazo de tierra. Ese hombre fue el primer hombre feminista que conocí, y no he vuelto a conocer muchos.

Pasaron más de 25 años desde la época de las frases de mi abuelo. Los varones que eran niños en aquellos tiempos, hoy son adultos.

Las frases no resultan originales, pero siguen tan vigentes como en los 80. ¿Por qué siguen vigentes? ¿Hemos avanzado tan poco? ¿De qué forma ese tipo de frases u otras menos felices predisponen a las niñas al éxito o al fracaso futuro? Una especie de marca al éxito o al fracaso, a la libertad o a la dependencia, al abandono o la lucha por sus sueños. Y no es que afirme que las mujeres seremos libres o exitosas o cumpliremos nuestros sueños según nos traten los hombres. No. Es que creo que el tipo de vínculo entre las niñas y sus padres, abuelos, tíos, hermanos y otros referentes masculinos repercute en su autoestima y confianza. Hace la diferencia entre el ser felices logrando su cometido o volverse una sombra de aquello en lo que nadie creía, pero existía.

Si desde pequeña le dijiste que no es lo suficientemente inteligente o interesante o voluntariosa, no esperes que algún día logre serlo, mucho menos demostrarlo.

Como nieta, hija, ciudadana siento que es muy importante analizar el rol de la mujer en los diversos ámbitos de forma global, integrando miradas menos comunes. Siempre se habla de lo que deberían hacer las instituciones, gobiernos, entidades sociales, incluso las mujeres, para lograr la equidad de género y empoderar a las mujeres. Sin embargo, pocas veces se suma a los hombres a la discusión y mucho menos se analiza el rol diferencial que tienen en la formación de la psiquis de las pequeñas que serán mujeres algún día.

La autoestima y la percepción de la belleza

“La primera vez que mi papá me dijo gorda fue a los 11 años y practicaba ballet. Las caderas se me ensancharon, me desarrollé y de ahí en adelante nunca me he sentido feliz con mi cuerpo”. Este es el comentario de Ana, una amiga muy querida, profesional, esposa y madre que aún hoy, se descubre evitando los espejos.

Numerosos estudios de la psicología humana dan cuenta de la importancia entre el vínculo de los padres o referentes masculinos con las niñas, y la forma en que ellas se perciben a nivel físico e intelectual. La psicóloga clínica y doctora Margo Maine, autora de Father Hunger: Fathers, Daughters and Food, ha investigado está relación y sostiene que hijas de padres emocionalmente distantes son más propensas a tener problemas de comida y peso.

Los hombres que se comportan de forma receptiva, dispuestos a hablar, escuchar y estar ahí para la niña desde que es pequeña, generan una confianza que será vital a la hora de enfrentar la adolescencia y las típicas inseguridades. Que los padres y otros hombres de la familia puedan hacer sentir a la niña querida, llega a ser de gran ayuda en la confianza que desarrolle en su cuerpo.

Cada día las niñas se ven impulsadas a preocuparse de su imagen a más temprana edad, a consecuencia de la exposición a los medios y redes sociales desde que son muy pequeñas y a la sobrevaloración de la belleza física por sobre otras características.  Por lo que resulta aún más importante la presencia de un referente masculino cercano, asertivo, contenedor, respetuoso y que brinde amor.

Sí, los mensajes de madres y padres afectan ambos la autoestima de las niñas. Pero lo que hacen y dicen los padres a sus hijas resulta especialmente importante. Según la Psicología, hacia los 9 años, las niñas comienzan a identificarse con su padre, lo admiran y se sienten muy unidas a él, lo que definirá sus vínculos futuros con el sexo opuesto.

El rol masculino y la mujer en el trabajo

¿Y si los Legos tuvieran personajes femeninos como: astronautas, químicas, talleristas, astrónomas e ingenieras?

Hace unos años el papá de una niña de 7 años, compartió la carta escrita por su hija a la compañía Lego. En esa carta, que tiempo después se hizo viral en redes, interpelaba a la compañía a fabricar personajes legos ejerciendo profesiones y trabajos normalmente asociados a los hombres. Su hija y él mismo eran grandes admiradores y coleccionistas de la marca. La niña soñaba con ser astronauta, paleontóloga o astrónoma y ningún personaje la identificaba. ¿Es que las niñas no podemos jugar a ser astronautas?

Parecería que no. Las instituciones no acompañan a las niñas para lograr sus objetivos personales y de estudio cuando éstos chocan con el statu quo preexistente para el rol femenino. Este no tan simple hecho, se perpetúa a la hora de entender y acompañar el desarrollo de las mismas en sus lugares de trabajo. Y es que las mujeres no buscamos nada diferente a los hombres cuando hablamos del trabajo.

Según datos de Great Place to Work en Uruguay, el principal motivo de permanencia en las organizaciones obedece a la posibilidad de crecer y desarrollarse, básicamente las posibilidades de hacer carrera. No hay diferencias entre hombres y mujeres. Sin embargo, los cargos gerenciales son ocupados por hombres a razón de 7 a 1. Cabe destacar que, en la amplia mayoría, la gerencia femenina resulta ser la de Recursos Humanos, por lo que nos encontramos bajo el estereotipo del rol de cuidado, asociado casi en exclusividad a la mujer.

7 hombres vs 1 mujer – en lugares de trabajo donde una gran proporción de mujeres están mejor preparadas que sus colegas masculinos.

7 hombres vs 1 mujer – en lugares donde la mayoría de la dotación son mujeres.

7 hombres vs 1 mujer – en lugares donde las mujeres tienen más antigüedad.

Las mujeres pueden y quieren poder, valoran la responsabilidad, tienen las herramientas para crecer y aportar. Lamentablemente, en el ámbito laboral, la mayoría no está llegando a caminar sobre el techo de cristal.

Parece sin importancia, pero desde la elección de los juguetes o el permiso de usarlos fuera de los parámetros de género, es posible ir cambiando esa idea de que las niñas no son apropiadas para estudiar ingeniería, política, astronomía, química, etc. Esa idea les está comunicando qué no están capacitadas para volar a la Luna o ser CEO.

¿Por qué son tan importantes los padres en este cambio de paradigma? Por su credibilidad, por su lógica influencia paterna y porque, en muchos casos, su rol de trabajadores marca un camino en el hogar. Cuando no son los únicos en salir a trabajar fuera de casa, el apoyo mutuo que se brindan papá y mamá es el mejor ejemplo para las niñas.

Que los hombres cercanos eduquen, potencien y confíen en las habilidades de las niñas y las impulsen a ser poderosas les dará confianza para afrontar los obstáculos que sin duda encontrarán a nivel laboral. Que las niñas escuchen de sus padres, abuelos y tíos, expresiones de admiración por mujeres destacadas en política, empresas y profesiones hará que registren ese rol como posible y se sentirán respaldadas para cumplir sus sueños de liderar.

Si los hombres empoderan a las mujeres desde pequeñas, algún día podremos ir a Lego a comprar una astronauta con coletas de edición ilimitada.

El valor de la confianza

Malala, adolescente Premio Nobel de la Paz 2014, precoz luchadora por la educación de las niñas, inspiradora y poderosa, cuenta con un valioso motor. Su padre es profesor de literatura, la educó en la confianza, le inculcó los valores del conocimiento y la educación como herramientas para ser realmente libres. Malala menciona que su padre ha sido su gran inspiración y que gracias a su confianza y apoyo enfrentó a los Talibanes, en un solo acto: ir a la escuela. Un hombre la respaldó, le dio seguridad y fuerzas a través de su confianza.

Ese es el poder de los padres, abuelos, tíos y hermanos. Confiar y generar autoestima. Creer, para que ellas crean.

Como decía mi abuelo: una mujer debe saber defenderse sola en la vida. Me gusta pensar que detrás de todas esas grandiosas mujeres, allá en su infancia, hubo grandes hombres.

(*) Gracias Karina por compartir en Infoner. Karina Urrutia vive en Montevideo, ROU, y es responsable de Comunicación & Marketing y Community Manager en Great Place to Work Uruguay.

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