Empieza a circular el nuevo billete de 20 pesos

El nuevo billete de 20 pesos con la figura del guanaco en su cara principal, que lanzará mañana el Banco Central, se convertirá en el de menor denominación en el mercado, porque los de 5 y de 10 pesos no se harán más, ya que serán reemplazados por monedas que aparecerán en este último trimestre del año, al igual que el billete de 1.000 pesos, que llevará la figura del hornero.

La presentación del nuevo billete será en una escuela pública de Río Grande, por ser la ciudad donde el animal tiene mayor representatividad. El miércoles comenzarán a repartir este billete en los bancos, por lo que en forma paulatina empezará a llegar al público.


Los actuales billetes de 20 pesos se encuentran muy deteriorados, al igual que los de 2, 5 y 10 pesos, ya que los billetes chicos son los que se deterioran más rápido.

Como el costo de impresión de cada billete es de dos pesos, y su vida útil de un año y medio, conviene más imprimir monedas, que son prácticamente eternas y mucho más baratas de hacer, ya que desde hace cinco años no se fabrican más de cobre (que, al ser un commodity, con el alza del precio podía ser caro hacerla), sino de acero con un revestimiento especial, que sirve para que una máquina expendedora pueda leerla.

En la industria le pidieron al BCRA una muestra de las monedas para tamizar las máquinas que las clasifican, pero en el regulador dijeron que todavía no las tenían acuñadas, aunque el metal (el cospel) ya está listo.

Desde la autoridad monetaria quieren poner el billete de 1.000 pesos cuanto antes en circulación, pero hacer uno nuevo no es fácil, ya que depende de muchos factores, desde cuestiones de seguridad que debe tener el papel hasta aspectos relacionados con la logística.

En los bancos señalan que el Central les está pagando con billetes de 100 pesos nuevos, mientras los de 500 pesos los están sacando a cuentagotas. “En Capital Federal el 90 por ciento de la entrega son de 100 pesos, pero a los bancos provinciales sí le están dando más de 500 pesos”, indica un referente de la industria.

Como no tenían la tecnología para poder destruir tantos billetes (hay un exceso de los de 100 pesos), instalaron otra máquina en la Casa de la Moneda, que fue pagada por los propios bancos, que permite aumentar fuerte los niveles de destrucción. Si bien el que destruye los billetes es el BCRA, la máquina destructora está instalada en la Casa de la Moneda en Retiro, pero la opera el personal del Central.

Los bancos que compraron la máquina pidieron al regulador que se les diera prioridad en la destrucción, pero lo cierto es que el BCRA debió poner un freno de mano: en el sector revelan que venía destruyendo casi 4.000 millones de pesos (40 millones de billetes de 100 pesos) por semana y pasó a 1.000 millones (10 millones de billetes de 100 pesos).

“El tema es que si el Central seguía destruyendo billetes, los bancos se quedaban sin capital técnico de trabajo. Hace 20 días un banco se quedó sin efectivo porque había destruido todo, con lo cual no tenía cash para trabajar, por lo que pidieron reducir la destrucción de billetes, pues hay un capital técnico que el mercado necesita. Pero en un mercado con menor grado de emisión, es lógico que se aminore la destrucción”.

El BCRA comenzó a recibir billetes extremadamente gastados, que venían siendo acumulados en las bóvedas de las entidades financieras. La vida útil de estos billetes se había extendido por encima de lo recomendado por los estándares internacionales. Su eliminación del sistema permite reducir costos de logística, seguridad y almacenamiento para todo el sistema financiero, incluyendo al propio BCRA.

Los fajos de billetes deteriorados son entregados por las entidades financieras de todo el país al BCRA con gruesas perforaciones que evidencian que ya no tienen valor de circulación.

Una vez recibidos, se inicia un procedimiento de control y recuento, que en algunos casos es manual, ya que el mal estado de los billetes impide recontarlos con máquinas. La trituradora de billetes permite destruir entre 6 y 8 millones de billetes por día. En pocos minutos, transforma los fajos en pequeños “ladrillos” de papel triturado y prensado, que luego recibe un tratamiento como residuo especial.

 

El Cronista/Analisis

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