Entre Ríos y el Museo de Ripley

Robert LeRoy Ripley fue un caricaturista, empresario y antropólogo norteamericano, cuya fama tuvo alcances mundiales a partir de su célebre sección «Aunque Ud. no lo Crea», una tira donde tenían cabida los sucesos más extraños, insólitos y sorprendentes que ocurrían en nuestro planeta. Tal fue su prestigio que finalmente se creó un museo donde se resguardan sus caricaturas y el voluminoso archivo de sus publicaciones que aún hoy suelen reaparecer para asombro y regocijo de millones de lectores. Algunos episodios de la política entrerriana les servirían a los herederos del famoso personaje.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

El tema no es nuevo pero su recurrencia vuelve a encender las alarmas. Puede analizase en dos aspectos: el político y el judicial. Ya nos hemos ocupado bastante a través de notas y comentarios, pero al parecer –quizás aprovechando las habituales convulsiones (y distracciones) generadas por la puja electoral- recobra actualidad. “A río revuelto ganancia de pescadores” o, en este caso, de personas sedientas de poder.

El casi vitalicio diputado provincial oficialista y mandamás de la Unión del Personal Civil de la Nación, José Angel Allende, acaba de pasar de simples aspiraciones a un hecho concreto, al presentar un proyecto para que se autorice al Estado provincial a donarle a su gremio un terreno de propiedad del Senado que ha sido originalmente destinado al futuro Palacio Legislativo y una nueva Biblioteca Provincial.

 

En buen romance, uno de los sindicatos que agrupa a empleados públicos, arremete en procura de quedarse con una porción nada desdeñable de tierra fiscal que –vale aclarar- ya viene siendo usurpada como playa de estacionamiento bajo el manejo de UPCN. El amplio predio –hoy ocupado por el añejo solar de la Biblioteca Provincial con frente a la avenida Alameda de la Federación y salida a calle Garay 277- tiene una superficie cercana a los 4.000 metros cuadrados y, es útil advertir, uno de sus laterales se toca con los fondos de la sede central del gremio –al que se le añadió una propiedad privada adyacente recientemente adquirida y remodelada- sobre la calle Santa Fe y a metros del Centro Cívico.

La historia da cuenta de que el gobierno provincial le donó a la Cámara de Senadores en 2006 el predio en cuestión, para erigir el edificio propio donde funcionen ambas cámaras legislativas. Restaría saber si la gran casona que ocupa la Biblioteca no integra la lista del patrimonio arquitectónico protegido o si se habilitaría su reemplazo como parte integrante del futuro complejo.

Muchos interrogantes podrían hacerse frente a esta pretensión de alguien que aún no ha resuelto sus problemas con la justicia provincial por diversas causas y pretende usufructuar su condición de sempiterno ocupante de una banca, como si ello concediera alguna prebenda. Y de nada valdría que esa persona se abstenga al momento de una eventual votación, porque en el fondo se estaría igualmente violentando la legislación referida al delito de peculado.

Si esta norma indica que no procede que se cedan bienes del Estado en tanto no estén destinados para el bien común, mal se podría pasar a propiedad de un sindicato el inmueble del que se trata. Se cita como posible privilegiada receptora de decisiones muy cuestionables, no una entidad benéfica con loables servicios al alcance de toda la sociedad, sino una corporación acotada al ámbito de sus afiliados. En tal caso se justificaría el interés de valiosas entidades en virtud del principio de igualdad y altos merecimientos.

Que se sepa, el hecho de defender sindicalmente los genuinos intereses de los servidores del Estado, no concede ventaja alguna por encima de otras entidades de reconocida vocación de servicio.

Según el sitio ANALIS Digital (que recoge un informe de Página Judicial) los argumentos empleados por Allende –que ameritarían un espacio en la tira de Ripley-, en apoyo de su programada ampliación, se basarían en que la capacidad de las actuales instalaciones se ha visto “totalmente superada por la demanda y el éxito de sus actividades tanto culturales como educativas”. De allí surgió la idea de avanzar sobre el pedido que entrañaría un precedente peligroso y originaría previsibles planteos judiciales. Quizás se ignora que estos fundamentos también podrían servirles a numerosas instituciones.

El cometido de los gremios bien conducidos es muy trascendente y ello está libre de toda discusión. Pero particularmente en el caso de la Biblioteca Provincial resultaría un verdadero atropello desalojarla de su actual casona. Allí existe una cantidad incontable de libros (incluye colecciones donadas por descendientes de grandes escritores como una exquisita herencia), cuyo carácter plural, vastedad temática y géneros literarios para toda la comunidad y niveles educativos, sirven al enriquecimiento y a la investigación. La mente y el espíritu se unen al trasponer los umbrales de una biblioteca que es orgullo de los entrerrianos.

A fines de 2016, un proyecto que amenazaba a la biblioteca produjo como respuesta un espontáneo abrazo de adhesión, con exposiciones contundentes y repudio de entidades e instituciones que llevaron a las autoridades a destacar que este centro de cultura y educación no corría peligro. La nueva arremetida no deja de preocupar y ello seguramente movilizará a distintos sectores comprometidos con una institución de tanto valor y prestigio.

Se trata –como definiera un hombre de las letras, Enrique Suárez- de “un gran reservorio de la literatura entrerriana”. Descendientes de escritores, poetas e investigadores, como asimismo personas que en vida optaron por enriquecer a tan ilustre fuente del saber cuyo patrimonio alcanza unos 150.000 volúmenes, le otorgan sobrada autoridad y prestigio que trascienden la provincia.

No basta que se diga que la Biblioteca Provincial seguirá existiendo. Debe asegurarse que lo haga donde hoy está. La eventual construcción de una Legislatura que cuente con todas las exigencias nada menos que de un sagrado poder del republicanismo, puede realizarse en el amplio terreno para el cual fue transferido y compartir espacio con un faro iluminador, que no puede ser víctima de las pretensiones ilusorias de organización alguna. El “aroma” a biblioteca debe continuar alimentando el ámbito en donde hoy se encuentra.

Un comunicado desde la Casa Gris contribuiría a brindar tranquilidad. Hasta el momento de cerrar esta columna, ningún vocero autorizado del gremio ha efectuado comentario alguno. Si se confirmase el atropello en ciernes, tendría asegurado un lugar en el Museo de Ripley. Aunque usted no lo crea.

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