Érase una vez en El Calafate

La tradicional “coima” reinó en todos los estamentos del gobierno que ejerció el poder entre 2003 y 2015 y hoy muchos de sus beneficiados desfilan hacia las cárceles con escala en Comodoro Py, shockeados por el golpe asestado por un simple cuaderno. Un chofer curioso, sagaz y paciente, birome en mano, destruyó la red de corrupción más grande de que se tenga memoria en nuestra historia política. Las concentraciones que se realizaron el 21 de agosto en todo el país, amén de su magnitud sobresalieron por el contenido de sus consignas, con una mirada que no enfiló hacia la Casa Rosada sino que se posó en el Congreso. El disparador fue la reticencia en las bancas a autorizar allanamientos en propiedades de Cristina Fernández. Finalmente imperó la racionalidad.

Luis María Serroels
(Especial para INFONER)

 

El deficitario rigor en los controles (o la complicidad) permitió que delincuentes de guante blanco se apoderen de la friolera de 36.000 millones de dólares (torta gigante donde mordieron muchas dentaduras). No existe ya posibilidad alguna de desligar al matrimonio Kirchner como mentor y ejecutor de tamaño latrocinio, llenando bóvedas con colosales sumas de recursos que se le quitaban a las arcas estatales. Los socios arrepentidos eximen de hurgar demasiado.

Esta debacle provocó bifurcaciones no menos complicadas que, en otros ámbitos, expusieron un modelo de cartelización alimentado por el miedo a la delación mutua, justo cuando la líder del Frente para la Victoria (hoy devenido en Unidad Ciudadana) se señala como la jefa y beneficiaria principal del robo en banda más vergonzoso que se recuerde.

En octubre 1945 el entonces coronel Juan Perón generó un fenómeno en las masas populares registrado por la historia como una verdadera gesta. Arturo Jauretche (1901-1974) definió ese día como “el subsuelo de la paria sublevada, era el cimiento básico de la Nación que asomaba como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación”.
¿Qué pasa hoy con quienes se dicen herederos y custodios de aquella ideología fundacional, mientras dejan escapar sus banderas por la puerta de atrás? ¿Qué opina el Consejo Nacional sobre este fraude inédito? Alguien que llegó a decir que “para el mausoleo de ese viejo de mierda (SIC) no pongo un solo peso”, enamoró a muchos que hoy ocultan sus preferencias. Resistir tenazmente la orden judicial de allanamiento –procedimiento que alcanza a cualquier ciudadano y no implica imputación premeditada- involucra a una ex mandataria que, habiendo gobernado con un ojo en la Casa Rosada y otro en sus bóvedas nutridas con bolsos de plata sucia, se refugió en su banca para cuestionar la tarea de los jueces.

Hay quienes todavía hablan de una operación anti K de corte persecutorio, mientras Comodoro Py se va llenando de arrepentidos de todo pelaje que abruman con detalles de sus fechorías asociados con el poder político.

Hay quienes que -cuando conviene- condenan las malas artes y la angurria que llevan al robo serial, pero llegado el momento optan en el Senado por atacar al gobierno actual y reivindicar la gestión K como peregrino alegato para evitar la acción judicial. El tema de los fueros salvadores es otra cuestión que despierta disgustos en la sociedad.

Negar el desafuero es funcional a la impunidad en tanto se habla de delitos cometidos fuera de la actual función parlamentaria de CFK en el Senado.

Descalificar hoy los ya célebres “cuadernos de Centeno” es estéril porque son los dichos de los declarantes los que reafirman su veracidad y le añaden picantes condimentos. Por si algo faltase, los relatos de un revoleador de bolsos con millones de dólares de origen delictuoso frente a un convento resultan aniquiladores. Ello se agrava en tanto se alienta por una vendetta contra quienes lo dejaron solo.

Toda licitación lanzada por el gobierno debe respetar claras exigencias, pero los carteles que se turnan arreglando sobreprecios o limitando la competencia (eso se llama colusión) para compartir con quien licita, es el núcleo de la corrupción que le abre puertas a jugosos retornos. Hasta se utilizaron aeronaves de la flota presidencial para trasladar bolsos con dólares hacia el “interior profundo”, como le gusta mencionar a Cristina.

En términos políticos ¿con qué preceptos reparadores y protagonistas aptos para la próxima contienda electoral se nutrirán las boletas? No sería serio apelar a la estrategia de apostar a los errores del macrismo (que los hay) como generador de méritos propios. En el arco político nacional ¿quién puede hoy arrojar la primera piedra?

El núcleo rígido de cierto periodismo avieso y especulador se pregunta si a Mauricio Macri le convendría o no que Cristina Fernández vaya presa. Íntimamente saben que este interrogante agravia al estado de derecho. Una condena firme por graves delitos –si se comprobasen- le convendría a la democracia, al imperio de la Constitución y sus preceptos. En definitiva, a la preservación de las instituciones y al futuro del país.

El burdo argumento se los senadores de apelar a la gestión de la ex mandataria como argumento exculpatorio, resultó pueril en tanto se trataba de permitir el ingreso a sus propiedades como ocurre con cualquier ciudadano argentino bajo orden judicial. Afirmar que ello atenta contra la intimidad es hilarante, porque es una herramienta legal para buscar elementos que pueden resultar útiles para una investigación. Quienes se saben inocentes, abren puertas y ventanas.

La senadora Kirchner confundió su exposición del pasado miércoles con una de sus interminables apariciones por cadena nacional con tinte de defensa de su administración. Algo ridículo en tanto se le están imputando presuntos delitos cuya defensa no se logra exhibiendo un balance de gestión. Fue una grosera victimización sin una pizca de autocrítica.

Si CFK descree de que los arrepentidos estén diciendo la verdad, ¿se está en presencia de masoquistas inconscientes que se auto incriminan para terminar en una cárcel?

Los retruques de Miguel Pichetto con una mezcla de ironía y amonestación, más la postura final de otros integrantes de su propio bloque, cambiaron el clima de la cámara alta. La votación resultó 66 a 0 favorable a los allanamientos. No es difícil imaginar el ánimo de los arrepentidos a la hora de ampliar sus declaraciones, frente al intento cristinista por desentenderse de los hechos investigados. Las acusaciones cruzadas impregnadas de odio y represalias, terminan siendo un arma de doble filo.

El ex gobernador kirchnerista entrerriano, Sergio Urribarri, acaba de decir que “jamás nos arrepentiremos de las responsabilidades que asumimos”. El problema es que no se hace cargo de las irresponsabilidades que se le investigan en ámbitos judiciales.

Resulta apropiado recordar a Dante Alighieri cuando dijo: “La avaricia es de naturaleza tan ruín y perversa que nunca consigue calmar su afán: después de comer tiene más hambre”.

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