Escribir, una forma de rezar…

Por Marta Ledri – Prof. en Letras

 

En el bolso han quedado sus anteojos y la campera. Le ha dado un beso y ella le ha hecho la señal de la cruz en su frente arrugada. La puerta de Hemodinamia se cierra tras él. Adentro está solo con sus 86 años. Ha entrado con un jogging que jamás había usado y que la practicidad para radiarlo lo obligaron a vestir. ¡Él: hombre de camisa, corbata y zapatos se siente disfrazado, casi humillado!

A 300 km está su casa, su esposa anciana y sus ganas de vivir, a pesar de todo, a pesar de tanto…
Antes de ser llamado esperó pacientemente, sufriendo en sus carnes magras las incómodas tablas de una banquilla y el frío húmedo de una ventanilla abierta al sur.

La voz hizo eco en el pasillo… Era el momento. Con sus piernas entumecidas, apoyándose en su hija, vencido por el mal, fue hacia el enfermero que con una mano sostenía la puerta del quirófano.

En tanto, los infinitos pasillos que tejen un laberinto de dolor son transitados por sillas de ruedas, pacientes amputados, vendados, y el característico sonido de las cuatro ruedas de las camillas que anuncian la salida de algún intervenido.

Afuera, parientes y acompañantes, intentan ignorar el tiempo, hacer como si no pasara. Pero es inevitable. Miran constantemente el reloj; otros comentan sobre la lluvia que no ha cesado de caer con persistencia, casi con compasión. Nadie se conoce, pero las miradas se encuentran y entienden que todos están alertas, tensos. Las cuentas de un rosario van pasando por una mano. Las agujas del tiempo esférico giran también, los celulares nos envuelven en sus sonidos, todos distintos, todos desacompasados.

Junto al doliente, enfermo o paciente o “padeciente”- si nos ajustamos a su raíz latina- está el equipo médico. Aquellos que alguna vez eligieron salvar, curar, aliviar, que es una forma de amar.

Un triángulo de tensión se forma entre el afuera y el adentro: en el exterior,casi pegados a la puerta: los que esperan, ignoran y rezan; en el interior: dos vidas, una entregada a la otra. El dolor, la ciencia, Dios triangulan también.

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