Estudiantes de un instituto de formación docente de Gualeguaychú denunciaron a un profesor.Por El Día

Se trata del Instituto María Inés Elizalde. Hasta el momento, fueron dos las presentaciones que se realizaron en los Tribunales para denunciar al docente que, a principios de semana, había sido escrachado por “amenazar” y “acosar” en los pasillos y en las aulas de la institución.

En la actualidad, las redes sociales son el vehículo más rápido y efectivo para comunicar una idea, una noticia y, por qué no, una realidad que no encuentra eco en los canales tradicionales de comunicación.

El pasado martes 27 de noviembre, cerca de las 18, aparecieron algunas fotocopias pegadas en la puerta y en el interior del Instituto de Formación Docente María Inés Elizalde, que funciona en el histórico edificio de la ENOVA.

Las imágenes del rostro de un profesor de la institución acusado de “amenazar” a alumnos y “acosar” a los mismos, tardaron sólo algunos minutos en viralizarse, sobre todo dentro de la comunidad educativa y, más precisamente, entre los jóvenes que estudian allí.

Pero, en este caso, los carteles fueron apenas las manos que destaparon una olla repleta de acusaciones, malos tratos, denuncias y amenazas, y pusieron la lupa sobre las falencias que tiene el sistema educativo a la hora de resolver conflictos internos que, si no se les da el curso correspondiente, pueden llegar a ser de gravedad.

A las imágenes del profesor “escrachado” le siguieron, en Facebook y en Instagram sobre todo, decenas de comentarios e historias de estudiantes que no sólo se parecían mucho entre sí, sino que también tenían como protagonista al docente denunciado.

Por razones estrictamente legales, esta nota se reduce a parte del contenido de las denuncias hechas en la Justicia, sin considerar los testimonios que durante la semana fueron inundando las redes sociales. Tampoco se va a dar el nombre de las personas denunciantes ni del profesor señalado. Hay una investigación abierta y en los próximos días otros alumnos llegarán a la Fiscalía para realizar sus propias denuncias.

“Al igual que mis compañeras, me siento intimidada por su accionar”, expresó una de las personas denunciantes que ya tuvo inconvenientes con el profesor y, lejos de tener respuestas de los directivos, el reclamo a las autoridades les generó el reproche del denunciado y consecuencias en el plano académico. En el mismo relato, dice “tener miedo” y habla de un episodio anterior con otro alumno de la institución que también habría llegado a la Justicia.

Por otro lado, son muchos los estudiantes que se quejaron por la inacción del Instituto María Inés Elizalde ante sus reclamos. Y, como quedó documentado en una de laas denuncias presentadas, apuntan a los repetidos casos de abuso de autoridad en los que el docente habría incurrido sin tener sanciones por parte de la institución.

La segunda denuncia también habla de “insultos” y de repetidas amenaza de juicios. Casi idénticamente a los relatos de decenas de alumnos expresados en conversaciones de WhatsApp y, más abiertamente, en redes sociales. Material que ya es parte de la causa.

Más allá de las presentaciones en Fiscalía, la exposición pública de este conflicto convoca a las autoridades del María Inés Elizalde, pero también a la Dirección Departamental de Escuelas y al Concejo General de Educación –todos al tanto de lo que está pasando– a que le den al tema el valor que corresponde,  antes de lamentar males mayores.

Las situaciones violentas y de abuso de autoridad deberían ser resultas de manera interna por la institución educativa. Pero, ante la falta de respuestas, deberá ser la Justicia la que conceda las respuestas necesarias a un número importante de estudiantes que sólo quieren “seguir estudiando en paz”.

El escrache 

El pasado martes aparecieron algunas fotocopias pegadas en la puerta y en el interior del Instituto de Formación Docente María Inés Elizalde con las imágenes del rostro del profesor de la institución acusado de “amenazar” a alumnos y “acosar” a los mismos.

Fuente de texto y fotografía: El Día de Gualeguaychú.

 

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