«Fue tremendo y fue un desastre», el balance de una ricotera que fue a Olavarría

«Fue un desastre todo», con esa frase resumió Anahí, una entrerriana de 32 años, su experiencia en el recital del Indio Solari en Olavarría.

Por Sabina Melchiori

 

Anahí es de Gualeguaychú, pero al igual que hacen tantos otros entrerrianos al finalizar el colegio secundario, a los 18 se fue a estudiar a Capital Federal. A los pocos años se recibió, consiguió trabajo y se quedó allá.

Este sábado se levantó tempranísimo para ir a Olavarría. Eran las 5 y media de la mañana cuando la combi en la que salió junto a un grupo de compañeras, se alejaba de la ciudad para recorrer los 354 kilómetros de distancia hacia el destino. «Llegamos a las 3 y media de la tarde, estaba todo colapsado y tuvimos que bajarnos en las afueras», recordó. Buscaron un lugar donde comer y antes de las 8 de la noche empezaron a  caminar hacia el predio donde se realizaría el recital, creían estar a unas 20 cuadras, sin embargo, caminaron 10 kilómetros:  «Pude entrar a las 10 cuando estaba empezando el primer tema».

La voz del relato suena cansada, agobiada. Anahí hace pausas, inspira y sigue con el mismo tono cansino de quien ha pasado por mucho en poco tiempo: «No vi policías ni gente de Defensa Civil, para llegar al recital pasamos por calles oscuras y no estaba nada señalizado, no me cachearon, hubo gente que entró tomando alcohol y otros vendían adentro cuando no se debería; si entrabas con un cuchillo estaba todo bien porque nadie cacheaba. Estuve sola casi todo el tiempo y donde me quedé estaba todo bastante tranquilo, el Indio paró el recital tres veces cuando empezaron las avalanchas».

Anahí no se enteró de las muertes ni de los heridos sino hasta las 4 de la mañana cuando, después de caminar durante tres horas, logró encontrar a la combi que la había llevado. «Ahí me enteré de los muertos, primero me dijeron que eran diez y me puse como loca, llamé a mi hermana con la poca batería que me quedaba y me daba el celular apagado».

La desesperación y la necesidad de saber si los amigos y familiares que habían ido estaban bien, vencieron al cansancio. Recién bajó la guardia cuando pudo contactarse con todos. Entonces emprendieron el largo y triste regreso.

Anahí escucha a Los Redondos desde los 17 años. Le gusta que las letras tengan un sentido y sean contestatarias. Dice que lo que se genera en lo que se conoce como «la misa» (estar todos juntos escuchando la misma música, comer asados), lo trasciende y tiene que ver con una cultura propia. Este era el cuarto recital al que iba. El primero fue el de 2011 en Tandil; después lo vio en su ciudad, Gualeguaychú, hace dos años; el año pasado viajó nuevamente a Tandil y este sábado a Olavarría.

«No creo que vuelva a tocar, yo, igual, no voy más», finalizó.

 

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