Grieta: de gauchos, de guachos, de Wuachi

Agrietados desde el nacimiento de la patria. La piel cuarteada de nuestra identidad se refleja en las primeras manifestaciones literarias con rasgos propios. A veces la ficción puede volverse documento.

 

Por Marta Ledri. Escritora

Es durante el primer romanticismo que el tópico Civilización y Barbarie se entroniza como lugar común de los cultos escritores. La Civitas no es otra cosa que la sociedad reglada por normas, el cosmos frente a la barbarie, el caos. Dos espacios y en el medio, la grieta. De un lado una cara que mira hacia el puerto, del otro, los ojos vueltos hacia la llanura o tierra de nadie. ¿De nadie? ¿O de los que no son como los que se han agrupado en poblaciones y han trazado calles? La herida en el cuerpo de la patria fue al principio la Iínea de fortines, el mangrullo, luego el alambrado y por último una gran zanja. Más allá la inmensidad, donde no se ve un punto para fijar la vista. La turba errante arremete. Degüella, roba mujeres, niños, caballos. Desde la empalizada: la pólvora. Lanzas, boleadoras frente al fusil.

De la pugna por el poder nace el gaucho. Una raza, un mestizo con naturaleza agónica. Un ser trágico que prefiere la soledad porque no pertenece a ninguno de los dos bandos. Un sentimiento de destierro que lo volverá melancólico, amante del cantar monótono y del movimiento sin rumbo sobre el caballo. En su sangre se revuelven dos corrientes irreconciliables: el orden y el desorden. ¿Cómo puede sintetizar espiritualmente esta antinomia? Desapareciendo. Tal vez por eso al final de la segunda parte del Poema Martín Fierro los cuatro reencontrados se separan y cambian sus nombres. Nomen est omen : el nombre es el destino. La fatalidad de no ser…

“Después a los cuatro vientos
los cuatro se dirijieron.
Una promesa se hicieron
que todos debían cumplir,
mas no la puedo decir,
pues secreto prometieron.
Les alvierto solamente,
y esto a ninguno le asombre,
pues muchas veces el hombre
tiene que hacer de ese modo.
Convinieron entre todos
en mudar allí de nombre

Hernández, José, Martín Fierro, P. II. C. 33

Quizá por eso Don Segundo Sombra se esfuma antes de que la inmovilidad lo mate. El resero ha sido vencido por el estanciero. ¿Es ésa la síntesis ¿ Entonces por qué se desangra cuando el fantasma de su padrinose esfuma?
“Él estaba hecho para irse siempre. Y tres años de permanencia en un lugar lo habían saturado de inmovilidad. Un rato ignoré si veía o evocaba. Me dije, ahora va a bajar por el lado de la cañada. Recién cuando cruce el río lo veré asomar en el segundo repecho. Sombra, me repetí. Rezar, dejar sencillamente fluir mi tristeza. No se cuántas cosas se amontonaron en mi soledad. Eran cosas que un hombre jamás se confiesa. Centrando mi voluntad en la ejecución de los pequeños hechos, di vuelta mi caballo y lentamente me fui para las casas. Me fui como quien se desangra.” Güiraldes, Ricardo, Don Segundo Sombra.

Fabio representa el modelo agro-exportador. Enraizado en la materia primigenia de la patria cruza hacia el lado de los poderosos. Los ab- orígine (aborígenes) han quedado parcialmente en el gaucho y éste agobiado por un sistema expulsivo se convierte en peón, en paisano al servicio del patrón. La grieta sigue en sangre viva. El casco de la estancia y el galpón.

Andrés, protagonista de la novena de Eugenio Cambaceres no soporta el aire enrarecido y las ásperas sábanas del cuarto de la chinita Donata, quien le dará una hija: Andrea. No sobrevivirá a la divisoria. Fue engendrada por dominación. El rico pisotea al pobre. No le reconoce derechos. Andrea es también una mestiza de clases. Partida a la mitad, zanjeada, no tiene voz y muere con la garganta cerrada por el crup. ¿Es que no hay aire para la mixtura? ¿Quiénes son los dueños del aire?

Entonces me pregunto por ese “chico de rasgos aindiados” hijo tal vez de Recabarren, personaje focalizador de El fin, cuento de Jorge Luis Borges.¿ Habrá heredado la pulpería?, ¿la habrá convertido en una esquina rosada?, ¿habrá pactado con la ciudad?, ¿o se habrá convertido en un orillero? De su madre nada nos dice el narrador. Tantas preguntas quedan en el lector que se atreve a cruzar el espejo ficcional y ver del otro lado la realidad.

Chiquilín de Bachín, tango vanguardista de Horacio Ferrer nos muestra un destino similar en ese niño que vende rosas con una infancia hecha pedazos. Un retazo de los gauchos guachos en medio de la gran ciudad. Las luces que ponen al descubierto los harapos, la vergüenza.

 

“Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber
Y a su madre mira
yira que te yira
pero no la quiere ver”

La grieta es una marca de nacimiento cada vez más profunda. En una de las orillas los bordes parecieran anestesiados; del otro, las úlceras duelen, nos duelen.

Del lado del dolor sigue el hambre, la orfandad, el delito. Hoy la otredad los llama wuachiturros. 218 años de patria. Un cuerpo dividido que podría empezar a cerrar el tajo que lo anemiza.

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