Caso Gustavo Rivas: por qué; lo que necesitamos entender

Lo que la denuncia periodística de Daniel Enz, seguida de una incipiente investigación judicial están haciendo es decir alto, ya basta, hasta aquí llegó. Pero no confundamos: no es que “hasta aquí llegó el doctor”. No. Es que hasta aquí llegó la impunidad, hasta aquí llegó el sufrimiento de las víctimas, hasta aquí llegó el creer que se puede taladrar la vida y la conciencia de otros y nunca va a pasar nada.

Por Verónica Toller 

“Si no hay diques, siempre va a haber inundación”, dijo hace unos días el periodista Fernando Ruiz. “No tiene tanto sentido enfocarse en la inundación, sino en los diques”, completó. Lo que la denuncia periodística seguida de una incipiente investigación judicial están haciendo ahora es poner diques, decir alto, ya basta, hasta aquí llegó. Pero no confundamos: no es que “hasta aquí llegó el doctor”. No. Es que hasta aquí llegó la impunidad, hasta aquí llegó el sufrimiento de las víctimas, hasta aquí llegó el creer que se puede taladrar la vida y la conciencia de otros y nunca va a pasar nada.

También, hasta aquí llegamos como comunidad. Hubo que abrir los ojos de golpe. Unos, por pensar que sólo eran rumores. Otros, por creer que eran fiestas privadas y “no tengo por qué meterme”. Otros, por naturalizar, decirse a sí mismos que “muchos lo hacen, que cada cual mire sus propias acciones; en realidad, no obligaba a nadie…”. Leemos comentarios en muros o al pie de artículos de prensa, de todo tipo: perplejos, furiosos, justicieros, incrédulos, algunos que hasta aducen raras conspiraciones políticas, y otros –no pocos- despiadados hasta con las víctimas. La investigación y denuncia de Daniel Enz revolvió a la ciudad y aparecieron bandos, los unos y los otros, juicios, prejuicios, sospechas, “para qué hablar ahora”, “de qué sirve”, “¿buscan fama?”.
Tal vez, podamos todos juntos aplicar la zaranda y rescatar algunas pocas ideas necesarias, mientras dejamos que la Justicia haga su trabajo.

“Para qué sirve”

La verdad tiene un valor liberador por sí mismo. Intentar caminar por la vereda de la verdad sirve para encontrar serenidad, descargar el peso que nos atora en la mochila. Un secreto tan sórdido aplasta las ganas, los proyectos, crea mutismos, encierros hacia adentro de uno mismo, invierte incluso los roles: las víctimas se sienten victimarias. En particular, porque muchas víctimas de Gustavo Rivas no se reconocen como tales. Parte de la perversión de este caso consiste en haber logrado que las víctimas menores de entonces sintieran y sientan aún hoy, siendo hombres mayores, que “consintieron”, fueron “voluntariamente”, que Rivas “no les hizo nada sino que ellos hicieron a Rivas”, dada su condición de pasivo, y que, por ende, no fueron ni son víctimas. Sacar a la luz todo lo ocurrido ayuda a clarificar estos puntos.

Consentimiento

O voluntariedad de la víctima. No cuenta en el caso de menores. Y ese es el corazón de la corrupción y del abuso. Un menor no tiene aún ni el criterio formado ni la voluntad aceitada ni la lucidez para entender / asumir / aceptar / negar / oponerse a determinadas cosas. Por eso, la Ley no mira si los menores iban por su propia cuenta, o si fueron obligados con un arma, por ejemplo. Lo que sí cuenta es la voluntad, el consentimiento y las acciones del mayor, del adulto que llevó a los menores a tales acciones. Y es al adulto al que juzgará y sancionará.

Abuso sexual

Es una de las acusaciones que maneja la Fiscalía. Hay tres tipos de abuso:
Abuso simple – Manoseos, tocamientos en zonas íntimas. Con penas de 1 a 4 años.
Abuso gravemente deshonesto – Implica agravios como la felatio o sexo oral. Penas: de 4 a 10 años.
Abuso carnal – Penetración o introducción de objetos en zonas íntimas. Si la víctima es mayor, cuenta la violencia del acceso. Si es menor, no cuenta, como tampoco el consentimiento. Penas de 6 a 15 años de cárcel.
El art. 119 del Código Penal plantea una larga lista de opciones de abusos, algunas de las cuales han aparecido en este caso en los relatos de víctimas o testigos. El CP incluye aspectos como intimidación, relación de dependencia o situación de autoridad y poder, dos elementos esto que contarían a contra de Rivas, dada su posición de Presidente del Club Neptunia, profesor de algunas de sus víctimas, personalidad de la cultura, de la comisión de carrozas, etc. La legislación señala además cuestiones a considerar como la “vía anal, vaginal u oral o realizar otros actos análogos introduciendo objetos o partes del cuerpo por alguna de las dos primeras vías”; habla de “un grave daño en la salud física o mental de la víctima”. El actual art. 120 endurece las penas para “el que realizare algunas de las acciones previstas (…) con una persona menor de dieciséis años, aprovechándose de su inmadurez sexual, en razón de la mayoría de edad del autor, su relación de preeminencia respecto de la víctima, u otra circunstancia equivalente”.

“Promoción de la corrupción de menores”

Es otro delito de índole sexual, que implica exponer al menor a actividades, imágenes, ideas, situaciones para los que no está preparado ni ha madurado. Implica corromper el ánimo, el espíritu, la mente, los deseos de los menores. En este caso, se señala como corrupción, entre otros, el hecho de pasarles películas porno a menores, filmarlos o sacarles fotografías obscenas. El delito se llama “promoción de la corrupción” en virtud de que el art. 125 del CP habla de penas para quien “promoviere o facilitare la corrupción de menores de dieciocho años, aunque mediare el consentimiento”, más duras cuando “la víctima fuera menor de trece años”.
La corrupción hace muchas cosas, que no figuran en el código pero que quedan impresas como marcas de ganado en el alma de las víctimas. La corrupción hiere la mente, espanta la libertad interior, encadena el espíritu a hechos, deseos, sucesos que quitan para siempre la paz. Y la víctima corrompida pasa a prácticas o sentimientos que antes no conocía y que ahora lo han atrapado; la corrupción ensucia, embarra, lastima. Las víctimas de corrupción, así como las de abuso, lo dicen claramente: “ya nunca más volvimos a ser los mismos; se nos acabó la amistad entre nosotros, los del grupo; ya no podíamos hablarnos ni mirarnos como antes”. La corrupción enferma de un modo tal que la sanación puede llevar años y requiere de mucho espíritu, mucha luz sobre los hechos (que suele provenir de afuera, porque la víctima no puede lograrla por sí misma) y mucho sinceramiento.

“Promoción de la prostitución”

Ídem, el art. 125 bis del CP castiga a quien “promueva la prostitución de terceros, aunque mediare el consentimiento de la víctima”, más aún si son menores. Implica pagos por favores sexuales, del tipo que sean. En la presente investigación, aparecen testigos que hablan en tercera persona y señalan hechos donde Rivas habría organizado a eventuales “ayudantes” para que “inviten” a menores a concurrir a sus reuniones, con la promesa efectiva de pagos. Otros testigos mencionan haber presenciado el momento en que pagaba. Algunas de las víctimas habrían confirmado estos hechos.

Prescripción

El CP establece que, pasado cierto tiempo, los delitos dejan de ser perseguibles penalmente. Hay especificaciones distintas para distintos casos. En el de abusos sexuales y corrupción de menores, la ley cuenta el tiempo que le falta a la víctima para la mayoría de edad al momento de producirse el delito, más 12 años. Así, explicó el fiscal Beherán, en estos casos de abusos sexuales, para una víctima de 14 años, corren 4 más (que le faltan para cumplir 18) y otros 12. Actualmente, hay un proyecto para declararlos imprescriptibles.

Imprescriptibilidad de los abusos en este caso

El fiscal Lisandro Beherán explicó en conferencia de prensa que el criterio a aplicar por directivas del jefe de fiscales de la provincia, Procurador General Jorge García, es el de no prescripción ateniéndose a los convenios internacionales que Argentina ha suscripto en materia de DDHH y de derechos de la infancia. Este mismo criterio –que, para algunos constitucionalistas, es sumamente discutible- se aplica en la provincia en los casos de abusos cometidos por Justo Ilarraz y Marcelino Moya. “Por ende, vamos a imputar a Rivas por todos los delitos que denunciaron sus víctimas, aunque hayan pasado 40 años” aseguró Beherán.

“Delitos de instancia pública”

La fiscalía puede actuar de oficio y comenzar a investigar determinados delitos, como los de corrupción y promoción de la prostitución. Es lo que hizo el fiscal Beherán y su equipo en este caso.

“Delitos de instancia privada”

La denuncia de cierta clase de abusos es de instancia privada y sólo se pueden investigar y eventualmente imputar cuando la víctima denuncia y declara. Si las víctimas no hablan, estos abusos, por mucho que haya testigos que los mencionen, no serán juzgados. En el caso Rivas, los testigos señalan la existencia de delitos de instancia pública y otros de instancia privada. Depende ahora de los denunciantes que puedan ser investigados e imputados o no.

Concurso de delitos

La sumatoria de víctimas y delitos no significa, en la legislación argentina, sumatoria una a una de las penas. Nuestro CP pone un tope de 50 años al encarcelamiento, a diferencia de otros países, como España, donde la legislación permite sumar hasta miles de años de condena.

No todo es delito

Por más reprochables que puedan aparecer a los ojos de la sociedad algunas conductas, no son objeto de investigación penal ni de castigo. La ley pena sólo y exactamente aquellos “tipos” penales que el Código estipula.

Sístole y diástole

“Dimitri Karamazov no puede matar en mí a Samuel Pickwick, de la misma manera que Pickwick no podrá hacerme olvidar jamás la presencia apocalíptica de los Karamazov en nuestra vida y nuestra historia”, escribió Cortázar en sus Reencuentros con Samuel Pickwic. El dolor, la oscuridad de Dimitri Karamazov (Dostoievsky) no podría matar jamás en el alma de Cortázar al entusiasmo, la fe en la humanidad y la alegría ante la vida de aquel Pickwick de Dickens. Pero, a su vez, Pickwick no puede hacernos olvidar que existe Karamazov.
La violencia (no física, sino de la otra), la corrupción, no pueden matar el alma, por mucho que lo intenten, ni la posibilidad de recomenzar. Pero la luz del espíritu cuando lucha por quitarse el barro de encima, no debe hacernos olvidar la oscuridad.
A toda diástole le corresponde su sístole, y es así como el corazón puede seguir vivo. A todo flujo, la marea del reflujo. A toda noche le sigue el día. La luz está comenzando a aparecer.

 

 

 

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