HACIA UNA TERCERA OPCIÓN CONVINCENTE

En la Argentina la política siempre ha sido un juego de dilemas, mentiras, torpezas, pruebas de ensayo y error, demagogia y cuotas de una corrupción que nace contando de antemano con una gran dosis de impunidad. Mientras tanto, el ex Cardenal Primado otrora durísimo contra el kirchnerismo, hoy, ya como Papa Francisco, se dedica a recibir con abrazo fraternal a saqueadores del Estado (ergo, de todos los argentinos). El Pontífice, que atrae a mensajeros del cristinismo y besa en la frente a una usurpadora que se quedó con los “sueños compartidos” de muchos para convertirlos en un gran sueño personal, no logra la suficiente voluntad para visitar su patria católica. Como si hubiese un cordón con barreras sanitarias. Paralelamente, se advierte que nuestro país está cada vez más poblado por economistas: los que saben mucho, los que saben algo y los que no saben nada. Los liga cierta sapiencia construida sobre arena. Revisemos en medio de qué marco votarán los argentinos.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

Mauricio Macri le erró en sus pronósticos iniciales al pensar que preservándola a Cristina Fernández como eventual candidata para 2019 contaría con una adversaria debilitada por los cuatro costados y por ende fácil de vencer. ¿Cómo se entiende que no haya considerado la posibilidad de que CFK a esa contienda pudiera llegar privada de su libertad merced a las graves causas abiertas? ¿O algo presumía sobre la pereza tribunalicia “sin querer queriendo”?

¿Acaso el PRO movió hilos invisibles en esferas judiciales para que una eventual condena no lo prive de una contendiente muy accesible para derrotar?

 

Hoy la realidad exhibe que la pésima gestión kirchnerista y la poca enorgullecedora performance de la economía macrista le van abriendo cauce a la búsqueda de una tercera opción marcadamente equidistante de sendos gobiernos.

Macri, apenas asumido, no pudo, no supo o no quiso mostrarle al país detalladamente los puntos más críticos de la gestión del Frente para la Victoria (que de algún modo favorecieron el triunfo de Cambiemos). Hoy tampoco se atreve a desmenuzar los fenómenos en lo político, económico y social que hubiesen aparecido bajo un eventual gobierno conducido por Daniel Scioli. El ex motonauta, tozudo al fin, acaba de insistir ¿o amenazar? con presentarse otra vez y confrontar “con quien sea” (cree que la política es tan simple como el futsal).

Los mensajes de Nicolás Dujovne siempre fueron certeros al definir los cuadros de situación, pero le faltó la humildad y la sinceridad con que hoy se confiesa ante la ciudadanía. Quizá le sobró temor para detallar qué mecanismos se emplearían para superar la crisis, sobre todo de confianza. Lo que hoy sucede jamás podría ser aprobado en las próximas elecciones si no surge una vuelta de timón reparadora. Y buenas explicaciones.

Claro que si en el Plan X sigue figurando liberar a Cristina de todas las causas, la situación actual no difiere mucho en cuanto a la desidia de ciertos juzgados (el suicidio del ex presidente peruano Alan García, acorralado por la justicia y frente a una inexorable detención y cárcel, no es un recurso que pueda ser imitado en nuestro país donde el delito serial llega casi a ser considerado un mérito). Es sabido que Odebrecht no es ajeno a maniobras ilícitas en Argentina. La empresa brasileña reconoció haber pagado coimas por U$S 35 millones a funcionarios argentinos.

Si el falseador crónico y ocultador profesional de datos del Indec, Guillermo Moreno, se da el lujo de criticar el plan del gobierno sobre acuerdo de precios y tarifas hasta fin de año, es porque algún mérito, por estrecho que sea, debe advertirle. Cuando se alteraban las mediciones y se despedían técnicos del organismo por ser honestos, todos los reacomodamientos financieros y cálculos sobre consumo quedaban a contramano de la realidad. Y los subsidios a las tarifas con recursos provenientes de las reservas del Banco Central vía Banco Nación, hacían creer que se estaba en un mundo maravilloso cuando todo era ficticio.

Era previsible que al tener que ajustar cuentas públicas, ese castillo de naipes se vendría abajo inexorablemente.

Mientras tanto el financista Cristóbal López desviaba fortunas del impuesto a los combustibles retenidos por sus estaciones de servicio con destino a la AFIP.
Tan colosal ha sido la estafa que esa deuda –sin incluir los intereses- trepó a los 8.000 millones de pesos que el empresario K destinó a adquirir nuevas empresas. El Estado –todos los argentinos- le financiamos el abultamiento de su patrimonio.

Todo apostaba a la continuidad del Frente para la Victoria que significaría proseguir al frente del organismo recaudador la misma persona que le condonaría parcialmente las deudas. La derrota electoral hizo caer todos los platos al suelo y tanto López como su benefactor personaje están hoy imputados (el primero ya tuvo un paso transitorio por la cárcel a cuenta de mayor cantidad). Como también en la cárcel se halla hoy Amado Boudou, el falso “peronista” que se iniciara en la UCeDé de la familia Alsogaray y de Sergio Massa.

En nuestro país está comprobado que muchos políticos que se van, suelen reaparecer tuneados como los automóviles.

Cuando el entonces Procurador General de la Nación –ya fallecido- Esteban Righi, le pisaba los talones a Boudou, Cristina Fernández lo destituyó reemplazándolo por Alejandra Gils Carbó, una obediente cumplidora de los pedidos de la Casa Rosada. Una postal propia de una republiqueta bananera.

En nuestro país hay un político todo terreno que desempeñó innumerable cantidad de cargos de la más variada jerarquía en diferentes gobiernos (con distintos signos ideológicos) que se llama Alberto Fernández y a quien el periodista Martín Hermida destroza en un extenso análisis.

Frente al plan Macri-Dujovne, se comprobó que horas antes no pocos remarcaron groseramente los precios para cubrirse. Digámoslo con claridad: en Argentina hay no pocos empresarios que comen santos y defecan diablos. El gobierno amenazó con aplicar multas de hasta $ 200 millones, pero ello no le da seguridades a nadie de cómo se comportará el mercado cumplido el término de vigencia y ya con los comicios realizados.

No se puede soslayar la actitud de muchos sindicalistas muy afectos a las amenazas de paros salvajes, pero cuando trasciende que la Afip investigaría a fondo el origen de sus patrimonios, entran en pánico preventivo.

Frente a esta situación de gente que no tiene la cola limpia ¿cómo se juega una tercera opción que sepa transitar el sinuoso camino hacia la Cada Rosada, cuando el tamiz ciudadano se aplique sin piedad? ¿Qué estrategia aplicarán los denominados “aparatos? Y ahora, en que ser un famoso de la farándula o el deporte pareciera conceder capacidad para gobernar, esgrimiendo la fama como certificado de idoneidad, Dios nos salve.

Días pasados quien fuera Contador de la familia Kirchner, Víctor Manzanares (hoy detenido), reveló que el ex secretario privado de Néstor, Daniel Muñoz, ante una pregunta le respondió que “aquí nadie roba nada, es la comisión que se le cobra a la patria por hacer las cosas bien”.

Desde algún lugar donde estén, los grandes prohombres de nuestra historia, que lo dieron todo sin pedir nada (Belgrano rechazó un pago por servicios patrióticos prestados a la nación, destinándolo a levantar esuelas) deben sentir una profunda mezcla de tristeza y vergüenza.

Entre quienes supuestamente hicieron las cosas tan bien que se ganaron una “justa comisión” según Muñoz, recibiendo millones de dólares en bolsones que arribaban en el avión oficial y otras aeronaves a las arcas de El Calafate (por los patrióticos servicios brindados) se encuentra Cristina Fernández, dos veces presidente y ahora convertida en clave de los comicios venideros gracias a la benevolencia judicial y el amateurismo político de algunos sectores.

Se habla cada vez más de una tercera opción cuya conformación demandará largas y febriles negociaciones. Nos recuerda a aquel Acuerdo Nacional propuesto por el presidente de facto, general Alejandro Agustín Lanusse, pero a condición de que él fuese la cabeza de una eventual fórmula. Todos querían ser cacique, ninguno indio raso…

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