Iglesia: alarmantes despreocupaciones

Hace exactamente 8 años publicábamos en un sitio paranaense un comentario a propósito del arribo a la Curia del flamante arzobispo Juan Alberto Puíggari. En esa ocasión intentamos, con la mayor honestidad intelectual posible, dar una visión sobre situaciones que encendían una luz de alarma dentro del clero y que no resistían demora alguna. Jorge Bergoglio, por ese entonces, muy lejos estaba de imaginar que tres años después llegaría a sentarse en el Trono de San Pedro como el primer pontífice procedente de un país no europeo. La encrucijada que hoy enfrenta el Vaticano es innegable, poniendo a prueba la capacidad para enderezar el rumbo y recuperar el terreno perdido. La merma de fieles que asisten a los templos, sin solución de continuidad, traduce un problema de inusitada complejidad. La celebración de esta semana invita la reflexión…

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

Los casos de pedofilia comenzaron a ventilarse porque, como escribiera Winston Churchill, “la verdad es incontrovertible; la malicia puede atacarle; la ignorancia puede burlarse de ella; pero al final la verdad está ahí”. El precio que se paga por la admisión tardía de hechos ciertos resulta muy alto. No hay que perder de vista que si todo cuanto acontezca en la Santa Sede es producto al fin de la conducta de seres humanos, falibles y proclives a las tentaciones mundanas, aquello que viole los códigos de la justicia terrenal nunca le puede ser grato a Dios. De allí que es doblemente preocupante para la grey en tanto siente que ciertos desvíos, cuando más disimulados se quieren mantener, más debilitan la fe.

Recordemos –porque es oportuno-, que cuando Jorge Bergoglio se desempañaba como Cardenal Primado, sus sermones dominicales en la Catedral de Buenos Aires generaron una especie de homiliofobia en no pocos políticos. Sus exposiciones –nada regalonas por cierto para con la clase política-, provocaron la ira de muchos que, incluso, dejaron de participar de los Tedeum tradicionales en nuestras fiestas patrias.

 

Néstor Kirchner llegó a identificar a Bergoglio como un exponente de la oposición.

 

Estas cosas merecen ser analizadas a la luz de la realidad actual y en especial durante los días tan caros al cristianismo en rememoración de la Semana Santa.

El acontecimiento ocurrido hace más de dos milenios, no puede considerarse una simple efemérides de forzada evocación. Se trata nada menos que de traer a la cotidianidad las grandes verdades evangélicas pero no sólo para agradecerlas sino para practicarlas. Por ello es menester advertir el peligroso sesgo que va tomando cierto sector del clero y que se traduce en la merma de creyentes en los oficios.

Existe un fenómeno imposible de ignorar respecto del alto promedio de edad de los fieles que concurren a las misas. Los jóvenes y los niños han abandonado sus prácticas religiosas. ¿Quién los expulsó? ¿Quién los secuestró? Una mayoría de niños no hacen su primera comunión sino la única, hecho advertido por su progresivo éxodo.

 

Celebración de la Primera Comunión en una parroquia de La Rioja

 

El documento final de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla de los Angeles (México) en enero de 1979, hay un párrafo especial referido a la opción preferencial por los jóvenes. Remarca –entre otros conceptos- que “La juventud no es sólo un grupo de personas de edad cronológica. Es también una actitud ante la vida, en una etapa no definitiva sino transitiva. Tiene rasgos muy característicos”.

 

 

Como recurso para esclarecer la realidad, nos aferramos a un asunto de la vida real. Por ejemplo, cuando una fuerza armada o repartición vial carece de presupuesto para reemplazar cualquier material obsoleto, explica que tratarán de ajustarse a un mero mantenimiento.

En las homilías se enfatiza el mensaje a quienes llegan al templo ya convencidos, como una suerte de mantenimiento de la fe, cuando más falta hace entusiasmar y atraer a los indecisos que están afuera para incorporarlos a la gran familia del Señor.

La duración de las homilías sugeridas por el Papa Francisco (no más de ocho minutos ni menos de cinco en un tiempo de la misa no superior a los cuarenta minutos) no es tenida en cuenta.

Esta retirada de gran parte de la juventud y la niñez conduce a que la Santa Iglesia termine siendo Católica, Apostólica y Geriátrica.

Pero no oscurece en absoluto la labor de los clérigos –una gran mayoría-que viven a Jesús y al magisterio de la Iglesia con alma y vida y sin descanso.

El pésimo manejo que hizo la iglesia paranaense del caso del cura pedófilo Justo José Ilarraz, le generó un daño poco menos que irreparable a la feligresía capitalina y a todo el clero en general, con una previsible resonancia nacional.

 

Ilarraz fue condenado a 25 años de prisión efectiva por abuso y corrupción de niños y adolescentes.

 

Nadie ignora que las bases de una recuperación por dentro y hacia fuera no debe soslayar ciertos interrogantes. ¿Todos los pastores poseen el suficiente conocimiento sobre la realidad social fuera de la parroquia? ¿Bastan los elementos recogidos en esa suerte de encuesta irrefutable que es cada acto de confesión? La pureza doctrinal no supone tener que elevarse del piso como un aliscafo del agua, sino posar fuertemente las plantas sobre él.

La declinación de asistentes a la misa dominical –aunque el 90 por ciento de los argentinos dice creer en Dios- es una cuestión que debe ponerse a la cabeza de las preocupaciones. El fenómeno va más allá de la deserción de fieles, sino que alcanza a la falta de compromiso con los valores cristianos en las nuevas generaciones.

 

 

Un tema que ha adquirido condición de habitualidad es que cuando se acercan las contiendas eleccionarias, los candidatos acuden a saludar al arzobispo circunstancial en busca de una bendición que fortalezca su posicionamiento. A muchos de ellos la jerarquía les tiene muy bien contadas las costillas.
Claro que paralelamente las instituciones eclesiales siempre han tenido la mejor predisposición en el terreno de la caridad. Hablamos de las entidades comprometidas con la Doctrina Social de la Iglesia en los lugares más críticos, inhóspitos y riesgosos. Las mujeres consagradas que agotan sus fuerzas en el servicio apostólico y la generosidad, merecen respeto y gratitud. También los sacerdotes que asumen su ejercicio con plenitud y sin desfallecer en todo el mundo.

Asilos, colegios, hospitales, comedores comunitarios y centros de ayuda material por miles en cualquier lugar donde el amor al prójimo ilumina, dan testimonio de ello. Esta cara del compromiso evangélico suele no tenerse en cuenta por los detractores crónicos, pero es un dato innegable que nutre la historia del mundo.

 

Merendero de la Capilla San José Carpintero, de Puerto Iguazú – Misiones

 

Volviendo al inicio, subrayemos la idea de aplicar en nuestros días –y no sólo en la recordación de la Pasión y Muerte de Cristo- todo cuanto de sus enseñanzas surgiera para los siglos de los siglos. Y “amar hasta que duela”, como sostenía Teresa de Calcuta.

La Doctrina Social convoca al compromiso constante e inagotable. Y sobre todo a desterrar la calumnia. Vale recordar esta frase de Ignacio Manuel Altamirano:

“Si la culebra pudiese hablar, sería el mayor calumniador del león. Los hombres reptiles, por eso, siguen con su lengua a las almas superiores”.

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