INDEPENDENCIA URUGUAYA. El 25 de agosto en 10 puntos

1- El 25 de agosto de 1825 no es la fecha de la independencia del Uruguay. En ese día se reunió el Congreso de la Florida, integrado por representantes de los cabildos de los pueblos de la Provincia Oriental y declaró que este pedazo de tierra con gente encima proclamaba su independencia del Imperio del Brasil y cualquier otro poder extranjero y también nos declaramos parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. O sea, decidimos reincorporamos al lugar al que pertenecíamos y nos juntamos con los tipos con quienes nos peleábamos, nos aliábamos y nos volvíamos a pelear.

 

Por Eduardo Irigoyen García – fraybentino, periodista y docente de historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2– Al Brasil no le hizo ninguna gracia que este territorio, que aparentemente solo tenía vacas y muy pocos habitantes, se le fuera de las manos y volviera a abrazarse con Buenos Aires. ¿Cómo respondieron? Declarándole la guerra a los porteños. “¡Porra! ¡Vai se foder!”, dicen que dijeron.

3– Hubo guerra, pero más bien hubo un empate porque la cosa se empantanó y tanto Buenos Aires como Brasil no avanzaban en sus planes de torcerle el brazo al otro. Entonces el presidente Rivadavia mandó a negociar con Brasil a un tal García y le dijo: “Mirá viejo, vos conseguí la paz como sea. Hay dos opciones: o los brasucas nos reconocen los derechos argentinos sobre la Banda Oriental o les damos la independencia y que se vayan a cagar. La guerra nos está costando caro y ya tengo suficientes despelotes por culpa de estos orientales que solo sirven para armar alto quilombo”.

4– Allá fue García, negoció, discutió y al final –con una ayudita de mis amigos ingleses- se trajo la Convención Preliminar a Paz de 1827 con unos puntos muy discutibles. A Rivadavia no le gustó nada: “¿Qué carajo hiciste García? ¡Los brasucas nos quieren sentar en la chagar! Ni en pedo el Congreso va a ratificar este tratado!”. El costo fue tremendo. El Congreso, como era de prever, se opuso al acuerdo y Rivadavia renunció. Entonces, asumió la presidencia Manuel Dorrego, quien además de desconocer el acuerdo y cortar con las negociaciones, era partidario de seguir con la guerra.

5– Al tiempo, en una medida sorpresiva que estaba fuera de los planes, Fructuoso Rivera invadió las Misiones Orientales y avanzó exitosamente por territorio de Río Grande do Sul, para sorpresa y pavor de las autoridades imperiales, al punto que el brigadier Salvador Maciel consideraba que si Rivera seguía penetrando y conquistando territorio, “la entrada del enemigo traería como consecuencia la pérdida completa de Río Grande del Sur”.

6– Ese hecho inesperado, que ponía a Brasil en situación de debilidad, trajo como consecuencia que Inglaterra ofreciera nuevamente sus servicios como país mediador y Brasil aflojara. Inglaterra no daba puntada sin hilo, porque la intención era pacificar, comerciar y tener presencia en una zona estratégica. Así fue y nos trajeron el ferrocarril, telégrafo, el gas, tranvía, electricidad, agua corriente, seguros de vida, el Frigorífico Anglo, institutos de enseñanza del idioma Inglés, el Teatro Millington Drake, Los Beatles y los Monty Python.

7– La propuesta fue la independencia de la Provincia Oriental. Como muchos habitantes de este suelo no se sentían ni porteños ni brasucas, no les pareció mal la idea (que fue considerada descabellada durante mucho tiempo) de la soberanía y la independencia. Eso se concretó en la Convención Preliminar de Paz del 27 de agosto de 1828, que declaraba la independencia “de la Provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina”.

8– Rivera debió retirarse –con mucha bronca- de las Misiones Orientales, territorio que perdimos, pero en lugar de retroceder hasta el río Dayman, tuvo la viveza de quedarse en el Cuareim. Gracias a eso tenemos el Departamento de Artigas, ágatas, amatistas, un carnaval con scolas do samba y al jugador Matías González, quien con su cabeza trancó una jugada que hubiera desembocado en un gol de Brasil en la final de Maracaná.

9– Cuando nos dicen que somos Ponsombylandia y un estado tapón, se escuchan las puteadas de Juan Pivel Devoto desde su tumba, recordando que no hubo un solo inglés en Rincón, Sarandí e Ituzaingó.

10– Me animo a decir que si no hubiera existido el Uruguay como estado independiente, las guerras entre Argentina y Brasil habrían sido inevitables y los más perjudicados habríamos sido nosotros.

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