INSEGURIDAD EN EL CAMPO. Le robaron dos veces en un mes

Dos veces en un mes y cinco en un año y medio, entraron ladrones a la casa del campo La Escondida, ubicado en Sarandí. Ya casi no les queda nada: ni ropa, ni sábanas, ni cubiertos. Además, en los últimos ocho años le han carneado 57 animales.

 

Entre las 8 de la noche del miércoles y las 7:30 de la mañana del jueves, nuevamente entraron ladrones a la vivienda del campo La Escondida, ubicado en Sarandí a pocos kilómetros del Crematorio de Gualeguaychú. Lo hicieron a través de la ventana de una de las habitaciones y todo parece indicar que pasaron allí varias horas.

No es la primera vez que sucede. En oportunidades anteriores los destrozos fueron mayores: «Han defecado arriba de  la cama, han orinado… esa vez prendimos fuego todo. Toman, comen lo que hay en la heladera», relató Carolina, hija del dueño del lugar.

Ella recuerda también que «solo en una oportunidad, hace muchos años, detuvieron a uno pero a los pocos días estaba libre de nuevo».

Ya habiendo limpiado todo, ordenado y tirado lo que habían roto, Carolina contó a INFONER que «ya no hay nada más que los muebles grandes, se han llevado hasta los focos y las cortinas que esta vez no llegamos a tenerlas ni 24 horas porque las había comprado ayer, las colocamos y hoy no las tenemos. Si bien no es lo importante, todo suma».

Su padre, Ernesto «Pancho» Melchiori, no puede creer en lo que se ha convertido el campo. Con desolación en la mirada recuerda:

«Yo nací acá, me sacó una partera, ni siquiera fue en un hospital, nací acá y fui a una escuela de campo. Siempre teníamos todo abierto, hasta dormíamos con las ventanas abiertas».

Una de las últimas veces que entraron a robar a la casa, el jefe de Policía de aquel entonces le recomendó que no se quedara más a dormir en el campo, que se fuera a su casa de la ciudad porque si entraban en grupo podrían lastimarlo.

 

El segundo robo en un mes, el quinto en un año y medio

 

«Cuando llegamos estaba todo revuelto, la poca ropa que le queda estaba tirada en el piso, el colchón dado vuelta, todo sucio… y se ve que en el camino fue perdiendo cosas porque cuando veníamos entrando vimos pinzas tiradas, algunos focos y las sábanas», relata Carolina.

Este vez, para entrar, rompieron la venta de una de las habitaciones. Se llevaron la ropa que estaba en mejor estado, los focos, «y quien sabe qué más, porque a medida que necesitamos algo nos vamos dando cuenta que se lo robaron», explica Carolina.

El comisario Wursten, jefe de la comisaría octava, llegó acompañado por un agente a las 11 de la mañana. Tomaron la denuncia de Melchiori y recorrieron el lugar. Más tarde, llegó un equipo de la División de Criminalística.

 

Comentarios

About the author  ⁄ Infoner