Instagram, lenguaje rudimentario y narcisismo

Instagram es una aplicación virtual que junto a otras redes sociales permite la desvinculada vinculación a partir de fotografías que intentan honrar el formato de las antiguas fotos Polaroid. Si descomponemos su nombre la morfología arroja el compuesto de instantaneidad (ritmo vertiginoso de la posmodernidad) y gramma: escritura o en este caso fotografía, lo que queda.

Por Marta Ledri – Profesora en Letras

Aparece con posterioridad a Facebook y rápidamente captura sus usuarios. Los adolescentes migran hacia esta otra red que les asegura el parámetro con el cual pueden medir su nivel de popularidad ya sea en el ámbito privado, ya sea en el ámbito público.

Hacer una lectura por varias cuentas permite afirmar que son más las mujeres que los varones quienes usan esta aplicación; que por lo general las fotos están “armadas” y que hay una total falta de creatividad ya que las imágenes reproducen con mayor o menor éxito las poses de aquellas que obtienen más likes entre sus seguidores.

Una fotografía es un ícono que en alguna medida representa al sujeto real. Hay íconos de rostro, de medio cuerpo, de cuerpo entero, de cerca o de lejos. El nivel de narcisismo o inseguridad puede analizarse desde la perspectiva o punto de mira en que se ubique la cámara. Una foto es también un índice, un señalador de causas o consecuencias de esa imagen. Se puede mostrar el lugar soñado donde fue tomada, la posición económica, la repercusión social o impacto ante alguna actitud audaz. Una foto es un símbolo, algo previamente convenido entre los usuarios para otorgarle significación. Marcos de puertas viejas, alambrados, casillas de guarda vidas, una mesa y un refresco, un jeans roto y una remera atada, medias de red, una mano tomada a otra en actitud de despedida y sin que se vea el rostro del dador son las más habituales entre aquellos usuarios que pocas veces se dejan fotografíar en grupo. Cierta egolatría típicamente adolescente puede revelar estos perfiles.

Pero el lenguaje se manifiesta en los comentarios. El seguidor tiene como opción presionar el corazón y que éste se ponga rojo y sume un like o también comentar. Este momento revela la pobreza lexical de los ad olescentes. Extremadamente económico se reduce a una palabra o a frases que dentro de esta tipología virtual se han estereotipado, para no hablar del sistema de emojis cargados de significados o también confusos a la hora de interpretarlos ya que son mínimos los detalles que los diferencian (sistema por oposición).

Borges en “Las Kennigar” hace un catálogo de las expresiones metafóricas que el mundo guerrero de los vikingos acuñó para designar su realidad y su entorno. El brazo del guerrero es “fuerza del arco”; el cielo, “yelmo del aire”; la espada, “vara de la ira”.

Con menos vuelo podemos rastrear en el Poema de Mío Cid una técnica formularia o epítetos para completar el hemistiquio: “el que en buena hora nació”, “el que en buena hora ciñó espada”. En La Ilíada se despliegan adjetivos y sintagmas elaborados que una vez leída la obra los volvemos a encontrar en La Odisea: “las cóncavas naves”, “el vinoso ponto”, “el de los pies ligeros”, “la de los níveos brazos”. Un repertorio épico constituido por fórmulas lingüísticas bellas. En Instagram también hay un repertorio que puede conformar un catálogo, lo triste o desesperante es el poco vuelo, lo trivial y hasta soez de ciertas palabras o expresiones:

Potra: (ponderativo ecuestre que no es lo mismo que yegua)
Diosa: (pero no diva, ni divina)
Babé: (bebé, un tierno y poco pertinente comentario para una pose sensual)
Qué colero y yo sin pelo: (burda alusión a las curvas de la joven)
Naa (es la expresión de admiración donde se cambia y duplica la vocal)
Ti quiiri michi imigui: (la i afinando la expresión y otorgando hilaridad al comentario)
Plaga: (ambivalente comentario para el/la que sube fotos diariamente. Puede denotar hartazgo o ser un estímulo para que siga posteando)
OMG (Oh my God.) expresión de asombro que junto a LOL y otros que se van incorporando no solo atentan contra nuestra lengua sino que se normalizan como abreviaturas.

Triste catálogo. Una realidad lingüística sin finalidad estética, sin finalidad referencial. una función emotiva muy débil puede vislumbrarse entre estos intercambios de los “te sigo, me sigues” FollowBack.
A este atropello a la lengua se puede agregar que las descripciones aceptadas socialmente deben estar en inglés. Se muestra además de la belleza del rostro o del cuerpo, de la ambición por la popularidad, el dominio de una lengua extranjera que les va usurpando la lengua natal.

Instagram una aplicación que es mucho más que un deslizar del dedo sobre la pantalla táctil para el ojo entrenado en la semiótica de la imagen y de la lengua.
Instagram casi una etnia virtual con su rudimentario lenguaje y una buena dosis de narcisismo y poca sensibilidad por el otro. Instagram una etapa de la que se puede salir pero que hay que atravesar, Instagram un llamado al adulto para que esté preparado para la recepción de estos posteos que exponen más de lo que parecen.

 

 

Nota aclaratoria: Las fotos de la adolescente fueron publicadas bajo la autorización de sus padres.

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