Juventud y generación intermedia: una nueva y necesaria voz

Si bien la juventud ha estado siempre presente como actor social dinámico y dinamizador de las discusiones públicas, lo cierto es que en los últimos años se inauguró un proceso masivo de incorporación de los jóvenes a la política.

 

Por Lic. María Agustina Díaz. Fundación para la Integración Federal.

Especial para Infoner

 

Tras una aparición en la esfera pública más de resistencia y rechazo al sistema, que culminó con las jornadas de diciembre de 2001 donde la mayoría de los muertos en la represión policial eran jóvenes de menos de 30 años, comenzó un proceso distinto de incorporación social y política de esta población de manera más propositiva.

Hacia inicio de la década, Tras la salida de las políticas neoliberales propiciadas por los organismos internacionales de crédito, la reactivación del mercado del trabajo, la mejora de la capacidad adquisitiva de los salarios y la creación y fortalecimiento de un importante número de universidades públicas en el país fueron abriendo paso a los jóvenes de un modo distinto. Y, definitivamente, el discurso político comenzó a incluirlos y “empoderarlos”. La idea de que la juventud no sólo es el futuro sino que tiene que ser protagonista del tiempo presente fue ganando espacio.

Jóvenes realizando cursos de formación política, jóvenes armando foros, jóvenes utilizando las nuevas vías de comunicación para expresar sus pareceres, jóvenes protagonizando movilizaciones masivas, jóvenes alcanzando bancas legislativas, jóvenes ocupando carteras importantes dentro de la estructura de los Estados locales, provinciales y del Estado Nacional.

Jóvenes que hoy forman parte de una generación denominada “intermedia” (ronda entre los 30 y 40 años) que no se resigna a seguir cediendo espacios de discusión y construcción.

Claro que ser joven no es garantía de una suma de cualidades positivas, pero sí es cierto que la juventud se plantea problematizar cuestiones sociales de manera más autónoma, persigue la coherencia,  se expresa de manera más sincera y tiene algo a su favor: el tiempo. No es por su condición de joven que estos y estas emergentes sean resistidos y resistidas por sectores políticos más tradicionales o corporativos sino, justamente, por plantear otra forma de hacer política, donde el disenso y la construcción de consensos desde la pluralidad son más frecuentes.

Este espacio de reflexión que inauguramos hoy tiene por objetivo habilitar la voz de jóvenes de generación intermedia sobre distintos temas que nos atañen, que nos ocupan, que nos preocupan, con la convicción de saber que hay mucho que estas voces nuevas tienen para decir. Privilegio que, quizás, algunos tememos frente a un contexto nacional alarmante y doloroso donde, especialmente, los jóvenes de los sectores populares se ven estigmatizados y combatidos, donde los jóvenes que participan en organizaciones sociales son reprimidos, donde miles de jóvenes no encuentra la oportunidad para su primer empleo, donde se recortan política que estimulan la escolaridad, donde hay jóvenes científicos que ven cerrándose las puertas de su Patria que otrora se les habían abierto. Decir, hablar y comunicar resulta, entonces, hoy una imperiosa necesidad y, también, una ineludible responsabilidad.

Indicadores regionales y de organismos mundiales demuestran que nuestro joven continente expresa su pobreza  de manera más profunda en los niños y jóvenes latinoamericanos (así como también en las mujeres). Estudios de la CEPAL del año 2017 muestran que la incidencia de la pobreza y de la pobreza extrema es más elevada entre niños y niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres y la población que reside en áreas rurales. En 2016, la pobreza afectaba al 46,7% de los niños y adolescentes entre 0 y 14 años y la extrema pobreza al 17%. En el caso de los jóvenes de 15 a 29 años esas cifras eran de 31,1% y 9,5%, respectivamente.

Sobre esta realidad cruda, que se expresa de múltiples maneras, hay que levantar la voz de manera crítica y superadora. Ese es el desafío que asumimos hoy.

 

 

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