La Agenda Económica de la Nueva Argentina

Por estos días comenzó a desarrollarse la gestión de Alberto y Cristina, quienes tomaron juramento ante más de un millón de personas en una plaza de mayo colmada de calor y de esa parte del Pueblo que se manifiesta con amor, con la esperanza de revertir las adversidades de este tiempo.

Por Juan Pablo Enriquez


En las diversas columnas de este espacio siempre hemos hecho hincapié en la profunda deuda que el sistema educativo y cultural de nuestra democracia trae consigo en relación a los contenidos.


Por eso creemos indispensable que en la agenda de la nueva Argentina se comiencen a considerar los diversos modelos económicos que han sido parte de nuestra historia para contar con mayores elementos a la hora de tomar decisiones que incidan en el futuro de nuestra población.


Los modelos en pugna siempre han tenido características contrapuestas fáciles de discernir. El reciente gobierno que finalizó el 10 de diciembre contenía rasgos muy similares al modelo denominado “Valorización Financiera” implementado por Martínez de Hoz en la dictadura cuyo final fue con la crisis del 2001. Sus particularidades distintivas fueron el proceso de desindustrialización, la destrucción del mercado interno, la apertura irrestricta de importaciones, el mega endeudamiento y el privilegio del negocio especulativo por encima de cualquier viso de producción.
Estas acciones en un combo resultan fatales para cualquier proyecto de país que pretenda constituir una sociedad industrial de pleno empleo y a la luz de los hechos están las consecuencias.


En la Argentina que dejó la gestión del empresario que también presidió Boca Juniors, bien cabe la denominación “Tierra Arrasada” que le da nombre al documental recientemente lanzado por el nuevo Ministro de Cultura Tristán Bauer, la capacidad instalada industrial se redujo a niveles cercanos al 50% marcando una ociosidad que habla por sí sola, la deuda llegó a cifras que orillan el 100% del PBI habiéndose fugado más de 90 mil millones de dólares en el periodo, ingresaron productos extranjeros que destruyeron nuestra industria nacional, nuestro mercado interno y dejaron en el sector casi 200 mil trabajadores en la calle. Las tasas de interés más altas del mundo que tuvieron vigencia durante este tiempo destruyeron el crédito productivo y el consumo provocando una contracción enorme en la demanda y una recesión histórica que costará grandes esfuerzos y tiempo poder sortear.


Ahora bien, este nuevo proyecto pretende retomar las virtudes del modelo concluido en 2015, donde la principal falencia fue la restricción externa, la escasez de divisas. Por esta razón es que no sólo se está trabajando en el incremento de las exportaciones, sino y principalmente en un agresivo proyecto de sustitución de importaciones como debiera implementarse en la industria automotriz, eterna deficitaria del balance externo por la utilización de insumos importados en tiempos de auge de ventas. Este nuevo modelo pretende reducir los índices de endeudamiento, fomentar la industria como centro vertebrador del crecimiento y del mercado interno, propiciar las actividades productivas por encima de cualquier idea especulativa y proteger nuestra industria nacional.


Resulta de carácter indispensable para la nueva Argentina el incentivo de la demanda para motorizar la oferta y así comenzar a hacer rodar el círculo virtuoso de la economía. Las recientes medidas anunciadas por el presidente Alberto Fernández tienden a eso. Inyección de recursos para los sectores más desprotegidos de la sociedad: los jubilados cobrarán un bono extra de $5.000 durante diciembre y enero con la incorporación de la gratuidad en los remedios para los beneficiarios de la mínima, los beneficiarios de la AUH un bono especial de $2.000, los trabadores en general se verán beneficiados por el congelamiento de tarifas durante 6 meses, las pymes accederán a planes de financiamiento especiales con tasas subsidiadas e importantes periodos de gracia que rondan los 6 meses.


Además, el miércoles 18 de diciembre se pone en práctica el Plan Alimentar en la prioritaria lucha contra el hambre que se ha planteado este nuevo Gobierno. En este caso Concordia, en nuestra provincia de Entre Ríos, la ciudad más pobre del país dará el inicio a la primera distribución de tarjetas para aproximadamente 6.500 beneficiarios que derramarán virtuosamente en el mercado local de la ciudad entrerriana alrededor de 35 millones de pesos. Serán receptoras del derecho para paliar tan dramática situación las mujeres con embarazados desde el tercer mes y las madres con chicos hasta los 6 años sin necesidad de realizar trámite alguno dado el cruzamiento de datos con ANSES. De esto se desprende que se incorporarán a la tarjeta $4.000 para las madres con un sólo hijo y $6.000 para aquellas que superen el hijo siempre en los márgenes etarios comentados.


Se pretende aplicar una receta de características heterodoxas donde la demanda marca el impulso del crecimiento. Ese crecimiento es vital para poder pensar en diseñar alguna estrategia de pago posible con los acreedores internacionales, como dijo Néstor Kirchner, “los muertos no pagan”, y Alberto ha sido categórico en este tema planteando que es imposible hacerse cargo de obligaciones contraídas por la irresponsabilidad e impunidad de la gestión anterior a costa del padecimiento de millones de argentinos que han visto reducidas sus calidades de vida de tanto ajuste perpetrado. Por esta razón, el presidente buscó como Ministro de Economía a Martin Guzmán, un especialista en la materia, hijo dilecto de Joseph Stiglitz. En su conferencia de prensa de la semana pasada marcó como eje fundamental la imposibilidad de afrontar las obligaciones en el corto plazo solicitando un periodo de gracia de dos o tres años que permita nuevamente utilizar esos recursos en el mercado interno y en el crecimiento de país emulando la salida del 2003.


Ese discurso falaz de que “ya vamos a pasar el rio” cuando hay sectores de la economía como los bancos y las energéticas con ganancias siderales resultaba violento a la hora de desarrollar un análisis exhaustivo de la situación. Los recursos que durante este tiempo le han faltado de sus bolsillos a quienes trabajan yacen impolutos en las arcas de esa clase dominante que todo lo puede y avasalla.


Uno de los posibles frentes de conflicto por estas horas es la reciente medida de actualización de los derechos de exportación que gravan la ganancia extraordinaria del sector ligado al campo que exporta, que no es lo mismo que el campo chico, quien tiene otros mecanismos de funcionamiento y sufre la crisis como el resto de los argentinos. Esa medida adoptada por el gobierno anterior sólo pretende readecuar el impacto devaluatorio que se ha producido en el último año en la Argentina cuya desintegración de salarios es palpable. Corresponden a ganancias estrictamente especulativas fruto del incremento del tipo de cambio, y tal como lo hizo Juan Perón con la instrumentación del IAPI, el Estado debe garantizar no sólo que no haya argentinos que estén en situaciones de hambre, sino también en motorizar la industria, que genera trabajo de calidad para efectivamente concretar en realidad el categórico y sostenible crecimiento del país.


En definitiva, la concentración de la riqueza producida en estos años es paradigmática de un modelo de expropiación, la apropiación de la misma por parte de los asalariados para el último trimestre de 2015 e inicios de 2016 según el INDEC reformulado por Cambiemos marcaba un 54.2%, mientras que el último dato oficial del organismo indica que los asalariados en el segundo trimestre de 2019 sólo se quedaron con el 42.5% de la renta, indicador que continuaba en franca caída para el cierre de ciclo. Este dato es el mejor reflejo del efecto que generan las políticas económicas ortodoxas: concentración y pulverización de salarios.


Por esto es que insistimos fervientemente en que los contenidos pedagógicos del próximo tiempo deberán abarcar mecanismos específicos que permitan confrontar qué modelos favorecen a los trabajadores y las pymes y cuáles son los que siempre terminan perjudicándolos para no volver a cometer los mismos errores históricos de siempre.


De esto se deduce que es permanente la disputa entre quienes quieren concentrar y quienes quieren distribuir, por lo cual es imprescindible el involucramiento de la sociedad en los asuntos públicos para encontrar maneras de vencer airosos las situaciones de crisis teniendo en cuenta siempre que hay que luchar, aunque no falte nada, porque a muchos le falta todo.

JUAN PABLO ENRIQUEZ

Contador Público egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos
Integrante del Centro de Análisis de la Realidad Argentina – CARA
Miembro de Economía Política Para la Argentina – EPPA
Docente Universitario en la Facultad de Gestión de UADER

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