La apasionante afición de coleccionar arte

El deseo de coleccionar cosas es tan antiguo como la humanidad. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos coleccionado algo. Para algunos, coleccionar se relaciona con acumular poder o riqueza; para otros, con el deseo de destacar, de ser único: el único poseedor de determinado objeto. Acumular, poseer, parecen ser las acciones involucradas en el acto de coleccionar; pero, fundamentalmente, mostrar, porque si no ¿de qué manera se podría destacar, ser único?

 

Por Raúl Albanece (*)

Coleccionar es la afición de recopilar y organizar un conjunto de objetos de una misma clase reunidos por un interés especial.

El coleccionismo, en el sentido que hoy le damos de acumulación de objetos bellos, es una actividad que comenzó durante el Renacimiento, cuando la humanidad se coloca como centro del universo y empieza a ver al arte como una proyección de sus habilidades, su espiritualidad y su ciencia.

Mostrar poder o riqueza motivó las primeras colecciones de arte, que luego originaron los museos como los conocemos actualmente; pero no se puede obviar el deseo de enriquecer el espíritu como otro pilar del coleccionismo. Las primeras colecciones pueden haber estado asociadas al deseo de impresionar a las visitas, pero también a la curiosidad y al deseo innato de aumentar el conocimiento.

Se tiene una afición por muchas razones, pero la más importantes es para relajarse y romper la monotonía diaria. Seguramente es un placer pasar mucho tiempo admirando y pensando en nuestra colección; además de que cada pieza de la colección puede llevarnos a lugares y situaciones guardados en la memoria.

El proceso de formar una colección de arte es apasionante. Sin ninguna duda que todo depende del gusto de las personas: unas pondrán su interés en una particularidad especial, como puede ser la disciplina artística: pintura, grabado, escultura; otras se centrarán en el ámbito geográfico: artistas entrerrianos, argentinos, latinoamericanos; también pueden enfocarse en una época puntual: siglo XIX, segunda mitad del siglo XX, década de los 90; o un estilo o movimiento artístico: arte abstracto, paisajes, bodegones.

Un modo sencillo de comenzar una colección de arte es visitar las ferias y muestras donde se pueden adquirir obras de artistas locales. Muchas veces, especialmente en verano, los artistas ofrecen sus obras en plazas y paseos públicos. Los precios varían de acuerdo con la disciplina y técnica utilizada en su realización; pero, principalmente, en base a si el artista está recién comenzando o tiene ya un recorrido de varios años.

Una recomendación es comprar, al principio, por impulso. Comprar esa obra con la que se generó “un amor a primera vista”, la que nos apasiona sin que podamos poner en palabras qué nos enamora de esa obra. Al inicio, sólo estaremos “acumulando”; la colección se forma cuando descubrimos cuál es el hilo conductor, cuando tomamos conciencia de cuál es el interés especial que mueve nuestras emociones.

 

(*) Raúl Albanece. Escenógrafo y Artista visual. Es Profesor de las unidades curriculares de Estética y Crítica de Arte, y de Producciones Audiovisuales y Digitales en el Profesorado de Artes Visuales del ISPED de Gualeguaychú; Profesor de la cátedra de Escenografía, y Director del Grupo de Estudios Carnavalescos en el Profesorado de Teatro, FHAyCS de la UADER. Investigador en Artes en la Universidad Nacional de Tucumán. Se encuentra en el proceso de escritura de su tesis “Elementos del teatro épico en el carnaval de Gualeguaychú” para obtener el título de la Maestría en Teatro, mención Diseño Escénico en la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.

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