La desazón de un tal Rocamora

Siempre resulta útil echar una mirada crítica sobre el pasado, con espíritu hurgador pero también con una buena dosis de comprensión para con aquellos que –humanos al fin- pergeñaron, ejecutaron y buscaron proyectar en el tiempo acciones valerosas y planes inteligentes. Hubo en los tiempos de nuestra emancipación una figura de mente clara, visión estratégica y espíritu integrador. Designado por el Virrey Juan José Vértiz y Salcedo para resolver desavenencias entre los pobladores en nuestro territorio, se hizo tiempo para fundar villas con una impronta política envidiable. Tomás de Rocamora fue un auténtico arquetipo y así debe ser considerado. Hoy mismo, nos compromete a una revisión profunda para asear formas impuras de gobernar y malas mañas para engordar cuentas bancarias. Desde el más allá, el natural de Granada de Nicaragua debe sentirse invadido por una gran desazón.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

El fundador de pueblos que le puso el nombre de Entre Ríos a nuestra provincia, arribado a esta tierra en 1782 en misión encomendada por el Virreinato, se sintió admirado por el lugar y se dio a la tarea de fundar tres poblaciones. En 1783 sucesivamente nacieron las villas de San Antonio de Gualeguay, Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay) y San José de Gualeguaychú. Tuvo gran lucidez e inteligencia para atenuar las diferencias y conciliar posiciones de los pobladores, con una acentuada virtud para recomponer relaciones y fortalecer los vínculos vecinales.

 

Rocamora

 

En mensaje enviado a Vértiz, Rocamora le expresaba:

“Fuera pleitos, valga la razón. Asegúrese Vuestra Excelencia que ejecutado como planteo, antes de muchos años será la de Entre Ríos de que trato, la mejor provincia de esta América”.

Tan seguro vaticinio provino de un estratega y visionario superlativo. Al producirse el Cabildo Abierto de 1810, Rocamora se hallaba en Yapeyú, mientras desempañaba el cargo de gobernador de Misiones. Fue uno de los primeros en sumarse a la causa patriótica y asistió a Manuel Belgrano en su expedición al Paraguay.

El pasado jueves 14 quedó develada la estrategia electoral del partido gobernantes, cuando al inaugurarse el nuevo período de sesiones en la cámara baja, apareció ratificado como presidente Sergio Urribarri, perseguido por jueces y fiscales por no pocas imputaciones de estar incurso en hechos de corrupción. Cuando asumió su sucesor, Gustavo Bordet, anunció que quienes se encuentren bajo la percusión penal deberían pedir licencia hasta aclarar sus respectivas situaciones. Ello no sucedió con su predecesor.

 

Bordet y Urribarri

 

Los inocentes corren a los juzgados y llegan antes que los interrogadores para demostrar su inocencia ante quien sea. Los que tozudamente se amparan en los fueros no obstante que los cargos no se vinculan con su desempeño legislativo, abonan su condición de culpables. ¿Con qué fueros se cubrirá Urribarri cuando termine su actual período?

Está claro que Bordet se acaba de sacar de encima un problema –para desgracia de Julio Solanas y sus proyectos de sentarse en el sillón principal de la Casa Gris en nombre de Unidad Ciudadana- y Urribarri conserva sus privilegios en busca de que en 2020 pueda buscar continuidad y protección en un escaño (esto se sabrá en pocas semanas).

Todo es posible en tanto la justicia tortuga se siga infiltrando en ciertos pliegues para bien del ex mandatario y compañeros leales.

Lo ocurrido el jueves 14 en la Legislatura, por su cercanía con los comicios provinciales, seguramente tendrá consecuencias políticas no muy cómodas. Imaginemos al urribarrismo perseguido penalmente, movilizarse tras la reelección de Gustavo Bordet. Se trata de un cambio de favores tras la reelección del presidente de la cámara baja y el cese de los propósitos que Unidad Ciudadana venía anunciando. Encima quedaría como saldo la garantía de que el ex mandatario (2007-2015) podrá –a largos 9 meses de la transferencia del mando- asegurarse continuidad en una banca proveedora de fueros.

Las voluntades que se vienen sumando al proyecto de reelección oficialista (Bordet es el lógico timonel) llevan a definir la diferencia entre una suma de voluntades y principios arraigados y lo que vulgarmente se denomina rejunte circunstancial. El problema se da cuando empiezan a llegar los pedidos de reciprocidad en el armado de listas y la aplicación de ley de cupos.

Los discursos de encendido apoyo a Urribarri por parte del bloque oficialista y otros independientes, significó que al momento de exhibir principios innegociables de la moral política, se impone la vieja y a veces manoseada frase “disciplina partidaria”.

Horas antes de esta sesión, se conoció que Urribarri –ante un pedido de la Fiscal Anticorrupción Cecilia Goyeneche vinculado con la causas de las maniobras ilícitas cometidas con contratos legalmente reprochables, que orillan los 2.000 millones de pesos en perjuicio del Estado- había ordenado que se le remita sólo un 20 % de lo solicitado. ¿Puede ser esto un punto a favor para reelegir al titular de la cámara baja. Las maniobras que con rótulo de corrupción han recalado en los tribunales de Paraná, no pueden ser incluidas en un currículum político sino en un prontuario.

El episodio ocurrido el jueves último fue una muestra de desvergüenza que le sacó la máscara a más de un legislador oficialista.

La reacción contra el retiro del bloque de Cambiemos y la destemplada y agresiva respuesta de Urribarri aludiendo al Mago sin Dientes de cuya galera los opositores sacan conejos, fue desafortunada.

La metáfora permite preguntar ¿de la galera de qué mago extrajo el ex gobernador tanto patrimonio personal, del cual no ha podido justificar su origen ante jueces y fiscales?

La vergonzante cobertura cómplice obsequiada por algunos pares, no sirve ante la valoración de los administradores de justicia. Y enciende las alarmas para la cautela del ciudadano elector. Pacto redondo si los hay. Bordet limpia su camino hacia su segundo mandato (argumentos no le faltan) y Urribarri garantiza su impunidad, aunque quienes lo secundaron en maniobras ilícitas no posean fueros.

Las coincidencias políticas y valoraciones éticas con el actual mandatario enumeradas por su antecesor, no deben conducir al engaño en el despacho principal de la Casa Gris, sobre todo cuando se recuerda que tras la asunción pidió que aquel funcionario que estuviere en la mira de los magistrados debería pedir licencia hasta resolver su situación. No haberse concretado implica admisión de los cargos y temor a tener que enfrentar los estrados.

Los objetivos de gobierno auto atribuidos por el diputado provincial al compararlos con los de Bordet, no deben haber caído bien en el despacho que da a la calle Córdoba. Pero hay un componente en esta forzada buena relación, que soslaya un factor muy importante: Urribarri deja de lado que no pocos militantes de su riñón le imputan al actual mandatario su aceitada relación con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, a la que califican como un abandono de ciertos preceptos y una resignación del histórico perfil ideológico del justicialismo, cuando esporádicamente se evoca el ideario de Perón y Evita.

No hay que olvidar los despropósitos y desbarajustes cometidos por el menem-cavallismo con apoyo del justicialismo, cuya entrega de factores sagrados para el país terminó siendo una constante (el “síganme que no los voy a defraudar”, más se pareció a un promesa dirigida a los que manejan las palancas financieras del país y la especulación en todos los órdenes, para darles tranquilidad y seguridad). Los acuerdos secretos con Gran Bretaña tras la guerra por Malvinas, en cualquier país del mundo merecerían la calificación de “traición a la patria” pasibles hasta de la pena capital (que aquí no existe pero sí la incómoda e insoportable residencia entre las rejas, que se termina eludiendo amparándose en los malditos fueros).

Willan Wilfredo Flores Elera nos deja una frase aleccionadora: “No sólo es corrupto el que realiza el hecho, sino el que conociéndolo no lo denuncia”. Quienes elogian al corrupto a sabiendas de sus fechorías metiendo mano en las arcas públicas, son funcionales a su condición de corrupto.

El discurso anual del mandatario fue una muy buena pieza oratoria que siempre generará críticas, pero la descripción de los hechos positivos de una acción de gobierno (tras heredar situaciones muy comprometedoras para el futuro) que puedan certificarse incontrovertiblemente, anulan cualquier descalificación mal intencionada. Y la mala intención, en política, generalmente tiene patas muy cortas. Seguramente Rocamora siempre lo supo.

 

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