La grieta en Cambiemos

Las diferencias entre dirigentes de un mismo partido, con roles diferentes, pone de relieve interpretaciones políticas sobre hechos de coyuntura en Entre Ríos. Las políticas del PRO como eje de la discordia.

Una vez más el accionar o el posicionamiento de un dirigente genera tensión en el seno de Cambiemos. Es en la UCR donde se visualiza el descontento, pero el motivo se dispara desde el PRO.

En las últimas horas Sergio Kneeteman, presidente del bloque de diputados, recibió una reprimenda de un dirigente que no ocupa un cargo institucional, pero proviene de un purismo radical insospechado. Ramiro Pereira cuestionó en duros términos al legislador por justificar la propuesta salarial de Gustavo Bordet a los docentes fijada en un 18 por ciento en tres veces.

Pero el dirigente de Larroque también justificó que no se abra la paritaria nacional y lo justificó en nombre del federalismo. Pereira le contestó con historia y teoría política: “Kneeteman debiera saber que la única pauta de lo razonable no puede ser el razonamiento de los satisfechos en una sociedad donde la gran brecha está dada por la desigualdad social”, le espetó. Y machacó: “La inconsistencia de mencionar al federalismo para defender la desactivación de la paritaria nacional docente.

La UCR de Entre Ríos, desde los tiempos de Laurencena y Mihura, supo pelear por la autonomía entrerriana. Ahora bien, no hay autonomía si hay dependencia financiera de la gracia del o la presidente”. Apenas unas frases. Fue más duro. Pereira, hijo de Enrique Pereira, creció en un hogar en el que se pensó al radicalismo como el paradigma de un partido popular. Kneeteman hizo otros recorridos, con menos historia. Integró el Frente Grande.

Hace dos semanas Mauricio Macri dio un diagnóstico de la situación educativa y lamentó por quienes “caen en la escuela pública”. La presidenta de la Juventud Radical de Entre Ríos, Emilia Giménez, no perdonó. No es para menos, qué menos podía hacer sino cuestionar una joven que hace política, seguramente, en una universidad.

La salida de Martín Lousteau la anticipó él mismo en una columna que escribió para el diario Clarín y se diferenció de Macri en dos temas muy sensibles: el conflicto con los docentes y el escándalo del Correo. En el primer caso dijo que “no se puede resolver criticando a Baradel por el largo de su pelo, su peso o poniendo en tela de juicio su título de docente”; en el segundo, aseguró que “la reputación de la política se degrada y pierde legitimidad para determinar prioridades cuando uno ve bolsos con dinero volando por televisión o cuando, independientemente del marco jurídico, se observan decisiones en donde el Estado no es defendido con todos los instrumentos a disposición mientras empresas relacionadas con funcionarios públicos se ven beneficiadas”.

El ex embajador en los Estados Unidos es el candidato del radicalismo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Un legislador porteño cercano al economista, que tuvo relevancia en la política universitaria en Entre Ríos, Marcelo Gouman, confesó su satisfacción por la vuelta de Lousteau, a quien ve como un dirigente que sintetiza lo que anheló hace más de un año para el radicalismo: Unen, una alianza que se concebía como socialdemócrata y que tenía como principales aliados al socialismo, Proyecto Sur y Libres del Sur, con Victoria Donda a la cabeza. Quizás, hubiese ofrecido la agenda social que reclama Fabián Rogel y que dice que debe imponer su partido en Cambiemos.

La política chica, la de todos los días, también revela grietas en la dirigencia de Cambiemos y, en especial, en la Cámara de Diputados. El rol de opositor ha tensado la relación entre dirigentes del PRO y el radicalismo. El divorcio se empezó a gestar cuando el bloque de diputados debía tratar el desafuero de Sergio Urribarri. Luego, los procesos de juicio político volvieron a poner a prueba las relaciones políticas y las diferencias se profundizaron. Pero estas cuestiones son más fáciles de remendar.

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