La mala diplomacia renuncia a la prudencia

Evidenciando una sorprendente carencia de tacto, una diplomacia casi amateur y una módica muñeca para el oportunismo, un alto funcionario nacional, cuando las familias argentinas se aprestaban a despedir el año intercambiando buenos augurios para el 2019, se apresuró a anticiparle al país los futuros latigazos tarifarios y nuevas calamidades que le aguardan durante el último tramo del gobierno macrista.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

Un fenómeno digno de ser abordado se refiere a que la ciudadanía convocada para los comicios primarios y la posterior compulsa general, seguramente no confrontará a la gestión de Cambiemos con la de su antecesora kirchnerista, sino que –como elemento a tener en cuenta- colocará ante su balance las buenas y malas acciones, los aciertos y errores, las promesas incumplidas y, con óptica muy aguda, los olvidos sin querer queriendo (como solía decir El Chavo del 8) que han marcado el propio recorrido del actual gobierno.

Muchas de las medidas anticipadas en la campaña, que sirvieron como factor estimulante de la opinión popular traducida finalmente en la victoria de 2015, no sólo quedaron al costado del camino sino que además fueron subrogadas por decisiones de emergencia muy traumáticas, imposibles de archivar en el fichero del olvido.

Al cierre de señeras fuentes de trabajo y la parálisis industrial (con balances en rojo), la caída de la producción, la siempre traumática desocupación, los impuestazos, los tarifazos en el transporte, las nuevas cargas para el campo, la estampida del dólar, el desborde creciente y hasta obsceno del costo de los combustibles, el gas y la electricidad, más una amenazante estanflación (inflación con recesión), han erosionado la capacidad adquisitiva del salario pero además la confianza inicial depositada en las urnas. Ello, sin olvidar el sempiterno cepo de la deuda externa que históricamente ha acogotado nuestra pretensión de resurgir de las cíclicas crisis.

A este cuadro, súmese el previsible aumento de la pobreza, el millón y medio de niños que pasan hambre y cual frutilla rancia de un postre mal conservado, el incremento de los habitantes diurnos y nocturnos que deambulan por las calles hurgando en contenedores para descubrir algo que les interrumpa el vergonzante silbido de sus barrigas.

En un trabajo publicado en el libro 500 años de Evangelización en América Latina (Editorial Ideas, octubre de 1992), el Obispo Federico Pagura y el Reverendo Felipe Adolf sostienen que “Sin compartir con los pobres y oprimidos su lucha por los derechos de la vida, no hay solidaridad. Sin justicia no hay paz”. Además abogan por el “universalismo de la solidaridad”.

A simple vista y con elemental lógica, la crisis social podría convertirse en una herramienta sancionatoria al momento de ingresar al cuarto oscuro con la misma mirada amonestadora con que se desalojó de la Casa Rosada al Frente para la Victoria .y su insaciable sed saqueadora del Estado. Una suerte de causa y efecto.

Si alguien debía ser inmolado para que el país resurja, era el sector financiero, los especuladores seriales y los buitres de vuelo firme y vista aguda a la hora de escoger a quienes esquilmar y los que detrás de las bambalinas del propio poder aseguran sus intereses personales (¿pueden acaso grandes empresarios inescrupulosos arribar a un cargo público con loables propósitos de bienestar general? Nadie puede presumir de patriota dentro del Estado, si no lo ha sido en la actividad privada.

El ingrediente abstracto pero que simbólicamente se coloca dentro del sobre junto a cada boleta –arma insustituíble de la democracia-, se llama esperanza. Pero cuando esa esperanza no se ve cobijada bajo la antígua sentencia “redes non verba” (hechos, no palabras), se convierte en decepción presa del fraude.

Como si algo faltase, un funcionario nacional confió que en los próximos meses el oficialismo insistirá con un nuevo intento para legalizar el aborto. ¿Qué especulación extraña en los cálculos oficialistas conduce a insistir con semejante cuestión como un supuesto auxilio captador de adhesiones? En agosto de 2018, el gobierno perdió en su apuesta legislativa, pero porfiadamente volverá a la carga. ¿Qué le falta para convencerse? ¿Qué carta estará ocultando entre la manga? ¿No dispone de proyectos más entusiasta?

Cuando –supuestamente- Mauricio le anuncie al país que se alcanzó el déficit fiscal cero ¿cuántos habitantes habrán sobrevivido al no tan patriótico sacrificio de descender de nivel social con destino inexorable de miseria sin retorno?

En la medida que se analicen las medidas que afectan los intereses provinciales reduciendo aportes o eliminando subsidios de alta necesidad, se advierte que la historia del dominio centralista no ha culminado, si nos atenemos a medidas que les restan recursos al interior. Si algún barniz de federalismo sobreviviente quedaba -a pesar de las malas mañas de ciertas administraciones obcecadas- la realidad muestra signos preocupantes donde priman intereses mezquinos y distantes de una verdad revelada: si las provincias no son fuertes, la nación tampoco lo será.

En tanto a la atención ciudadana se la desvía transitoriamente hacia un proyecto que busca bajar la edad de imputabilidad de los menores que incurran en graves delitos. Una idea que está dividiendo a la ciudadanía y levantando múltiples críticas y rechazos. Sale a la superficie como un argumento atendible, el hecho de que las estadísticas exhiben que en la actualidad apenas un 1 ó 2 por ciento de los delitos graves que se cometen son atribuídos a menores 16 años. En febrero de 2015 se hablaba de un 26%, reducción que sirve de base a los descalificadores de la iniciativa.

Entidades, magistrados, juristas y la propia Iglesia Católica, han salido a criticar la pretensión del gobierno nacional, apareciendo mucho más prioritario para la agenda oficial que se cancele la deuda que la justicia mantiene con la sociedad, siendo primordial que en los tribunales se trabaje con mayor dedicación celeridad frente a graves delitos cometidos por personas mayores con mucho uso de razón y mejor adiestrados para introducir la mano en la lata de las finanzas públicas.

Dentro de poco se volverá a sufragar en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) con vistas a las definitivas. Ello es suficiente para que –como ya es un clásico en nuestro país-, todo cuanto se haga o deje de hacersetendrá color y aroma a electoralismo y por lo tanto los mecanismos apuntarán a generar apoyos. Cuando en la Argentina surgen voces (sea cual fuere el gobierno de turno) recordando que tal o cual año “será un año electoral”, se está advirtiendo que la caballería ligera del proselitismo saldrá a trotar por los caminos de la confrontación política, debiendo evitar las prácticas demagógicas y no alimentar el arsenal de acusaciones recíprocas, viejas conocidas de estas lides.

Las propuestas edulcoradas por un lado, los dardos acusadores por el otro y la suspensión por tiempo indeterminado de las buenas relaciones, pueden generar un clima de hipocresía y abandono de las buenas formas al momento de la compulsa.

El político, militar y escritor francés, presidente de la República Francesa entre 1958 y 1969, Charles de Gaulle, en un acto de brutal sincericidio expresó que “he llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”.

Quizás ha llegado la hora de que, definitivamente, se cumpla con el mandato de nuestros próceres, cuya grandeza sobrepasó todos los límites y sus luchas siempre apuntaron a que seamos una gran nación. Bueno es citar –en tren de acometer la gran empresa-, el lema que ostenta la Universidad Nacional de Tucumán: “Pedes in terra ad sidera visus” (Los pies en la tierra, la mirada en el cielo”).

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