LA MENTIRA NO SE MAQUILLA CON FOTOSHOP

Es innegable que la política es un pilar fundamental de toda sociedad y por ende quienes participan de ella activamente asumen una alta responsabilidad y un sagrado compromiso. A todos nos afecta y nos integra como ciudadanos. No sobrevive la auténtica política si no está asentada en un valor como la ética. El intelectual español Fernando Savater sostuvo que “la ética es la práctica de reflexionar sobre lo que vamos a hacer y los motivos por los que vamos a hacerlo”. En estas horas cruciales en que la ciudadanía volverá a entablar su romance con las urnas, no debe soslayarse un análisis necesario respecto de ciertos comportamientos preelectorales que, rigurosamente medidos, se emparentan con la movilidad de las encuestas. El llamado Teorema de Baglini” (ex legislador nacional) enunciado en 1985, sostiene que “cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos y cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”. Algo de ello se ha percibido en esta campaña, demandando una lectura minuciosa y desapasionada del electorado. La cultura de la ética política siempre será mucho más trascendente que el salvador fotoshop.

Luis María Serroels
Especial para INFONER

El contenido, el tono y el grado del golpe bajo entre adversarios circunstanciales se recalentaron fuertemente a medida que se acerca la fecha para las PASO del domingo 11 de agosto, una contienda que en el fondo no es más que una vulgar encuesta. El presupuesto que se previó para los gastos que demande el calendario electoral de este año, la suma de $ 7.821 millones, de los cuales unos 3.000 financiarán las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. Nada garantiza que los resultados de de esta consulta se reproduzca en el acto electoral de octubre y de ello da un ejemplo lo ocurrido en 2015 en que los resultados terminaron revirtiéndose.

La percepción y análisis de los sufragantes tras el abrumador vendaval de spots que saturaron los medios, obliga a las consabidas meditaciones. Ello definirá este domingo la dimensión del ascenso de unos y la caída de otros.

Los que aman la política votan con el corazón pero también con la razón.

El candidato que tiene una clara idea traducida en propuestas posibles y generadoras por sí mismas de consenso (y principalmente confianza), debe hacerse fuerte frente a la diatriba barata. Ello supone esquivar golpes bajos, no devolver agresiones y mucho menos utilizar falacias que, invariablemente, rebotan en su contra. El crítico, periodista y novelista francés Alfonso Karr, dijo que “cuando la calumnia no logra dañar al destinatario, se vuelve contra quien la lanzó”. El progresivo endurecimiento revelado en los más diversos spots va de la mano de los índices de consenso que exhibe la encuesta íntima que se guarda bajo siete llaves. Aunque suene simplista, el quiebre ético constituye un mensaje que, lejos de otorgar réditos a su generador, termina revelando debilidad y temor (y paralelamente llevando tranquilidad a los adversarios).

Posando una mirada retrospectiva sobre anteriores campañas, se advierte que las reglas de juego se han ido oxidando y suplantando por actitudes impropias que, en vez de copiarle al citado Savater, optan por el camino de la descalificación que termina restándole autoridad moral al atacante. El mensaje agresivo quita respaldo y termina dándole buenas noticias a los otros competidores. Ello es más repudiable aún cuando los embates provienen de personas con muchas cuentas por rendirle a la justicia penal y que, inexplicablemente, la justicia electoral posibilita. Cuando a ciertos candidatos los une más el temor que los preceptos y las ideologías, es que el interés principal tiene tufillo a impunidad. Y en la rueda de la publicidad, lo que no puede lograr la inteligencia lo obtiene la falacia. Así como los malos políticos nunca admiten un pasado que los condena, aquel que traicionó una vez lo volverá a hacer.

Las forzadas reconciliaciones por extrema necesidad, son como los maquillajes que desaparecen tras el primer lavado.

El gran protagonista de estos tiempos de campaña ha sido el fotoshop que mejora el rostro pero no disimula las mañas. Las encuestas serias no son impulsoras de agravios. Los agravios son producto del implacable lenguaje de las cifras cuando llegan al escritorio de los candidatos. Es parte de los misiles que surcan el aire para destruir adversarios ante la amenaza de la caída propia. Es una lucha previa frente a la peligrosa fatalidad de ser descartado en un cuarto oscuro.


Defender las ideas propias sin descalificar a las ajenas, es un basamento esencial de la convivencia democrática y símbolo de madurez y tolerancia. La ofensa al final termina siéndolo contra la capacidad reflexiva del electorado.

Parafraseando al asesinado presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy (1961-1963), no preguntemos qué puede hacer nuestro país por nosotros; preguntemos qué podemos hacer nosotros por nuestro país”.

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