La Pachamama… la mujer que nunca se fue

¿Quién era esa mujer de mirada de agua, con la fuerza de un tractor? ¿Quién era la propietaria de esa voz tan clara, de ese mensaje tan convencido? ¿Quién era esa artesana de la vida? Nelly Perla Pivas de Bibel, apodada “la Pachamama”, fue un símbolo de la histórica lucha de Gualeguaychú contra las papeleras.

Por Fabián Magnotta*

 
Se la recuerda envuelta en banderas de Argentina y de Entre Ríos, con su poncho y su sombrero y el paso lento de una persona robusta. También por sus ojos celestes y su sonrisa amplia, y además por su voz y su palabra, con las que abría como la primera oyente las mañanas periodísticas en Radio Máxima, con su ya clásico e inconfundible saludo: “Buenos días Gualeguaychú, buenos días en las trincheras de Arroyo Verde”. En sus múltiples mensajes, siempre pronunciaba la palabra “Pachamama”, que casualmente terminaría como el apodo que la identificaría hasta el final.

Nelly Perla Pivas había nacido el 5 de julio de 1941, hija de María Luisa Mazaeda y Pablo Pilar Pivas. Murió a los 68 años, en 2009, cuando ya había marcado huellas en el camino de la lucha social.

Iba a la escuela “cortando campo”, relata su sobrina, María Angélica Pivas. Calzaba alpargatas viejas que se mojaban en la escarcha; y en la escuela se colocaba las secas que llevaba en una bolsa.

La chacra donde nació no era una chacra: era una postal. En su frente, un gran patio de piso de ladrillo, la bomba de agua y el lavadero. Y un molino. Las dos mujeres de la casa tenían todo “impecablemente barrido”. Había plantas y muchos rosales. Naranjos, un olivo, varias higueras, un nogal, cipreses grandes, el tinglado del ordeñe. Un gran estanque con peces de colores. A media tarde, el olor a los azahares se volvía inolvidable.

Aprendió todas las actividades del campo. La familia compró el almacén que era de la familia Cigliutti-Pivas, frente al Instituto Agrotécnico. Allí atendió el boliche de ramos generales. Despachaba granos, kerosén, harina, comestibles y los productos de la chacra. Caramelos y alpargatas. Hizo otras tareas cuando se casó con Elbio Bibel, con quien tuvo tres hijos varones.

Descubrió en la lucha comunitaria su vocación final. Reclamaba a los gritos que no se contaminara el río. Para ella, amar la vida era amar su vida: la naturaleza.

Para cumplir un último pedido, sus cenizas fueron arrojadas sobre Arroyo Verde, donde por 1000 días se hizo un corte total de la ruta.

La extrañamos en silencio. Regresa a veces cuando la música de la voz clara y firme se filtra entre los árboles. Y nadie se percata, dice Spinetta, que los árboles murmuran. Labradora del milagro de su eternidad tan sencilla.
Se movía pesadamente cuando las mayorías la conocieron. Ya no sería Perla, ni Nelly, ni siquiera la Pachamama. Ya era “la Pacha”. Caminaba ayudada por un bastón. Sobre sus espaldas llevaba el amor a su familia y a la tierra, la decisión de dedicar sus últimos años a la lucha de todos, y el incondicional aroma de los azahares de la chacra paterna del Gualeyán.

 

 

*el autor es escritor y director periodístico de Radio Máxima, de Gualeguaychú. Escribió este texto para
el libro MUJERES DE GUALEGUAYCHÚ, del Grupo Itén.

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