La peor semana del macrismo: Schiaretti reelecto, Cristina vice, y una nueva derrota en La Pampa

Las cosas no parecen haber mejorado para el gobierno de la alianza Cambiemos. En el plano político, de cara a octubre el panorama se enturbia tras las sucesivas derrotas electorales en Córdoba (con el gobernador peronista Juan Schiaretti superando al abanderado del presidente, Mario Negri, por treinta y seis puntos) y La Pampa (una derrota esperable pero igualmente significativa del radical Daniel Kroneberger por veinte puntos ante el peronista Sergio Ziliotto).

 

Por Felipe Galli – estudiante de Ciencia Política

 

En ambos casos, el oficialismo no solo fracasó en obtener la gobernación sino que perdió el control de las intendencias de las capitales provinciales, Córdoba y Santa Rosa, esta última a manos del kirchnerismo.
En el medio de las dos compulsas electorales, Cristina Kirchner anunció sorpresivamente que será candidata a vicepresidenta en fórmula con Alberto Fernández, echando por tierra todos los pronósticos de una competencia que parecía encabezada entre el presidente y su predecesora.

 

Comenzaremos por repasar lo sucedido en Córdoba.

Se trató de la más devastadora pérdida electoral para el gobierno de Macri, ya que hasta entonces Córdoba, aunque gobernada por el PJ desde 1999, constituía el mayor bastión para el macrismo en cuanto a votos en las elecciones nacionales. La vertiente peronista fundada por el difunto José Manuel de la Sota y secundada por Schiaretti, habitualmente enfrentada con otros sectores, como el kirchnerismo o el menemismo, se benefició de la división de sus opositores, pues desde la vuelta de la democracia el Partido Justicialista como tal solo obtuvo victorias en Córdoba al renovarse la presidencia de la Nación en 1995, 2003 y 2011.

Por ser, además, el segundo distrito más poblado del país, Córdoba ha ejercido un papel clave en las dos únicas ocasiones en las que un presidente resultó electo sin triunfar en la provincia de Buenos Aires. Primero con Hipólito Yrigoyen, en 1916, la primera elección bajo sufragio secreto, y luego con Macri, en 2015. En ambos casos, a pesar de ser la elección más antigua y la más reciente, se dio la casualidad el presidente electo se impuso a sus competidores mayormente gracias a un muy abrumador resultado en Córdoba (67% para Yrigoyen y 71% para Macri).

En esta elección gubernativa, sin embargo, se dio la novedad de que el peronismo concurrió unido, mientras que Cambiemos, dividido. La fuerte interna dentro del radicalismo por la candidatura gubernativa entre Mario Negri y Ramón Mestre llevó a que la primaria entre ambos (destinada a tener lugar el 17 de marzo) se cancelara, concurriendo Negri bajo el sello de Cambiemos, y Mestre bajo la histórica Lista 3 de la Unión Cívica Radical.

Días después de la división del oficialismo nacional, el candidato del kirchnerismo, Pablo Carro, abandonó la contienda a favor de Schiaretti para evitar una división del voto peronista.

A pesar de que prácticamente desde el anuncio de la división del radicalismo se daba por sentado que Schiaretti ganaría, nadie esperaba que arrollara tan abrumadoramente a sus competidores. Con un 53.97% de los votos, Schiaretti ha obtenido el mayor resultado histórico para el PJ de Córdoba desde su fundación, superando al 51.84% que lograra De la Sota en 2003.

En contraste, Negri y Mestre (con un 17.78 y un 10.94%) juntos no superaron el tercio de los votos, ni siquiera un 30%, lo que disminuye cinco puntos el resultado logrado por Oscar Aguad (a solo unos pocos puntos de Schiaretti) en 2015. La diferencia, de 36.19 puntos, nunca ha sido tan alta en ninguna elección de la historia electoral cordobesa.

A pesar de que es una tragedia electoral para el macrismo el fracaso gubernativo, sin duda la mayor sorpresa de la jornada fue la derrota en Córdoba capital, bajo el control del radicalismo desde hace ocho años y que el peronismo no ha gobernado desde la vuelta de la democracia. El vencedor, con algo más del 37% de los votos, fue el diputado peronista Martín Laryora, vicegobernador de Schiaretti hasta 2017.

 

 

Un escenario similar, aunque no tan trágico debido a su escasa población y a su habitual caracterización como bastión peronista férreo, fue el de La Pampa.

 

Sin embargo, no deja de ser otra derrota, teniendo en cuenta que, aunque por muy poco, Macri también ganó ahí en el ballotage de 2015.

Este febrero, La Pampa fue el primer distrito donde se celebró una elección, aunque se trató de un particular sistema de Primarias Abiertas en el que solo era obligatorio que votaran los afiliados, y al mismo tiempo, solo una coalición, Cambiemos, realizó una interna, aunque el peronismo también celebró primarias a nivel municipal.

En esta ocasión, La Pampa cobró importancia nacional cuando el diputado radical Daniel Kroneberger, hasta entonces un total desconocido para prácticamente todo el mundo, venció por arrollador margen a su competidor macrista Carlos MacAllister, provocando el primer revés electoral para el PRO en el año y un resurgimiento notorio para el partido centenario, llevando a que por mucho tiempo los medios jugaran con la idea de que la UCR presentaría un candidato presidencial propio.

Simultáneamente, las internas municipales peronistas cobraron también importancia cuando el kirchnerista Luciano Di Napoli, referente de La Cámpora, venció a sus competidores en la puja por la candidatura justicialista a la intendencia de Santa Rosa, la capital provincial, gobernada por el radical Leandro Altolaguirre. Aunque la fórmula gubernativa quedó en manos de Sergio Ziliotto sin internas, el triunfo de Di Napoli fue el primer guiño para muchos, tanto dentro como fuera del distrito pampeano, de un “retorno” del kirchnerismo.

Con este escenario, en La Pampa para el macrismo surgían dos enemigos importantes: el interno, encarnado en una posible precandidatura radical a la presidencia, y el externo, encarnado en un posible renacimiento electoral del kirchnerismo, que conservó su preponderancia en la mayoría de las PASO realizadas desde entonces.

Finalmente, las peores expectativas se cumplieron, Ziliotto se impuso a Kroneberger por más de veinte puntos (52.66 contra 31.83%), mientras que Di Napoli venció a Altolaguirre, que buscaba la reelección, y se consagró como próximo intendente de la capital pampeana.

La victoria de Schiaretti, para empezar, supone un importante espaldarazo para la precandidatura de Roberto Lavagna. Sin embargo, la misma chocó unos pocos días después con el anunció de Cristina Fernández de Kirchner de que no irá por la presidencia, como se creía, sino como compañero de fórmula del ex Jefe de Gabinete Alberto Fernández.

Sin embargo, tanto Schiaretti como Lavagna han declarado que Alternativa Federal no pactará con el kirchnerismo en ninguna de sus expresiones, lo que socava la idea de una unidad del peronismo de cara a octubre, complicando las esperanzas de la recién proclamada fórmula Fernández – Fernández. Esto diferencia a Schiaretti de varios de los gobernadores del peronismo no kirchnerista: el entrerriano Gustavo Bordet, la fueguina Rosana Bertone, el tucumano Juan Manzur, el riojano Sergio Casas, y el chaqueño Domingo Peppo, que se despegaron de Alternativa Federal para adherir al frente encabezado por Fernández, bajo el alegato de varios referentes peronistas de que “el límite es Macri, nunca un compañero”. El salteño Juan Manuel Urtubey, por su parte, se mantuvo en la postura de constituir a Alternativa Federal como una “tercera vía”, rechazando adherir al frente.

Entre las figuras no peronistas que apoyan a Lavagna están un importante sector del radicalismo, que el sábado pasado decidió en la provincia de Buenos Aires apoyar a la gobernadora María Eugenia Vidal para buscar un segundo mandato, y el 27 de mayo definirá si revalida también la coalición con el PRO a nivel nacional (y por lo tanto, avala la reelección de Macri). Sin embargo, el principal aliado no peronista de Lavagna es el candidato socialista a gobernador de Santa Fe, Antonio Bonfatti, que de obtener su segundo mandato no consecutivo en la elección venidera, daría un segundo espaldarazo importante al candidato que obtendría, de este modo, un amplio apoyo político en dos de los distritos más grandes del país.


Pese a esto último, las encuestas a Lavagna francamente no le dan el apoyo requerido para llegar a un ballotage (aunque es probable que el ambiente que genere las condiciones para predecir el resultado de la primera vuelta presidencial aparezca después de las PASO), y el hecho de que gran parte de los gobernadores peronistas hayan apostado por Fernández hace que el apoyo de Schiaretti, Bonfatti y Urtubey, aunque importante, resulte insuficiente para romper la polarización.

La precandidatura de Cristina Fernández a la vicepresidencia es, por lejos, una de las mayores sorpresas políticas desde la instauración de la democracia, así como desata un sinfín de incógnitas que, de modo sutil, han logrado restaurar una polarización que parecía cada vez más decadente.

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