La política y la búsqueda de la felicidad

El tema podría haberse incluido aprovechando el proyecto de reforma de nuestro Estatuto provincial en 2008, pero no se hizo. Se trata del “derecho a la búsqueda de la felicidad”, que con algunas diferencias que no modifican su esencia se ha venido incorporando al andamiaje jurídico-institucional de varias naciones.

 

Luis María Serroels
(Especial para INFONER)

En esta columna nos remitimos a documentación contundente que sostiene lo acertado de contar con semejante norma. Como se verá, buscar la felicidad muy lejos está de ser algo insustancial. Vale la pena adentrarse en ello.

Es imposible desarrollar el tema sin remitirnos a la figura de Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos y uno de los Padres Fundadores de la Nación, principal responsable de la enmienda que posibilitó incorporar a la Constitución de su país el derecho a la búsqueda de la felicidad (había sido quien dio forma a la Declaración de los Derechos del Buen Pueblo, del Estado de Virginia (12 de junio de 1776), que precedió a la Declaración de la Independencia de Estados Unidos (4 de julio de 1776). Jefferson propuso añadir tres palabras del filósofo y médico inglés John Locke: vida, libertad y propiedad, reemplazándolos por “búsqueda de la felicidad” como visión de los Derechos Humanos, donde representa la visión aristotélica de la plenitud del ser.

Pero también el valor de la felicidad se plasma en la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano del 26 de agosto de 1789, en cuyo Preámbulo los representantes del pueblo francés (constituídos en Asamblea Nacional) abordan el desprecio y el olvido de los derechos del hombre como única causal de los males públicos y consagran la búsqueda como un derecho que ha sido y es reconocido por varias constituciones.

En Brasil se debatió seriamente la incorporación de este derecho sosteniéndose que “son derechos esenciales para la búsqueda de la felicidad la educación, la salud, la alimentación, el trabajo, la habitación, la seguridad, la providencia social, la protección a la maternidad y a la infancia, la asistencia a los desamparados en la forma de esta Constitución”. Se lo consideraba un derecho inalienable del individuo. “Ello exige como condición esencial los derechos sociales”, decía Cristovam Buarque, ex ministro de Educación, sosteniendo que “los derechos sociales son algo abstracto para el individuo, pero el derecho a buscar la felicidad por medio de la educación comienza a interiorizar el derecho social”.

Reafirma que “no se propone el derecho a la felicidad, sino el derecho a buscarla por medio de la educación, la salud, la seguridad. Esto ayuda a la población a entender la importancia de esos derechos”. Y cierra su lúcida concepción enfatizando que “no es fácil buscar la felicidad cuando no se tiene dónde vivir, atención médica adecuada o un empleo que garantice un salario digno”.

Por su parte Luis Ernesto Aguirre, especialista en derechos humanos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (Méjico), subraya que “la felicidad aparenta ser un término subjetivo, pero su búsqueda reconoce fundamentos objetivos”. Y agrega que “la felicidad es el respeto a la dignidad del cuerpo, la razón y la espiritualidad (…) en el marco legal, el derecho a la felicidad no es un fin en sí mismo, por el contrario, es una meta que se conquista a través del cumplimiento de los derechos humanos”. Remata el catedrático expresando que tal derecho “es una garantía que deben promover los estados democráticos”. Naciones desarrolladas han incluido en sus preceptos superiores la defensa de este derecho.

En la Ley Suprema argentina se garantizan innumerables derechos pero no se los engloba taxativamente como instrumento para la búsqueda de la felicidad. En la reformada Constitución de Entre Ríos, el artículo 16º reza que “la provincia reconoce y garantiza a las personas el derecho a la vida y, en general, desde la concepción hasta la muerte digna. Nadie puede ser privado de ella arbitrariamente.”. Como se ve, ninguna mención sobre la cuestión que abordamos.

Por ahora en nuestro país el derecho a la felicidad muy mal entendido, lo han venido ejerciendo ciertos funcionarios corruptos para llenar delictuosamente sus bolsillos y pasarla bien el resto de sus días sin que nadie –incluso la justicia- los moleste. Hubo quienes sacrificaron la vida para darnos una gran patria y otros que sacrificaron la patria para darse una gran vida. A unos y otros todos los conocemos.

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