La semana sin Micaela

Primero se apuntó al novio, luego se habló fuertemente de la hipótesis del suicidio; pero desde que el Renault 18 Break apareció en escena, la investigación dio un giro. Exactamente una semana después de su desaparición, el cuerpo de Micaela fue encontrado desnudo y sin vida en la zona rural de Gualeguay.

Por Sabina Melchiori

 

#DóndeEstáMicalea. Así, escrito todo junto y con el símbolo de numeral antecediendo a la frase, fue el hashtag que se usó para hablar de la desaparición de Micaela García, una chica de 21 años que nació en Concepción del Uruguay, que era la única mujer -y además la mayor- de cuatro hermanos, hija de Andrea y Yuyo, campeona panamericana de gimnasia rítmica (disciplina que hizo desde los 9 y hasta los 16), referente del PJ Evita de su ciudad natal; que estaba de novia -desde hacía dos años- con Alejandro, y cursaba el cuarto año del profesorado de Educación Física de UADER, en Gualeguay. Eso entre tantas otras actividades y características que ayudarían para seguir conociendo a Micaela.

El viernes 31 de marzo se hizo la fiesta del ingresante en el boliche King, de Gualeguay. Micaela entró con sus amigas pero se fue sola, según muestra la cámara de seguridad. En el camino iba chateando con su novio: “Pateando al dpto” fue lo último que le escribió. Esa tarde, la del 1 de abril, Micaela tenía un Baby Shower en San José, pero Micaela ni siquiera llegó a su departamento. Allí quedó su mochila preparada, con la billetera, sus documentos y el pasaje ya comprado.

¿Dónde está Micaela?. Poco a poco esa pregunta fue convirtiéndose en el tema principal de toda charla. Primero entre las amigas y los familiares; luego entre los vecinos de Gualeguay, en Concepción del Uruguay; más tarde en el resto de la provincia y a partir de ahí, rápidamente se convirtió en título de los medios de difusión nacional.

La tranquila Gualeguay, que suele ser de esos lugares donde nuncapasanada, se transformó en cuestión de horas.

Los postes de alumbrado público fueron empapelados con la carita sonriente de Micaela, junto a una breve descripción y el número de teléfono de su mamá. Luego se colocaron en las vidrieras de los comercios y en las lunetas de los autos, afiches más grandes que decían “Buscamos a Micaela”.

Llegaron colectivos con efectivos policiales de otros puntos de la provincia, buzos tácticos del Cuerpo de Operaciones Especiales para buscarla en el río, autoridades gubernamentales, medios de difusión nacional con sus llamativos móviles llenos de antenas, había periodistas por todas partes.

Los grupos de jóvenes, amigos, compañeros de Facultad o de Militancia de Micalea, fueron ocupando de a poco los sectores de la plaza Constitución más cercanos a la Jefatura Departamental de Policía. Armaron carpas, gacebos, llevaron garrafas para tener gas y poder calentar el agua para el mate; pan, frutas, verduras. La Muncipalidad les aportó baños químicos allí mismo, en la plaza.

El martes por la tarde se pusieron todos de pie y estuvieron casi media hora aplaudiendo sin parar, de cara a la Jefatura, y con pancartas que reclamaban la aparición de Micaela con vida. La noche siguiente fueron más. Según informa la prensa, unas 5 mil personas marcharon por ella. Los vecinos no podían creer que un hecho así estuviera ocurriendo en Gualeguay.

El final a tanta incertidumbre llegó exactamente una semana después de aquel sábado. A Micaela la encontraron muerta en cercanías a la Estancia Seis robles, de Gualeguay. No la buscaban ahí, los rastrillajes se venían realizando al otro lado de la Ruta Nacional 12, en el barrio Dunat y en la zona del balneario Paso Alonso, donde un día antes habían encontrado su short, una sandalia y las llaves de su departamento.

Se sospecha que el asesino fue un violador serial llamado Sebastián Wagner, dueño del Renault que las cámaras de seguridad captaron circulando por el Dunat y Paso Alonso. Wagner, quien gozaba de libertad condicional por delitos de violación, se fue de su casa de Gualeguay apenas tomó resonancia la búsqueda de Micaela. Desde entonces estuvo prófugo hasta ser detenido en Moreno, Buenos Aires, el viernes por la noche. Cuando la Policía lo encontró, intentó matarse, pero el percutor del arma que llevaban consigo, falló. Lo llevaron a Gualeguay y de ahí a un penal de máxima seguridad de Federal, en el norte de la provincia.

El sábado 8, la plaza Constitución era pura angustia. Los abrazos y las lágrimas no alcanzaban para encontrar consuelo y mucho menos una explicación. Lentamente empezó a escucharse el pedido de justicia. Y tomó tanta fuerza que se replicó en todo el país; y a las 8 de la noche, en las plazas principales se gritó el nombre de Micaela.

Después de una semana de buscarla y preguntarse qué le pudo haber pasado, Micaela apareció. Estuvo presente con su fuerza de guerrera en cada uno de los aplausos, en los puños en alto y en el grito que pide justicia y #NiUnaMenos.

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