La vida frente a un helado

El sol de la siesta anuncia a la primavera que desde hace unos días parece haberse instalado en nuestra ciudad. Ha vencido al invierno e invita a salir. Sobre todo a los adolescentes que migran como golondrinas en bandadas o en grupos reducidos buscando lugares para conversar.

Por Marta Ledri

 

Hay atmósfera de fiesta. Se palpa en el aire, en las vibraciones que manan de ellos. Muchos Colegios de Gualeguaychú festejarán mañana el Día del Estudiante.

Hay sol, hay un río y un parque cerca… Los jóvenes dejan su hibernación y salen seducidos por el paisaje entrerriano. Son tan frágiles ante el mundo como flores recién abiertas, tan crédulos ante los llamados de las tentaciones nocturnas que me regocijo viéndolos a la luz. Si hasta al celular han olvidado. Por un momento desaparece el fantasmita de Snapchat que se reduce a la velocidad de la luz y los forma en la inmediatez y el olvido; han roto las cadenas con los “fuegos” -falsas amistades virtuales que les han quitado el gusto por el diálogo cara a cara. No posan para Instagram porque el sol los enamora y redescubren la vida en contacto con la naturaleza. Hablan, se ríen, discurren. Por un momento han dejado de comentar las frases hechas en esa red social que se reduce a “Naa”, “Diosa”, “Potra”, “ Qué colero”, “Basta” y podría seguir con el empobrecido catálogo de expresiones. Su cronolecto es un sumario de enunciados estereotipados. El sol y la primavera harán que la flor del lenguaje que no es otra cosa que la manifestación del pensamiento brote. Esta noche habrá serenata para los docentes y seguramente- y lo lamento- caerá más de uno derrumbado por el alcohol. Mañana se pasarán tirados sufriendo una dolorosa resaca y el sol pasará inadvertido. Hoy en mi caminata capturé a estos jóvenes que con el celular inactivo se deleitaban con un helado, se ensuciaban, se convidaban…

Qué pasará por sus cabecitas- pensé. ¡Cuánto trabajo por hacer tenemos los adultos!. No repudiemos sus formas de comunicarse, al contrario, aprendamos a usarlas para desde ahí hacerlos reflexionar.
Hoy es un día para la amistad, para olvidar por un rato la tarea y volver a la bici o a los patines., o la ring raje aunque sea siesta y Gualeguaychú conserva costumbres de pueblo. Hoy es un día para atesorar y traerlo a la memoria cuando la adultez nos suma en la nostalgia.

Dos adolescentes, más cercanos a la infancia que a la juventud han salido después de clase a tomar un helado. ¿Hay algo más parecido a la plena felicidad que eso? Un instante pero no como el de Snapchat, un instante junto al otro, respirando el mismo aire, saboreando la crema helada y exponiendo la piel al sol que todavía no abraza.
Amistad, primavera, un helado en la mano y el río como mudo testigo de este cuadro vivo que nos alimenta la esperanza de que el futuro es prometedor ante tantos presagios oscuros. La primavera siempre regresará y el helado a la siesta a pesar del peligro de derretirse será una de las mejores cosas que guardarán estos niños en la memoria cuando crezcan.

 

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