Laicos, religiosas y sacerdotes le dieron una cordial bienvenida al nuevo Obispo

En la ceremonia de ordenación episcopal de Monseñor Héctor Luis Zordán, José Alejandro Vernaz habló en representación de los laicos, mientras que la Hna. Rufina Ramírez lo hizo en representación de las religiosas, y el Pbro. Jorge Leiva en representación del clero de la diócesis.

 

 

 

Palabras de José Alejandro Vernaz en representación de los laicos de la diócesis:
Querido Monseñor Héctor, ¡qué alegría tenerte entre nosotros!
Creo que te habrás enterado con cuánta expectativa esta Iglesia de la Diócesis de Gualeguaychú anhelaba tu llegada. Estamos muy agradecidos a Dios porque te llamó. Y muy agradecidos a vos, porque una vez más tu amor por estas ovejas que Él te confía, se ha traducido en un nuevo SÍ. Un sí que solamente nace de un corazón confiado en Dios.
Estos queridos hermanos sacerdotes te necesitaban. También las comunidades de religiosas y consagradas junto a esta comunidad de fieles laicos reclamaban tu presencia. Aunque nos hemos mantenido fortalecidos y esperanzados en la oración, una vez más y por un buen tiempo, hemos estado experimentando un vacío por la carencia de un Pastor. Por todo esto, ¡qué bueno es tenerte entre nosotros!
Llegas a nuestra Diócesis, en un año muy particular: estamos a tan sólo un mes de que esta comunidad diocesana cumpla sus 60 años. La Diócesis de Reconquista, en la que se encuentra tu Calchaquí natal, que te vio nacer hace 60 años, hace poco tiempo también arribó a su 60 aniversario. Reconocemos que Dios nos ha regalado, en este marco festivo, a un Padre que con sus particulares dones, viene a enriquecernos y a acompañarnos a seguir creciendo en nuestra vida de fe.
Hemos estado rezando por vos y nos comprometemos a seguir haciéndolo. Estamos dispuestos a contribuir con tu servicio aportando nuestros dones. A acompañarte en la búsqueda de la instauración del Reino de paz, justicia y amor que nuestro Padre Dios nos pide. A transmitir con convicción y certeza, la alegría del Evangelio en los distintos ambientes que compartiremos juntos y en los que nos desempeñamos.
Esta familia diocesana, integrada por los hermanos de los departamentos Gualeguaychú, Gualeguay, Ibicuy, Rosario del Tala, Uruguay, Victoria, te dan la más cálida y cordial bienvenida, con el deseo sincero de que siempre te sientas en casa.
Que la protección de María Santísima, en la advocación de Nuestra Señora del Rosario; la asistencia de San José y la intercesión de Santo Toribio de Mogrovejo, te animen y te sostengan siempre en tu pastoral episcopal. Y así contagies a los hombres y mujeres de este suelo de monte y río, el amor de los Sagrados Corazones de Jesús y María.
MONSEÑOR HÉCTOR, ¡BIENVENIDO A LA DIÓCESIS DE GUALEGUAYCHÚ!
¡Dios te bendiga! ¡SEA ALABADO JESUCRISTO!
Recibe un fuerte abrazo de todos cuantos te queremos.

 
Palabras de la Hna. Rufina Ramírez de las “Hijas de la Misericordia de la 3º Orden Regular de San Francisco” en representación de las religiosas y religiosos de la diócesis:
Querido padre y Hermano, Mons. Héctor Luis Zordán:
Bienvenido entre nosotros, te recibimos con alegría, esperanza y entusiasmo, para caminar juntos.
Te queremos contar que la Vida Consagrada en esta Diócesis somos una pequeña porción: Somos Pocos, Pequeños, Pobres, vivimos la experiencia de la minoridad, pero permanecemos unidos, esperanzados, en comunión de carismas y en la animación mutua.
Todavía estamos saboreando la riqueza que nos dejó el “Año de la Vida Consagrada” y el “Año de la Misericordia” que oportunamente, por inspiración del Espíritu Santo, lo proclamó nuestro querido Papa Francisco; ambos eventos nos recordaron lo esencial, lo que es propio de nuestro ser de consagrados, para vivirlo con más hondura: la alegría del seguimiento del Señor, el ser discípulos y discípulas, al servicio del Reino, que por vocación somos misioneros y misioneras de la misericordia de Dios hacia el mundo.
La Vida consagrada en Argentina y en América Latina ha optado por “escuchar a Dios donde la vida clama” a la luz del Espíritu y de los carismas fundacionales, a vivir una “mística de ojos abiertos” interpelados por la realidad y que aliente nuestra búsqueda de plenitud de sentido.
Deseamos vivir la alegría del Evangelio abrazado, desde nuestra condición de consagrados, desde nuestra vida comunitaria, desde nuestros compromisos pastorales, desde nuestras tareas cotidianas, desde nuestro deseo de vivir una cordial eclesiología de comunión, en clave de encuentro y anuncio, diálogo y servicio. Queremos vivir el presente con Pasión, el Futuro con Esperanza, testimoniando al mundo la belleza del seguimiento de Cristo, con humildad, servicialidad y austeridad.
Te recibimos con esperanza, te necesitamos como Pastor y guía; cuenta con nosotros/as, comprometemos nuestra oración y te esperamos en nuestras asambleas y encuentros.
De nuevo, bienvenido Monseñor…

 
Palabras del Pbro. Jorge Leiva en representación del clero de la diócesis.

Dijo san Agustín: “Con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo”.
Obispo Héctor Luis:
Con nosotros sea oveja del redil, para nosotros sea pastor que conduce, que entrega la vida.
Camine con nosotros como cristiano, vaya delante de nosotros como obispo.
Sea con nosotros en esta casa comunitaria hijo humilde delante del Eterno Padre, hijo en el Hijo; y sea para nosotros un padre que acompañe, proteja, consuele y ponga límites.
Un padre que vele para que los hermanos mayores de la familia no se aprovechen de los menores.
Sea con nosotros un cordero herido, consciente de los límites y de la necesidad de ser salvado y sea para nosotros un médico en virtud de las santas llagas del Servidor doliente (doliente y glorificado como lo contemplamos hoy en la Liturgia).
Sea con nosotros discípulo que con alma enamorada escucha de rodillas al Divino Maestro y sea para nosotros maestro que educa en la fe de la Iglesia católica y apostólica; y sea para nosotros también misionero con la dulce y confortante alegría de evangelizar.
Sea usted servidor de la multitud del Pueblo de Dios congregado a imagen de la Trinidad y ayúdenos con tierna exigencia a los presbíteros, a los diáconos, a los consagrados y a los agentes pastorales laicos a lavar los pies de los hermanos sobre todo de los pobres y de los pecadores que son los preferidos del Sagrado Corazón.
Ah. Y…(si no es mucho pedir) Usted que ha sido misionero de los corazones de Jesús y María siga recibiendo misericordia y denos de beber de esa misericordia que brota del Costado Herido y del Corazón de la Santa Madre.
Bienvenido! Rece por nosotros; rezamos por usted.

 

Foto: Celso Bel

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