#Legislativas – Qué me dice tu imagen: los tuits de los candidatos

Cuatro candidatos, cuatro perfiles diferentes en redes sociales.

Por Verónica Toller (*)

Construir imagen va mucho más allá de tomarse una foto. La “imagen” es interior, habla de percepciones, de intangibles, y es la suma de experiencias, voces, hechos, actitudes, intervenciones… Remite al prestigio o reputación de la persona, marca, empresa, productos, servicio, negocio, según se trate. En medios, la imagen surge de la cobertura periodística independiente, a la par que de una elaboración que debe ser planificada por el agente de prensa o comunicador encargado.

Aceptado eso, convengamos en que, paralelamente, las “imágenes” desde una concepción tradicional (lo que se ve, lo que se muestra, la foto, el video, la entrevista, la voz) también pesan, y más en un día electoral. Están destinadas a “hablar” cuando las palabras no pueden usarse, generar atracción y deben tener fuerte poder de recordación. Se debe analizar y sopesar la dirección de la mirada, el lenguaje no verbal, los colores empleados. Siempre, menos es más: limpieza, contundencia de pocos pero decisivos detalles.

Dos de los candidatos lo saben bien y lo utilizan. Uno, agendado al día, ya, ahora. El otro, con su última intervención mostrando fortalezas de campaña.

Un tercer candidato ha olvidado por completo que la fuerza de la comunicación pasa hoy por las redes sociales. El ecosistema mediático del siglo XXI respira sí o sí en torno a las redes sociales. Ignorar este dato de la realidad es ir a un suicidio comunicacional.

La cuarta candidata lo sabe, y procura estar in y no out. Pero atiende a su red cuando puede. La evidencia de múltiples retuits señala una de dos: o la asfixian urgencias que pasan por el día a día sin dejarle tiempo para comunicar como se debe, o no tiene otra cosa para decir.

Para todos ellos: podrían haber utilizado la herramienta de “tuit fijado”. La mejor foto, el mejor mensaje, y fijarlo en la apertura de su timeline. Bahillo hace algo similar con la imagen mayor de portada: “Tu voz, al Congreso”, dice un cartel sobre fondo celeste, sin nada que distraiga de ello.

Veamos caso a caso.

1 – Atilio Bendetti, el candidato de Cambiemos, es el que muestra mayor aggiornamiento a las redes. Tempranito, se hizo tomar una foto en el comedor de su hogar, leyendo el diario, atento a la actualidad y confiando en que habrá “una fiesta de la democracia”. En 140 caracteres y una foto, procura decir mucho más de lo que aparenta. Si analizamos los marcadores de imagen de este tuit, encontramos:

  • Hombre de su casa (Benedetti no está en un café de la esquina o en el partido: se muestra en su hogar, busca afirmar a un hombre de familia).
  • Usa camisa blanca: un clásico connotativo de pulcritud (¿externa, interna?).
  • Lleva mangas arremangadas: alusión directa al trabajo y un guiño a la clase media (a la que Benedetti hace tiempo dejó de pertenecer).
  • Se muestra relajado, en control, tradicional (lleva reloj de fondo limpio, claro, sin ornamentos extra; el ambiente propone mobiliario de estilo, maderas cuidadas, un respaldo tapizado en cuero… Elementos que subrayan la imagen buscada).
  • Es frugal en su ingesta (apenas, un café mañanero; ligero a la par que energizante).
  • La presencia del diario no es inocente: leer las noticias remite a la idea de estar “al día” (y mirando agudamente: con los anteojos puestos). Atenti: Benedetti lee el diario papel; no usa su notebook o tablet ni sigue la actualidad desde su smartphone.
  • Smartphone que, sin embargo, está allí, a un costado, al borde de la imagen (el candidato es un hombre “conectado”).

Detalle: el observador siempre tiende a seguir el sentido de la vista del emisor. Benedetti nos conduce con su mirada a una página de diario. Podría interpretarse en el sentido de refrendar su inmersión en la realidad, aunque tal intencionalidad resulta dudosa. Más bien, podemos leer este detalle como un despiste del encargado de campaña. La mirada del candidato es un dato clave siempre. Podría haber mirado a la cámara, y los observadores le devolvíamos la mirada.

2 – Juan José Bahillo, del Frente Justicialismo Somos Entre Ríos, clavó su último tuit el 19 con tres imágenes de cierre de campaña, y allí las dejó. Es lo primero que sus seguidores ven si ingresan. Estratégicamente, la entrada es útil y mantiene una imagen de campaña sin que pueda ser acusado de romper la veda. Y acá sí, las camisas arremangadas y las camperas van acordes al partido.

Detalle: Bahillo saluda en una foto, junto a todos los candidatos de la lista; calla en otra y no aparece en la tercera. Interesante la foto del medio: no habla, está mudo, mira hacia abajo y escucha a Bordet. Periodistas y micrófonos nos conducen al gobernador de la provincia, mientras Bahillo aparece como espectador.

El candidato pudo haber hecho lo mismo (esto es, dejar un tuit instalado desde el 19 de octubre), pero centrado en él y no en Bordet. Claro, el gobernador es el número uno de la tropa. Si Bahillo buscaba darle preeminencia, pudo hacerlo desde un tuit propio, incluyendo una imagen de cierre de campaña y citando al gobernador con @ o un hashtag adecuado.

3 – Por su parte, Emilio Martínez Garbino aparece totalmente out. El candidato habla de elecciones, sí, pero se refiere a Ghiglione 2015. Increíble. Inaceptable. ¿Por qué mantiene abierto su Twitter si no lo usa? El gualeguaychuense parece haber optado por la comunicación a través de medios tradicionales, en los cuales no ha estado ausente. Sin embargo, para un candidato que hoy se juega una elección donde es cabeza de lista, exhibir como últimas entradas tuits de dos años atrás no parece muy iluminado. Como tampoco aparecer allí hablando de objetivos localistas y la “camiseta de Gualeguaychú”, mientras se postula para ocupar una banca nacional.

 

4 – Finalmente, Nadia Burgos muestra en sus dos últimos ingresos dos retuits (y de sus últimas 15 entradas, 11 son retuits también). En estos que aludimos, amplifica un llamado solidario (sensibilidad) y refiere al caso Maldonado. Como herramienta de comunicación con la gente, le falta voz propia y se limita a repetir lo que dicen otros. Regala su espacio y habla con boca ajena. Ya lo dijimos antes: o la asfixian urgencias que pasan por el día a día sin dejarle tiempo para comunicar como se debe, o no tiene otra cosa para decir.

(*) La periodista Toller se especializa en comunicación efectiva, lenguaje verbal y lenguaje no verbal. Es titular de las cátedras de Oratoria, Debate y Argumentación en la Facultad de Derecho de la Universidad Austral. Ídem, en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Montevideo.

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