¿LES? Un lenguaje que pretende incluir y excluye. Una irreverencia

Inútil, ímprobo y hasta irrespetuoso es querer cambiar un idioma como el español o castellano que tardó siglos en alcanzar su madurez. Una lengua no se forma de un día para otro, tampoco se impone. La lengua es un proceso dinámico y el signo lingüístico es sincrónico y diacrónico. Sincrónico porque todos los contemporáneos hablan y escriben con el vocabulario establecido y nadie puede cambiarlo a su antojo porque es una convención de usuarios parlantes, es diacrónico porque puede alterarse, por varios factores, a través del tiempo. Factores casi siempre bélicos, en el que el conquistador impone su lengua o si el conquistado tiene un idioma más perfecto termina imponiéndolo sobre los conquistadores.

 

Por Marta Ledri – Escritora y Profesora en Letras

 

El origen de nuestra lengua se remonta a los pobladores nativos- celtas e íberos cuyos vocablos quedaron como sustrato lingüístico cuando Roma invade España. Los soldados ya desconocían el latín clásico, nunca habían leído a Cicerón, las cinco declinaciones les eran desconocidas y llevaron el latín rusticus o vulgar que logró imponerse. No obstante la supremacía de este latín coloquial, los mercaderes fenicios y griegos en sus actividades comerciales habían dejado palabras. Aportes que fueron absorbidos. La invasión de los bárbaros, la de los visigodos rompe la unidad lingüística del Imperio romano y cada país queda aislado en convivencia con la nueva lengua: nacen así las lenguas romances.

Los musulmanes que invadieron España y estuvieron asentados ocho siglos aportan el 20 % de los vocablos que hoy perviven. Durante siglos la lengua de los castellanos que habían derrotado e incorporado a otros reinos cristianos se va fortaleciendo y como dice Menéndez Pidal actúa como una “cuña lingüística” escindiendo las lenguas mozárabes hacia el sur. Cada reino árabe que cae es un nuevo territorio para el castellano o lengua de Castilla (reino de castellum, castiello≥ castillo). Región guerrera adusta, sobria que imprime al idioma precisión pero al mismo tiempo enriquecida por los aportes de las otras culturas. El descubrimiento de América lleva de regreso a la corona frescas palabras que aluden a realidades desconocidas. El idioma se llena de color y matices.

Lento es el proceso de adquisición de esta legua. Se escribe en latín, se habla en un castellano vacilante, recién parido. Si hemos leído el Poema de Mío Cid, el primer monumento de la literatura española recordaremos la imprecisión del juglar. Por momentos es tiesta, cabeҫa (es una c con una vírgula cuyo fonema es” ts”) hasta cabeza o matina y mañana. La misma vacilación para la posición del artículo “De los sos ojos …” entre el artículo que va unido al sustantivo se filtra un posesivo. La lengua anda como puede, pero anda durante siglos afirmándose. Cervantes no hubiera podido escribir El Quijote si el castellano a partir del S. XVI no hubiera llegado a su madurez, a su esplendor. Los poetas del siglo de oro no hubieran constelado y opacado a los grandes líricos italianos si la lengua no hubiera estado lista para su utilización estética.

 

 

La lengua incluye, es una herramienta para unificar, para difundir, para delatarnos ante los extranjeros porque muestra nuestra pertenencia a una patria o a una “matria” lugar donde nuestra madre nos dio a luz. La lengua primera. Tal vez la que escuchamos durante nuestra vida fetal.

Incluir es hacer que la otredad hable como nosotros para que se sienta menos diferente y pueda comulgar con el “logos” ya que hablamos como pensamos y pensamos como hablamos.

Absurdo es que, por razones ideológicas y seguramente justos descontentos, se quiera cambiar una lengua milenaria por un capricho. Hay que normativizar. Escribir una gramática. Ser serios y respetuosos. El plural terminado en “es” es sólo para los sustantivos y adjetivos que terminan en consonantes: dios, dioses; metal, metales, sol, soles.

El género cambia o por a, o por terminaciones especiales: isa, ina, triz, esa; ejemplo:

poeta > poetisa

gallo > gallina

conde > condesa

emperador > emperatriz

 

Estas reglas que nunca terminan de aprenderse como la conjugación del paradigma verbal debe bastar para incluir.

Adhiero a que puede haber un dominio patriarcal en nuestro idioma que nace de guerreros y caballeros con armadura pero eso no le impidió a Garcilaso escribir su delicado soneto a una mujer:

“En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre;
marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.”

 

Los poetas de la generación del 27 y del 36 no echaron mano a la lengua para denunciar bajo hermosas y tristes metáforas el sufrimiento de la cárcel, del exilio, el hambre del pueblo español.

Esta pasajera moda del LES no tiene fundamento y paradójicamente excluye, expulsa del territorio de sus usuarios a los que simpatizamos con sus ideas pero las proclamamos y las defendemos con el idioma más bello por su claridad y sus dificultades verbales (lo dice cualquier extranjero). No ataquemos nuestra lengua, es un bastión que hay que defender. Enseñemos el uso correcto de su gramática para poder proclamar, argumentar, gritar si fuera necesario y que todos nos entiendan y nos escuchen.

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