Liebig, un pueblo singular sobre el río Uruguay

Nació como pueblo fábrica tras la llegada de una compañía inglesa dedicada a la elaboración de extracto de carne, motivo por el cual su diseño urbanístico, inspirado en el modelo ciudad jardín, es muy diferente al del resto de las ciudades entrerrianas. 

 

 

Por Sabina Melchiori

 

FOTO: Celso Bel

 

Está ubicado a 12 kilómetros de la ciudad de Colón, cabecera del Departamento al que pertenece, sobre la orilla del río a Uruguay, aunque su vinculación con el río no es la misma que la de las demás ciudades ribereñas. En Liebig el río fue durante años, a través del puerto, un elemento servil al funcionamiento de la fábrica.

La particularidad de esta pequeña localidad entrerriana es que nació -en los primeros años del siglo pasado- por iniciativa de una compañía inglesa dedicada a la elaboración de extracto de carne que decidió instalar allí un imponente frigorífico.

Al recorrer sus calles, puede aprenderse mucho de su historia, porque en aquellos sitios significativos se han colocado carteles con explicaciones escritas en español, inglés y portugués. En uno de estos carteles puede leerse que Charles Gunther, director de la compañía entre 1895 y 1931, se inspiró en el diseño de ciudad -jardín para el diseño urbanístico del pueblo industrial y que la compañía promovió el paternalismo social. Como estrategia para tener buenos trabajadores, les brindó un entorno agradable y con facilidades convenientes. Correo, biblioteca, capilla, cine, clubes de tenis, golf y fútbol eran parte del equipamiento social y deportivo.

 

 

 

La época de oro de Liebig fue durante las guerras mundiales. Mientras transcurría la primera, llegaron a faenarse 3000 animales por día. Durante la segunda, llegaban hasta su puerto barcos de ultramar provenientes de Italia, Noruega e Inglaterra.

 

 

 

El pueblo se formó como parte de la programación de la empresa, por eso es una localidad de estilo inglés. De un lado de la manga, por donde pasaban los animales, vivían los trabajadores en casas muy similares entre sí, mientras que al otro lado, en los chalets, vivía el personal jerárquico.

Su nombre es el del químico alemán Justus Baron Vos Liebig, quien en 1874 descubrió cómo obtener extracto de carne para poder conservarla.

En el centro del pueblo, en la plazoleta ubicada frente a la capilla, se conserva parte de lo que fue la extensa manga por donde caminaban miles de animales hacia el sacrificio, y se distingue, constituyendo el monumento más significativo del lugar, una enorme lata de corned beef.

 

 

La decadencia comenzó en 1970 pero al fábrica recién cerró en 1980. Hoy, Liebig está abocado al turismo, ofreciendo lo que lo distingue de cualquier otra ciudad en la provincia: su desarrollo urbanístico, su historia y su patrimonio arquitectónico. Hay pintorescas hosterías, restaurantes y, sobre la calle Eric Evans, un encantador museo de mariposas.

 

 

DATO

Quienes gusten aprender más sobre la historia de este pueblo fábrica, existe un valioso libro escrito por Ignacio Barreto, un ex trabajador de la empresa y habitante del pueblo, llamado “Liebig’s fábrica y pueblo”. Allí cuenta, por ejemplo, que hasta 1975 estuvo prohibido el asentamiento en el pueblo de toda persona que no estuviera relacionada a la empresa, por tal motivo, todos los habitantes tienen algún parentesco entre sí.

 

Ignacio Barreto

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