Lograr un ave fénix en pleno siglo XXI

Todos recordamos sus momentos más alocados, desde las salidas nocturnas, el rapado de cabeza y las internaciones psiquiátricas hasta el famoso golpe con un paraguas a un paparazi. Y recordamos cuando llevó una serpiente en sus brazos, su beso icónico con Madonna y sus legendarias performances junto al Rey del Pop y Aerosmith. ¿Qué es lo que verdaderamente define a una persona? ¿Merecemos que nos recuerden por nuestros grandes logros o por nuestros grandes desastres?

 

Por Paula Biondi  (*)

Para INFONER

 

Tocando fondo

 

Es una verdad universal que cuando una persona toca fondo, su vida pende de un delicado hilo. En el 2017 se cumplió una década de que Britney Spears hizo el check-out del infierno para no volver jamás. Un infierno que se caracterizó por ser una montaña rusa de situaciones que desembocaron en la pérdida de control de su vida. Su ruptura matrimonial, la pérdida de custodia de sus hijos y sus constantes internaciones psiquiátricas fueron sus grandes tormentos. Su propio padre se vio obligado a tomar las riendas de su vida en el plano financiero y personal. La intérprete de “Toxic” pasó de tener el mundo a sus pies a convertirse en una prisionera del propio medio artístico (paparazis, representantes), que aprovecharon su crisis personal para ejecutar todo un circo y un campo minado de críticas.

Nosotros, los espectadores, no nos quedamos tan atrás. Pareciera que todos fuimos (y somos) magistrados, al juzgar así tan libremente y con comodidad, sin haber vivido un solo día en ese falso paraíso. Muchos dirán que los artistas como ella tienen la vida perfecta al no saber lo que son los problemas económicos, viajes, placeres por doquier…, pero cuánto nos cuesta entender que la materialidad no llena (y nunca podrá llenar) del todo nuestros vacíos emocionales. ¿Acaso nosotros somos perfectos? ¿Que no buscamos a veces escapar de nuestras circunstancias actuales por el medio más fácil? ¿Nunca perdemos nuestro eje? La cruda diferencia radica en que los artistas siempre están expuestos en el laboratorio ficticio llamado Hollywood mientras que las demás personas no.

 

El Ave Fénix se luce

 

Tal vez, el descubrimiento filosófico más grande de Occidente (y uno de los más grandes para Oriente) sea el ave fénix. Una criatura capaz de consumirse en sus propias llamas y renacer en otro cuerpo, más glorioso y purificado. Indudablemente, una parte de ella se destruyó completamente, ya que hoy no vemos a la misma mujer que diez años atrás. Al presente, Britney se viste de trajes atrevidos pero gloriosos, fieles a su esencia rebelde y libre. Se reinventa irradiando una fortaleza nunca antes vista, junto a su independencia y autoestima. Lo más admirable de todo no es que supo dominar la “Ciudad del Pecado”, tener muchos premios o que logró encender su costado más humanitario (con la apertura de su fundación contra el cáncer femenino), sino por levantarse de sus propias cenizas y seguir adelante. Construirse nuevamente.

¿Somos nosotros tan distintos? En absoluto. Los knock-outs de la vida son los que nos ayudan a mirar en otras perspectivas, a tomar decisiones, convirtiéndonos en la persona que somos hoy en día. A través del dolor y la adversidad nos vamos moldeando, forjamos nuestra sabiduría y carácter. Todos somos un ave fénix, vamos mutando pero también nos vamos quemando en busca de ser (o sentir) algo más. Anhelamos amar y ser amados sin condiciones. Nos destruimos, pero también renacemos.

Lo único que hay que tener en cuenta es ajustar la brújula para ir siempre, pero siempre, hacia adelante.

 

(*) Estudiante de Abogacía en la Universidad Austral, Buenos Aires

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