LOS AGRAVIOS SON PRODUCTO DEL FRACASO

Perdón por la ironía pero imaginemos cuanta desazón le debe haber generado a los jefes de gobierno de la Unión Europea y sus pares del Mercosur, el enterarse de que un ideológicamente inestable político argentino con planes de llegar al poder y un ex ministro de Economía de la gestión K, coincidieron en descalificar el flamante acuerdo logrado entre ambos cuerpos, dando forma a un proyecto que se venía discutiendo nada menos que desde 1999. Es sugestivo que tal postura se haga pública sin conocerse con amplitud y profundidad de qué se trata y dejando de lado las múltiples reuniones que deberán hacerse hasta poner en movimiento mega operaciones comerciales, para lo cual resta aún la letra chica y buscar que ningún sector se vea perjudicado en sus intereses. El “experto” en relaciones económicas internacionales, Máximo Kirchner, rechazó enfáticamente este logro que muchos países celebran, olvidando que en 2014 su madre, en calidad de presidenta de la nación, no ocultaba sus esperanzas de avanzar en un pacto como el que se ha consagrado. Ya lo había proclamado en 2009. Es la política del “perro del hortelano”, alimentada por la envidia como el acto final de los estertores generados por al fracaso.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

Lejos están los días en que la estrecha política exterior del kirchnerismo sólo parecía posarse en la dictadura chavista venezolana, cuyo gobernante –en un gesto que se intentó calificar como patriótico- le prestó a nuestro país billetes verdes con un interés que casi duplicaba el que se aplicaba internacionalmente. Y su generosidad se exhibió enviando subrepticiamente al matrimonio K bolsos desbordantes de dólares mediante correos ad-hoc, hasta que una agente de aduana honesta y perspicaz les desmoronó la maniobra

Aquella circense misión a Angola incluyendo el traslado de una vaca, fue un acto muy triste de la seudo diplomacia kirchnerista.

Lo que el entente doble F no parece o no quiere advertir, es que no se trata de meros arreglos individuales con más o menos equilibrio, sino de un plan destinado a sentar junto a una misma mesa a dos bloques de países con intereses comerciales recíprocos.

Por estas latitudes se unieron Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Mercosur) y en el viejo mundo nada menos que 28 países con excedentes por un lado pero fuertes carencias por el otro. Las ácidas críticas desde el Frente para Todos es un agravio gratuito contra los presidentes que firmaron el documento.

Como se ha dicho, ambos bloques buscan reducir aranceles para sectores clave como el automotriz o el agrícola, donde producciones con alto valor agregado tengan llegada a importantes centros. Para ello se señala la vocación por el diálogo y la negociación desde ambos lados. El paso siguiente será conversar con todos los sectores involucrados para que nadie salga favorecido a costa de otro.

Según se destaca en las posiciones preliminares de los países involucrados del Mercosur, se establece un vínculo político, cultural y económico estratégico y permanente con la UE, con una normativa transparente y consensuada que reduce la discrecionalidad en la aplicación de las políticas económicas.

Además mejora la competitividad de la economía argentina, citándose que dinamiza las condiciones de acceso a bienes, servicios e inversiones, al reducir y eliminar restricciones, pero además simplifica procedimientos de operatoria comercial y facilita el acceso a tecnología.

Asimismo se habla de favorecer la integración regional y de establecer beneficios para PYMES integrándolas a cadenas globales de valor, amén de facilitar el incremento de la inversión extranjera. Se mencionan no menos de 30 productos argentinos que tendrán arancel 0 % a la entrada en vigor del acuerdo.

Lo lógico es aguardar que se termine de redactar la cuantiosa documentación que dará vida al pacto y haya logrado el debido consenso de los actores principales. Todo juicio terminante previo al conocimiento acabado de esta cuestión carecerá de validez.

 

Datos optimistas sobran:

Brasil avizora un incremento de U$S 87.500 millones en su PBI en 15 años, aunque cálculos más optimistas imaginan sumas mayores. La cancillería uruguaya estima en 800 millones de personas el mercado que se generaría y abrirá las puertas a un comercio bilateral de U$S 100.000 millones. No menor entusiasmo expresó el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez y la cancillería argentina consideró este hecho como “un hito para la inserción internacional de nuestro país, aumentando las exportaciones, promoviendo la llegada de inversiones e incrementando el PBI nacional”.

En el fondo, lo que más negativamente impactó en el ánimo de quienes conducen el Frente de Todos, es el encumbramiento internacional de Mauricio Macri (la TV mostró un consenso al cual se debe prestar mucha atención) y de allí que se adviertan ataques hacia su persona. No puede sorprender que Zulemita Menem se haya mostrado eufórica ante la noticia. Es que su padre en 1995 y siendo presidente, junto con su par francés Jackes Chirac, trazaron las bases de un acuerdo de libre comercio como una asociación estratégica.

Pero además, durante su mandato Raúl Alfonsín y el mandatario brasileño José Sarney fundaron el Mercosur como un gran paso hacia la inegración regional, sin imaginar la formidable expansión que alcanzaría con Europa. La prueba es este acuerdo global que acaba de alumbrarse para tantos millones de habitantes, significando el 20 % del PBI mundial.

El hecho histórico del cual da cuenta la prensa internacional, ha movilizado a muchos países del planeta que ven en este episodio un factor de desarrollo y progreso en tanto se van ampliando detalles de tan aguardado acontecimiento.
La reacción negativa de ciertos jerarcas del gremialismo no obstante desconocer los tramos más trascendentes de lo acordado en Bruselas, se encadena con las opiniones sin base suficiente en tanto, como hemos dicho, requiere tiempo para instrumentarse y entrar a funcionar aceitadamente.

La desorientación de algunos actores políticos especialitas en prejuciamientos, hace que este tiempo de agitadas aguas del electoralismo se convulsione aún más. El arco ideológico puede ser depositario de innumerables posiciones partidarias, pero cuando se arroja un gato dentro de una pelea de perros, la desorientación lleva a correr todos persiguiendo al felino. El acuerdo Mercosur-Unión Europea no generó estupor sino esperanza, porque aquí no hay nadie a quien perseguir sino muchos para integrarse a una mesa común. Porque en materia de abastecimiento, nadie lo tiene todo y nadie no tiene nada.

Estar ya de acuerdo o rechazarlo son posturas apresuradas que requieren un amplio conocimiento del tema. No viene mal recordar que un tratado, como tal, debe ser aprobado por el Senado Nacional y el debate se presume muy largo y no exento de rispideces entre los bloques. Según los que conocen a fondo el tema, el camino que previamente deberá recorrer la discusión internacional insumirá un larguísimo tiempo. Sería irracional que una cuestión de tamaña trascendencia nos lleve a abrir nuevas grietas. Odiar al que piensa distinto es una verdadera locura.

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