Los brulotes misóginos del señor Fernández

Aunque parezca mentira, aún subsisten mentes retrógradas y desvariadas que trasladadas a lenguas filosas terminan generando repudio. Días pasados un dirigente político habituado a declaraciones insultantes se dirigió a la gobernadora de la primera provincia argentina con palabras altamente ofensivas. Pero no lo hizo a su investidura y jerarquía, sino a su condición de mujer. Como era de esperar, semejante brulote despertó innumerables críticas y obró con un efecto bumeran sobre un bocón serial. Este gesto de misoginia –que descalifica sin miramientos al provocador-, merece ser abordado. Según la visión de la iglesia católica, existen siete pecados capitales: lujuria, ira, soberbia, envidia, avaricia, pereza y gula. Se los define como capitales porque ellos dan origen a otros vicios. Pero en un discutible alarde de creatividad y aceptando eventuales riesgos nos atrevemos a sugerir que se incorpore como octavo pecado capital a la misoginia. Sería una buena respuesta frente a tanto alarde machista.

Luis María Serroels
Especial para INFONER

Los que analizan el pecado, afirman que “no consiste sólo en un acto incumplido, sino también en un acto que se tenía que hacer”. En este caso del lenguaraz Aníbal Fernández, lo que no debía hacer era agraviar a una mujer pero además, al afirmar que antes que confiarle sus hijos a María Eugenia Vidal, se las entregaría al femicida serial Ricardo Barreda, un odontólogo que asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra, incurrió en un repudiable brulote.

El femicidio se comete cuando se ejerce violencia contra las mujeres por razones de género. Es un acto de subordinación, marginalidad y riesgo. En el caso del reciente agresor –repudiado colectivamente-, se advierte un contrasentido si se advierte que su opción política entraña reverenciar a una mujer que fue bautizada como Jefa Espiritual de la Nación: Eva Perón. La batalladora “rama femenina” seguramente debe sentirse muy agraviada por las comentadas expresiones.

La misoginia es una postura tan antigua como la humanidad misma y se ha traducido en el desprecio y desvalorización de la mujer.

Una subestimación, reducción, desprecio y menoscabo que algunos buscan atenuarlo a la luz de las desviadas costumbres patriarcales de entonces pero que hoy revuelven el estómago. Con mayor razón si diariamente nos enteramos de gravísimos ataques incluso con destino letal. La misoginia ha sido la fogonera principal del patriarcado.

Muchos lectores de este sitio se sorprenderán si les contamos que hombres considerados sabios y admirados por generaciones por sus aportes en distintas disciplinas, descubrimientos prodigiosos y soporte de la moral y la educación, contribuyeron con sus dichos a gestar las bases de la opresión hacia las mujeres. Largo y escabroso ha sido el camino hacia el reconocimiento pleno –por derecho natural y justicia inconmovibles- para que definidamente el mundo comprenda sus barbaridades cometidas al amparo de un machismo exacerbado que reinó demasiado tiempo.

El hombre siempre se autoprivilegió frente a la mujer, rodeándose de prerrogativas inaceptables. La actitud del machista no es alguien que pueda incurrir inocentemente en un mero “blooper”, sino un ser despreciable que actúa a conciencia bajo una supuesta superioridad. Se manifiesta como el odio y la aversión hacia las mujeres.

Pero no siempre se necesita de acciones violentas incluso con resultado de muerte, porque la mera exteriorización denigratoria ya constituye un acto femicida.

No han faltado posiciones de quienes han sostenido que la mujer está fundamentalmente para servir de molde para engendrar hijos. La mitad de la historia del mundo le corresponde a la mujer. Máxime si se consideran los inmensos aportes a las ciencias, el arte y todo aquello que deviene de su inteligencia, virtuosismo e inspiración creadora. Por prepotencia de trabajo, talento, esfuerzo y sacrificio, hoy a la mujer no hay nada que le resulte imposible, incluso su protagonismo en la política mundial y en las grandes acciones que demandan riesgos, se demuestra a diario.

Estamos seguros de que no pocos se sorprenderán grandemente al conocer de qué modo conceptuaban a la mujer no hace demasiado tiempo. Pero mucho más al enterarse de quiénes lanzaron estas manifestaciones degradantes. Citaremos un puñado de ellos con el añadido de frases que hoy sacudirían la sensibilidad hasta del más flaco en materia de sensibilidad.

  • “La mujer está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos” (Albert Einstein).
  • “Siempre he creído que las mujeres es todavía más efímera que su hermosura” (Ramón María del Valle-Inclán).
  • “Sólo el aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de la inteligencia ni a los grandes trabajos materiales” (Arthur Schopenhauer).
  • “En cualquier tipo de animal, siempre la hembra es de carácter más débil, más maliciosa, menos simple, más impulsiva y más atenta a ayudar a las crías. La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades” (Aristóteles)
  • «Aborrezco a la mujer sabia. Que no viva bajo mi techo la que sepa más que yo y más de lo que conviene a una mujer. Porque Venus hace a las doctas las más depravadas” (Fiódor Dostoievski).
  • “Es orden natural entre los humanos que las mujeres estén sometidas al hombre, porque es de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte” (San Agustín).
  • “Si por ventura alguna mujer quisiera aparecer como sabia, únicamente lograría ser dos veces necia: sería como intentar llevar un buey al gimnasio” (Erasmo de Rótterdam).

Considerados sabios y admiradores por generaciones, cultivaron una concepción que sirvió de base al patriarcado. Todo lo bueno que fueron dejando para la posteriodidad, se diluye por su in concebible pensamiento sobre las mujeres.

Aníbal Fernández pareciera poseer algún vestigio de aquellas figuras a la hora de descalificar a una mujer. La misoginia sigue siendo la herramienta de los fracasados a la hora de competir dentro de la política y en cualquier actividad humana.

La legendaria diseñadora francesa de alta costura Coco Chanel dijo que “una mujer debe ser dos cosas: quien ella quiera y lo que ella quiera”

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