Los que velan nuestra desidia

Seamos sinceros, a muchos nos cuesta el trabajo de separar los residuos. El tener tres bolsas, orgánicos/húmedos, inorgánicos/secos y patogénicos domiciliarios, el mirar el día que es para sacar una u otra, no son pocas las veces que estas situaciones, nos causan molestias.

Por Eugenio Jacquemain para La Revista


Gualeguaychú es conocida mundialmente por el cuidado del ambiente. La organización popular para enfrentar la instauración de pasteras, la ordenanza sobre el uso y acopio de glifosato, la obra fundamental de las lagunas sanitarias (hoy nuevamente puestas en valor luego de haberlas descuidado), la recuperación y mantenimiento de espacios públicos y como corolario, la recolección diferenciada de residuos, han marcado y acentuado en los últimos tiempos, la ciudad en la que nos gusta vivir.


Sin embargo, y pese al esfuerzo de la mayoría, hay un sector de nuestra población, que no hace lo necesario para adaptarse a una ciudad de todos. Pese a la voluntad y energía de los trabajadores municipales, que día a día recorren la ciudad, constantemente nos encontramos con papeles, botellas, bolsas y hasta objetos de gran porte abandonados en las veredas, calles, con micro o macro basurales en distintos lugares.

Los últimos años se han profundizado las políticas públicas del cuidado del medio ambiente, pero hay sectores que, por comodidad o desidia, se resisten a implementar muchas de ellas.


Cesar Massart tiene a su cargo el equipo integrado por Claudia, Carlos, Elina, Patricia, Pablo, Rubén, Esteban, Raúl y Walter, que son quienes diariamente se ocupan de enmendar lo que algunos usan como solución a sus problemas, ellos son los que se encargan de la lucha continua contra los micro basurales, el lado oscuro de una ciudad que quiere vivir mejor.


“Limpiamos todos los días distintos puntos de la ciudad, ya sean micro o macro basurales. Tengo nueve chicos a cargo, trabajan de seis de la mañana hasta las trece horas. Recolectamos aproximadamente 200 bolsas por día en diferentes lugares de la ciudad, salvo el lunes, que vamos todos a la chanchería, el predio ubicado en Misiones y Bvard Montana, ese macro basural es el más complicado, ahí agregamos ese día unas sesenta bolsas más”.

Massart


César asegura ver vecinos en carros arrojando desperdicios en la calle, pero también desde automóviles nuevos tirando bolsas en distintos lugares, abandonando sus desechos cerca de la casa de otro.


Los lugares más complicados

“Donde siempre volvemos es, como les decía principalmente a “La Chanchería”, Bvard. De María y Margalot, o Perigan también, calle de Tropas o Arroyo Gaitán principalmente”, señala César Massart, y agrega: “Esto es netamente un problema cultural, en un momento logramos sanear todo, pero desde la separación de residuos, hay gente que no acompaña, mezcla todo, y claro, cuando el recolector no lo lleva, busca subirlo al auto y tirarlo donde nadie lo vea o crea que eso no sucede, sin pensar que a pasitos de ese lugar, vive otro vecino que si se preocupa por su basura”.

Su cara denota más que bronca, dolor por lo que sucede: “Los chicos limpian alrededor de tres micro basurales por día y sin embargo reaparecen en esos u otros lugares, el trabajo de ellos es de hormiga, silencioso pero importantísimo para la salud de nuestra ciudad. Insisto que es un problema cultural no social, porque es transversal, hay gente que no se hace cargo de los residuos que genera, delega en el resto de la sociedad su problema, debe ser responsable de ese residuo y depositarlo donde corresponde, con eso no solo está haciendo las cosas bien en la actualidad, sino a futuro, con sus hijos, nietos, incluso deja una enseñanza en ellos de convivencia para una ciudad más limpia, más sana”.


Acordamos con él, que en nuestra ciudad hay gente que no tiene una cultura en el cuidado del medio ambiente, que no importa a que clase social pertenezca, que no se hace cargo del problema que genera en el resto de la ciudad, el arrojar su basura en cualquier lado, que condena a otros vecinos a hacerse cargo de ella, que contamina, no solo visual sino biológicamente nuestra ciudad. Cada vez que llueve, el agua arrastra.


“Esos otros vecinos, los que reciben la basura injustamente, pese a cumplir las ordenanzas y hacer las cosas bien, deben sufrir la desidia de otros”.


No solo son políticas de gobierno, no solo es el Estado Municipal el responsable de llevar adelante políticas de saneamiento ambiental, antes hay otros responsables, y somos cada uno de nosotros. La separación primaria de los residuos domiciliarios es nuestra responsabilidad, no alcanza con un Estado que apueste fuertemente al medio ambiente si, cada uno de nosotros, no actuamos como corresponde. Ese líquido oscuro que a veces se cuela por algún agujero invisible de la bolsa de basura y tan mal huele se llama lixiviado. ¿Cuántas veces hemos corrido a limpiar el piso de la cocina cuando se ha filtrado un poco del tacho donde teníamos la bolsa? ¿Por qué tiramos una bolsa a metros de nuestros vecinos y no nos importa? Imaginemos cada micro basural desprendiendo ese elemento y penetrando en la tierra, incluso con el riesgo que las napas estén altas. Su composición es altamente contaminante y tóxica. Transmite a la tierra cientos de compuestos tóxicos, que cuando llueve, pasan su medio de proliferan, como cucarachas, roedores, mosquitos contribuyendo a desmejorar la calidad de vida de nuestros vecinos.
Por el bien de nuestra salud y la de las futuras generaciones, con la idea de que verdaderamente sea una ciudad de todos donde convivamos con respeto, escuchemos a César y a quienes, día a día, silenciosamente, se hacen cargo de nuestros errores, todavía estamos a tiempo.

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