Los vacíos de poder (o por qué vivimos en un clima de campaña permanente)

¿Por qué los niveles de aprobación y rechazo de los principales actores del sistema político argentino se asimilan a un electrocardiograma? ¿Cuáles son los motivos para presentar rasgos de tanta inestabilidad electoral durante los distintos períodos de gobierno? ¿Por qué la opinión pública reviste de tanta volatilidad? ¿Por qué pensar a un año en nuestro sistema político parece una eternidad? ¿Por qué vivimos en un sistema político en permanente campaña?

 

Por Juan Pablo Castillo – sociólogo

El siguiente artículo tiene como objetivo responder a estas preguntas, haciendo foco sobre un aspecto recurrente en nuestra historia como país, los vacíos de poder. Poner de relieve esta temática, en definitiva, es preguntarnos por qué vivimos en un sistema institucional donde la volatilidad de la legitimidad del ejercicio poder es la regla y no la excepción. Es decir, cambian el contexto, las condiciones y sus motivos. La raíz no.

El vacío de poder es definido como la pérdida de apoyo circunstancial dentro de la propia base de sustento político, pudiendo devenir en pérdida coyuntural o en un desencanto, dependiendo de la situación que lo motive y su consecuente respuesta. A su vez, son sintomáticos y sistemáticos dado que son reactivos y no existe presidente ni partido político que no haya sufrido alguna vez fuertes altibajos dentro de su propia base electoral.

Para introducirnos en este fenómeno vamos a retomar una de las preguntas que se hacía el sociólogo alemán, Max Weber:

¿Por qué la gente obedece? Él sostenía que existen tres tipos de motivos por lo cual se hace.

1) Se obedece en la medida que se cree en características extraordinarias de un líder, es decir, en las decisiones tomadas producto de su extraordinaria cualidad

2) Se obedece porque se cree en tradiciones que dan un sustento de legitimidad a la decisión, o dicho de otro modo, la obediencia se produce porque “siempre fue así”, y

3) Se obedece porque existe un marco legal, o sea, porque “así lo marca la ley”.

Weber decía que estas motivaciones −o tipos de dominación como él los definió técnicamente− se pueden encontrar en distintos momentos y lugares de la historia. No obstante, lo que caracterizó el desarrollo de las sociedades modernas fue su proceso de racionalización formal. Dicho de manera simple, el desarrollo de los Estados modernos se produjo cuando la obediencia basada en tradiciones y/o liderazgos carismáticos fue reemplazada por una obediencia legal, formal y racional. Es decir, cuando la ley y no las tradiciones o cualidades extraordinarias e impredecibles de un liderazgo personalista determinaron los límites de acción de las personas. En definitiva, cuando primó un sistema sustentado en leyes, con procedimiento predecibles e impersonales.

Ahora bien, para analizar nuestra cultura política y aproximarnos a comprender el fenómeno de la volatilidad en la base de sustento electoral, abordaremos un aspecto central del sistema institucional argentino: su capacidad para la canalización y resolución de demandas ciudadanas. A tal efecto nos preguntamos ¿Hemos podido desarrollar dentro de nuestro Estado un proceso de racionalización formal para la canalización y resolución de demandas sociales?

Quizás la respuesta adecuada a esto sea sí y no, dado que la canalización de demandas sociales se produce mediante dos vías, una formal y legalmente constituida junto a otra informal pero legitimada sectorialmente. Esto es, existe un cuerpo de instituciones legalmente constituido para tal cumplimiento e intermediación pero, por otro lado, aparece “la calle” como escenario legitimado para la canalización de demandas de manera directa. Detengámonos un poco en estas dos vías.

Si algo caracteriza la canalización de demandas vía directa, o sea, mediante acciones en “la calle” es la radicalización de posiciones y la imprevisibilidad de sus límites. En ese sentido, la visibilización de demandas sectoriales por dicha vía posee una lógica emergente en sí misma y, si bien puede haber continuidad en las metodologías, la naturaleza de su propia lógica disruptiva genera inexorablemente elementos espontáneos, únicos y por lo tanto imprevisibles.

Por otro lado, la representación de carácter institucional tiene como característica la previsibilidad. Esto es, independientemente del sector económico o demanda, el proceso se enmarca dentro de canales previamente fijados en la medida que existen procesos pre-establecidos, normativas, pasos a seguir, “ventanillas” etc. En definitiva, se conoce cómo y cuáles son los límites de cualquier proceso.

Visibilizar este fenómeno institucional resulta necesario para avanzar un paso más en la interpretación y focalizarnos en la relación con el sistema político y sus lógicas de construcción de poder ¿Cómo opera este fenómeno? ¿Existe una relación entre esta dualidad para canalizar demandas y la construcción de los espacios políticos?

Si analizamos el sistema político veremos que las dinámicas de crecimiento y representación institucional y formal de intereses de los partidos políticos se encuentran íntimamente ligadas y atravesadas por procesos de representación producidos en las lógicas callejeras ¿Qué significa esto? Que al interior de las coaliciones de gobierno conviven liderazgos políticos nacidos de la propia vida institucional o de “carrera” con liderazgos producidos “en la calle”. Esto es, independientemente del sector económico o demanda generada por un movimiento callejero, conducirá inevitablemente a los diferentes espacios políticos institucionalmente conformados a una disputa de su representación, dado que la interpelación y/o cooptación de ese tipo de liderazgos emergentes −y reclamos− se encuentra en la propia lógica de construcción política.

Por consiguiente, una relación entre el sistema institucional y la construcción de fuerzas políticas atravesados por las dualidades aquí descritas compone indefectiblemente un marco de contradicciones que devienen en una debilidad institucional permanente, pasible de ser sintetizadas en seis características.

1) Promueven la generación de acciones directas “en la calle”

2) Promueven que la representación callejera sea legitimada producto de la relación directa con liderazgos políticos

3) Generan que la representación callejera sea legitimada y complementaria al sistema de resolución formal de conflictos

4) Generan que la representación callejera sea legitimada y convertida en botines de representación por parte de estructuras partidarias

5) Impiden la consolidación de políticas de estado producto de la legitimación de la negociación callejera sectorial, radicalizada y permanente

6) Promueven la aparición de liderazgos imprevisibles propio de los movimientos de representación sectorial y radicalizado.

En definitiva, esta debilidad institucional provoca que en la génesis de los espacios políticos exista una lógica de construcción donde conviven actores y discursos producidos al calor de la radicalización e imprevisibilidad de sus posiciones junto con la representación formal e institucionalizada de intereses. De aquí que se sostenga que es esta contradicción inmersa en las propias construcciones del sistema político argentino lo que produce en consecuencia un estado de inestabilidad permanente para el ejercicio de poder institucional. Concretamente, si bien un gobierno posee su legitimidad de origen dentro de un proceso electoral, bajo esta lógica de construcción política la legitimidad para el ejercicio del poder inevitablemente deberá validarse de manera permanente.

Por ello, es la propia lógica de construcción de los espacios políticos enmarcados en un débil sistema institucional como el descrito quien genera no solamente que las decisiones gubernamentales tengan que ser consensuadas con la oposición, sino también hacia el interior de las propias fuerzas. Esto se produce debido a que la convivencia de una lógica previsible de quienes conforman, construyen y aceptan un tipo de liderazgo de tipo formal y programático entra en contradicción con la lógica de representación cuya base parte de una metodología radicalizada y sectorizada con liderazgos de tipo personalistas que resultan imprevisible e inestables y, como tal, sujetos a la necesidad de renovar su legitimidad de manera permanente.

A modo de cierre, es importante aclarar que las lógicas aquí descritas han sido desarrolladas de manera desagregada a los efectos de poder analizarlas y construir categorías que nos permitan aproximarnos a comprender este fenómeno. En ese sentido, el devenir diario y cotidiano es dinámico y las fronteras entre las distintas lógicas no es lineal, sino misturado y por momentos difusos.

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