Los votos nulos, en blanco y la puerta a una nueva época

Las marcas por sobre los candidatos y las ideas políticas. Lo público al margen de las propuestas electorales que polarizaron.

La polarización en la sociedad es inoxidable. Por lo menos por ahora. Han pasado casi dos años en que el frente Cambiemos asumió las tres administraciones más importantes del país (gobierno nacional, provincia de Buenos Aires y Capital Federal) y no se ha podido cerrar la grieta. Sucede que el negocio, ahora, es para Mauricio Macri.

El PRO y el radicalismo instalaron una marca antes que una plataforma política o un candidato. En el 2015 también fue así. El domingo, en Córdoba, arrasó un ex árbitro de fútbol contra el PJ; y en Santa Fe, una ex modelo se impuso al justicialismo, dejando en un tercer lugar al Frente Progresista que gobierna la provincia hace 10 años. En capital de esa provincia perdió el presidente de la UCR Nacional, que es, además, el intendente de la ciudad.

Todos los actores de la política coincidieron en las últimas horas en que el éxito de Cambiemos fue precisamente la marca por sobre el candidato, en el caso de Entre Ríos Atilio Benedetti. Somos Entre Ríos tuvo pretensiones de instalarse como un sello con anclaje local. Tarea casi imposible en elecciones de medio término.

En la mayoría de los productos audiovisuales vistos hasta el cansancio en las unidades móviles, Benedetti se presentó con nombre y apellido pese a haber sido diputado nacional en 2009, candidato a gobernador en 2011 y candidato a senador en 2013. No pidió otra cosa que el acompañamiento a Cambiemos. Ese modelo fue aplicable en cualquier rincón del país. A esa marca se le agregó un método: el timbreo en los barrios.

Cambiemos ejecutó en los 24 distritos del país el manual de Jaime Durán Barba. Sólo una vez se decidió fijar una posición política. Fue para demonizar al adversario con la situación de Venezuela. En dos días, durante la anteúltima semana de campaña, de Macri para abajo todos hicieron referencia al convulsionado país tropical. Menos mal que se estaba en una campaña para el recambio en el Congreso.

El peronismo, en su expresión mayoritaria encabezada por Gustavo Bordet, tampoco le puso contenido a su marca. No confrontó con Macri ni se desvivió por marcar diferencias antagónicas en la manera de administrar el Estado y llevarle una solución a la gente. Sobre el final, y ante una agenda con despidos en la puerta, difundió una solicitada para poner a los trabajadores entre las prioridades. También pareció encontrar una buena consigna en la defensa de los fondos coparticipables ante el planteo de Vidal en la Corte Suprema de Justicia que perjudicaría a las provincias.

Las expresiones minoritarias, en cambio, fueron más dinámicas. Más beligerantes. Jorge Barreto apuntó directamente al Presidente. Se quedó con 50 mil votos, el doble por lo que Bordet le ganó a Alfredo De Angeli en 2015.

El contenido político no aparece en Cambiemos ni en el peronismo. La grieta se sujeta, de uno y otro lado, con lo mismo: una idea de futuro. Cambiemos pide seguir construyéndolo, “juntos”; en el peronismo que no se lo arrebaten a la gente.

La política fría, la que evita cualquier debate sobre lo público, dejó en las elecciones de este domingo otro dato: una crítica a la representación. En Entre Ríos, los votos en blanco fueron 18.181 (2,39%), pero los nulos alcanzaron a 37.242 (4,66%). Esa abulia en las fuerzas mayoritarias sea, quizás, la que en un futuro no muy lejano amplíe la base de la izquierda, que durante los últimos años vio migrar electores que dejaron de ser testimoniales para convertirse en protagonistas. Ese proceso lo hizo la política.

 

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