Madre

“Y el hombre dijo: “Esta es ahora hueso de mis huesos, Y carne de mi carne. Ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada”. Gén, 2-23.

Por Marta Ledri – Profesora en Letras

Este versículo que narra de manera simbólica la creación de la mujer puede -en el contexto actual donde la mujer lucha por su libertad, independencia, derechos-, suscitar reflexiones, polémicas, debates. Lo extraño es que sea la mujer considerada como parte del hombre y haya sido creada en segundo lugar. Primero fue Adán y “como no es bueno que el hombre esté solo” surge del profundo sueño del primer humano, Eva: la madre universal. La mujer es algo soñado. Todos los hombres provienen de una madre, una madre que es también padre por tener en su esencia hueso y carne viril. La madre es el arca que salva a las especies del diluvio, es el cofre que resguarda las Tablas de la ley; es el útero universal en permanente preñez. Es la tierra o la Matria. La nacionalidad depende del lugar donde la madre da a luz. Es el cóncavo regazo donde se incuban los valores, las creencias, la lengua.

Es mamá (español) mom (inglés), maman (francés), maminka Checo), mama (alemán) 妈妈 mama (Chino). La bilabialidad del beso está en esta palabra, tal vez la primera que el niño adquiere para designar a quien le dio la vida o su corazón. Mamá antes que papá porque la madre es comida, nutrición, calor.

Madre es la tierra que se abre a la semilla para fructificar en alimentos, es la redondez femenina de la que se sale a la vida y a la que se vuelve en la muerte.
Tierra-madre- útero-sepultura. Pachamama, proveedora y protectora.
Difícil es realizar un catálogo de madres consagradas al mármol, al bronce o a la memoria por alguna cualidad: Todas las madres tienen algo de Cornelia, abnegada madre de los Gracos, de Hécuba, loca por su descendencia muerta; de Anticlea muerta por la pena al saber que su hijo Odiseo había desaparecido, de Susana Trimarco persistente en una búsqueda que no claudica, de Ada Morales que se alzó contra un poder impune. Toda madre es Eva y María. Carne seducida y espiritualidad consagrada al hijo . Madre que guarda “todas esas cosas en su corazón” (Lc 2, 19, Lc 2, 51). Las madres conservan, atesoran en la memoria amorosa la historia de sus hijos. Las acciones íntimas, intrascendentes, tiernas, importantes. Son una caja de recuerdos que van atesorando momentos para brindárselos en el porvenir y rellenar los propios huecos que cada ser tiene de su pasado. La madre es la luna, mutable, en estrecha relación con los líquidos y como ella iluminando la oscuridad del hijo.

Tan simple la palabra. Iniciática de un vínculo de amor para siempre, tan inabarcable para definirla: MAMÁ.
En la provincia de Entre Ríos en dos departamentos se encuentra la misma escultura: una madre sostiene entre sus brazos al niño pequeño.
En Gualeguay mira a la iglesia San Antonio, como pidiendo auxilio a Dios para la gran tarea de criar y educar al hijo; en Gualeguaychú, la madre mira hacia el río, el constante fluir del tiempo que hará de ese niño un hombre.

 

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