Momentos vividos en Corea del Sur

Es noche de Halloween en Seúl y en el mestizo barrio de Itaewon, la joven y agitada multitud se ha disfrazado y maquillado para emborracharse y divertirse en las atestadas calles de la ciudad.

 

Por Martín Davico

IG: hmartindavico

 

 

El estilo anglosajón para celebrar la víspera de Todos los Santos también ha llegado a estas latitudes, y más que un signo del mundo globalizado en que vivimos, es un síntoma más de la creciente debilidad cultural que padecen los países subyugados.

Es la mañana siguiente y bajo un sol vivificante camino por la moderna capital de Corea del Sur. Frente a la embajada japonesa una estatua de una mujer sentada en una silla hace que me detenga. Se trata de la Estatua de la Paz, una escultura de bronce que conmemora a las Mujeres de Consuelo, como llamaron a las 200.000 mujeres coreanas que fueron secuestradas para darle servicio sexual al ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. La renuencia de los gobiernos de Japón para reconocer ese crimen de guerra y la demora para compensar a las víctimas sobrevivientes de aquella tragedia, son hasta estos días motivo de tensiones diplomáticas entre ambos países.

 

Estatua de la Paz

 

Es la misma mañana en la puerta del Memorial de la Guerra de Corea y la única bandera latinoamericana que ondea, entre las de las naciones que lucharon por “la libertad y la democracia del pueblo”, es la de Colombia. Dos relojes marcan la fecha y la hora en que comenzó la guerra, y otros dos esperan por la hora y la fecha en que se reunifiquen ambas Coreas. Un grupo de escolares acaba de visitar el museo, y sentado en el césped disfruta de un tentador y envidiable almuerzo. El orden de las bandejas con sushiy la destreza con la que estos niños manejan los “palitos chinos”, dan la sensación de solidez educativa y un futuro promisorio.

Es el último día en el país y hago una excursión a la Zona Desmilitarizada en el Paralelo 38, la coordenada geográfica donde se ubica la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur. Los pasos fronterizos están cerrados y un monumento dorado representa al pueblo que intenta unir a ambas naciones. Hay museos que explican las causas y los motivos de la guerra bajo la premisa dominante de los debates políticos actuales: Todo fue por culpa del otro. Los túneles secretos norcoreanos que servían para infiltrarse al sur, son atravesados por cientos de turistas con cascos amarillos que pasean como en un parque de diversiones. Los grandes largavistas de los miradores permiten observar las cercanas poblaciones de Corea del Norte, y las banderas enfrentadas de ambos Estados son el principal atractivo para sacar fotos.

Es una anécdota cerca de la ciudad de Daejeon: Haciendo un trekking por un parque nacional, olvidé sobre una roca la campera que llevaba como abrigo. Con la idea de que ya no la recuperaría, regresé a buscarla. Pregunté a todos los excursionistas que fui cruzando si no la habían visto por alguna parte.

Luego de media hora de búsqueda, dos mujeres orientales me dijeron que a unos pocos metros estaba mi añorada prenda… “Si algo puedo decirle, es que en Corea del Sur ni se nos cruza por la cabeza quedarnos con algo que no es nuestro”, me dijo cortésmente el conserje del hostal donde me alojaba cuando le conté lo que aquella tarde me había pasado.

 

Martín, sentado junto al monumento que representa al pueblo que intenta unir a Corea del Norte y Corea del Sur.

 

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