Mons. Zordán pidió que se despierte nuestra conciencia, solidaridad y compromiso

El obispo de Gualeguaychú, Mons. Héctor Zordán, presidió en la noche del miércoles en la Catedral San José la Misa Crismal. En ella los sacerdotes y diáconos renovaron sus promesas y se bendijeron los óleos que se utilizarán este año en la administración de los sacramentos.

 

El obispo recordó en su homilía que los sacerdotes “fuimos ungidos para participar de la unción sacerdotal del mismo Señor” y que esta “consagración, marca nuestra propia identidad, nuestro ser y nuestro modo de vivir…: somos “consagrados del Padre con Jesús y como Jesús”. Estamos llamados a vivir como tales; invitados a transparentar la vocación a la que hemos sido llamados”

Mons. Zordán explicó que esta unción es para ser enviados. “El envío siempre tiene un destino, una orientación que sale fuera de nosotros mismos, nos trasciende. El envío siempre tiene un “para”. Somos ungidos y enviados para anunciar buenas noticias –sobre todo una Buena Noticia–, vendar corazones heridos, proclamar libertad y liberación, anunciar tiempos de gracia, consolar con el consuelo de Dios (cfr. Is 61,1-2). ¡Esta es nuestra misión…!”, dijo.

Luego de citar un pasaje de la primera carta de San Pedro, Zordán se detuvo en el defecto o pecado del clericalismo. “Hoy más que nunca resuena el llamado a una mayor autenticidad en nuestra vocación y consagración; una invitación a estar muy atentos a nuestros sentimientos, a nuestras actitudes, a nuestro comportamiento; y experimentar cada vez más claramente la llamada del Señor a una permanente conversión”.

Y citando al Papa Francisco dijo luego que “hay que decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo, porque ya sea favorecido por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males de la Iglesia”

“Es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos. Esa transformación exige la conversión personal y comunitaria, y nos lleva a mirar en la misma dirección que mira el Señor. […]Es imposible imaginar una conversión del accionar eclesial sin la participación activa de todos los integrantes del pueblo de Dios.

“¡Que se despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y nuestro compromiso! El cultivo de una “cultura del cuidado” y un modo cada vez más sinodal de pastorear al santo pueblo de Dios nos ayudarán a superar estos males y a convertirnos”.

Por eso, a continuación se refirió a la importancia del camino sinodal en el marco de la Asamblea Diocesana y la necesaria participación de los laicos en los distintos consejos parroquiales y diocesanos.

“Que en esta fiesta, mis hermanos, el Señor haga crecer nuestra alegría por ser pueblo santo de Dios y ovejas de su rebaño; y a nosotros, sacerdotes, nos conceda la gracia de apacentar el rebaño de Dios que nos ha sido confiado, velando por él con abnegación, y siendo de corazón ejemplo para cada uno” concluyó Mons. Zordán.

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