Mosto, el soldado que sacaba sonrisas en Malvinas

Carlos Mosto había cursado hasta el cuarto año de la carrera de Medicina cuando fue a la guerra de Malvinas. Allá estuvo a cargo de la enfermería y la cafetería. Sus compañeros lo describen como alguien que transmitía paz, que les leía la Palabra y que en medio del miedo y el dolor siempre lograba hacerlos sonreír.

 

Por Sabina Melchiori

 

El lunes 18 de diciembre, en la Secretaría de Derechos Humanos que funciona en el predio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), un equipo de la Cruz Roja y de antropología forense les informaron a Elsa, Oscar y Hugo Mosto que habían logrado localizar el lugar donde habían sido enterrados los restos de su hermano Carlos. Es la cuarta tumba de la quinta fila de la sección B.

“Estamos muy felices de saber dónde está Carlitos”, dijo Elsa, rodeada de fotos de su hermano, con los recuerdos frescos de las últimas veces que habló con él, y con ganas de regresar a Darwin. “Mamá fue tres veces, y como no sabíamos cuál era la tumba de Carlitos, lo que hacía era arrodillarse en la primera cruz que sentía y rezarle. Ella decía que todos eran sus hijos”.

 

“No sé qué es lo que Dios quiere de mí, me pide algo pero no sé qué es”

Elsa recuerda como si hubiera sucedido ayer el día que, en la vereda de la casa materna, su hermano Carlos, con quien tenía muy poca diferencia de edad, le dijo que él sentía que Dios tenía algo preparado para él pero que no lograba saber qué era. Fue en abril de 1982. Ella le dijo “¿Vos tenés miedo de que te llamen para ir a Malvinas y que te maten?”. “Si tengo que morir, que sea la voluntad de Dios”.

Carlos Mosto era el quinto de seis hermanos, terminó sus estudios secundarios en la Escuela Normal de Gualeguaychú y su sueño era ser médico. En tercer año de la carrera salió mal en una materia y tuvo que hacer la Conscripción con la clases 62 (él era de la clase 59). En noviembre de 1981 lo dieron de baja y regresó a Gualeguaychú donde empezó a hacer los tramites para poder continuar los estudios al año siguiente, pero el Viernes Santo del 82 un llamado particular llegó a su casa.

“Estábamos toda la familia reunida, sin la radio ni la tele prendida, estábamos de sobremesa cuando entró una vecina con la radio bajo el brazo diciendo ‘Carlos, Carlos, están llamado a la clase 62’. Mamá y papá se lo llevaron a una de las habitaciones a conversar y le pidieron que no se presentara, que esperara a que lo llamaran y el les dijo yo tengo que ir”, cuenta Elsa. Y fue ese mismo viernes, a las tres de la tarde, que lo vieron por última vez.

Fueron todos a despedirlo, su familia, sus amigos, su novia y la familia de su novia. Llevaba puesto un pantalón y una camisa de jean. “El colectivo agarró por la calle Bolívar y  cuando nos saludó se agarró la cara y bajó la cabeza”, describe Elsa ya sin poder contener las lágrimas.

 

“Cuídense, estén juntos, no se olviden de Dios, no recen solo por nosotros, recen también por el inglés que también es nuestro hermano”.

Eso fue lo último que Carlos Mosto les dijo a sus papás. Fue el 7 de junio, cuatro días antes de su muerte, por teléfono.

“El 14, cuando tuvieron que entregarse, mi hermano Hugo fue al regimiento a preguntar si Carlitos estaba bien y le dijeron que venían todos, que no había ningún herido. Entonces organizamos un asado para comer cuando regresara y el 21 fueron mis padres a buscarlo al regimiento. Al llegar vieron a un montón de chicos en un paredón, mi mamá se le adelantó a mi papá, buscó a un soldado y le dijo ‘llamámelo a Mosto, decile que estamos los  papás’ y el chico se fue y no apareció más, entonces mamá sintió que algo había pasado, se fue rápido a la puerta del Regimiento, agarró a un capitán del brazo y le dijo ‘¿qué pasó con mi hijo?‘, y ese capitán le respondió ‘señora su hijo murió en Malvinas“, cuenta Elsa, y agrega que en los días siguiente se acercó mucha gente a la casa, entre ellos un sacerdote que lo había recibido en la base de la Cruz Roja: “Nos dijo que estaba acostumbrado a recibir rostros con miedo, terror y pánico, y que él tenia un rostro diferente, lleno de vida, le pegaba para que reaccionara porque no podía creer que estuviera muerto”.

Otro soldado les contó que Carlitos murió al ser alcanzado por la onda expansiva de una bomba, mientras estaba preparando café para llevar a los pozos: “Una bomba cayó en el patio del edificio y el edificio se le cayó arriba, sus compañeros después lo buscaron y se les murió en los brazos”.

“Con el tiempo me di cuenta que lo que él pudo saber lo que Dios le tenía preparado, porque su función fue acompañar, ayudar a sus compañeros, cuando veía un compañero triste le leía la Palabra, le hacia cantar y hasta que no le sacaba una sonrisa no paraba. Otro soldado me contó que cuando bajaban del helicóptero Carlitos salía corriendo y nos daba un abrazo, sonreía y nosotros con eso ya sentíamos paz interior. No sé si habrá llevado un fusil, si habrá tirado un tiro, pero sí que llevaba la Biblia”.

 

 

Nota: las declaraciones de Elsa fueron realizadas durante una entrevista realizada por Canal 9 Litoral el martes 19 de diciembre de 2017.

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