Neuquén, Río Negro y Chubut: Provincialismos y voto útil

Las elecciones provinciales que han tenido lugar hasta ahora en Argentina, de cara a los inminentes comicios presidenciales, han dejado un sabor amargo a las dos mayores expresiones competidoras por la presidencia del país. El oficialismo nacional ha obtenido magros resultados que, sin embargo, el gobierno de Macri no parece lamentar demasiado, el kirchnerismo no ha logrado imponerse en ninguna de las elecciones (si bien ha conseguido preservar su papel preponderante dentro del PJ en las internas peronistas realizadas hasta ahora).

 

Por Felipe Galli – estudiante de Ciencia Política
Especial para Infoner

 

 

En los tres casos de Neuquén, Río Negro y Chubut, el desprestigio de la famosa grieta entre Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner ha favorecido enormemente a los partidos de carácter provincial, grandes ganadores de las compulsas. Estos sucesos no son solo problemáticos para Macri y Cristina, sino también para las terceras opciones.

Tras la abrumadora victoria de la UCR en la interna de Cambiemos en La Pampa en febrero, la actitud provincial del PRO ha sido la del voto útil. Casi todos los candidatos gubernativos macristas se bajaron en favor de sus oponentes radicales tras la derrota de MacAllister frente a Kronenberger. Sin poder cancelar las internas en Córdoba en marzo, directamente la alianza se rompió y competirán dos candidatos, uno por Cambiemos y el otro solo por la UCR (aunque ambos son radicales).

En Neuquén, donde se preveía un escenario de tres tercios entre el gobernador Gutiérrez, del MPN, el kirchnerista Rioseco, y el radical Quiroga; tanto el soporte directo de Cristina a Rioseco (que pudo resultar más bien un lastre para el votante peronista no kirchnerista), como el llamado de un diputado del PRO a un “voto reflexivo” (en pocas palabras, útil) unos días antes de los comicios, favoreció enormemente al MPN, gobernante desde 1963, que obtuvo una nueva victoria por más de catorce puntos.

De los principales candidatos opositores, Quiroga fue el más golpeado con solo un 15%, viéndose afectado no solo por el creciente descontento con el oficialismo nacional, sino también por la noción de una gran porción de su electorado (casi el 28% en las últimas encuestas) de que el gobierno nacional prefería un voto útil. Rioseco, sin embargo, tampoco se llevó la mejor parte. En las últimas encuestas, su diferencia caía en el margen de error con Gutiérrez. Venía directamente apoyado por el peronismo y el kirchnerismo en su conjunto, y se preveía que su victoria apuntalaría el retorno de Cristina a la primera magistratura. Obtuvo tan solo el 25.93% (más de cinco puntos menos que en el último sondeo) contra el 40.19% de Gutiérrez, que se vio beneficiado tanto por los votos “prestados” del gobierno nacional como por sus cinco listas colectoras.

Además de la importancia trascendental de Neuquén en el panorama político nacional por el yacimiento de Vaca Muerta, resulta especialmente devastador para el kirchnerismo haber apoyado tan marcadamente la candidatura de Rioseco. Las palabras del candidato antes de la elección: “La derrota es mía pero la victoria es de Cristina”, no logran nublar la noción, para muchos, de que el apoyo de Cristina fue más bien contraproducente.

 

El segundo desafío, uno doble, fue la compulsa en Río Negro y Chubut.

Río Negro se caracterizó por una campaña agresiva y llena de acusaciones, destacando la judicialización de la controvertida candidatura del gobernador Alberto Weretilneck (antiguo kirchnerista de la alianza provincial Juntos Somos Río Negro) y su apurado reemplazo por la ministra desconocida Arabela Carreras. Cambiemos, que presentó una dupla femenina encabezada por la radical Lorena Matzen, también corrió con la desventaja de presentar una cara demasiado nueva al público.

El Frente para la Victoria (que quizás cometió el error de usar un sello demasiado conocido) presentó a Martín Soria, hijo del difunto ex gobernador del que Weretilneck fue vice por tres semanas. El fallo desfavorable a Weretilneck pareció, por un tiempo, resultarle beneficioso, pero en última instancia sufrió una derrota aún más aplastante que la sufrida por Rioseco en Neuquén (17 puntos), contra Carreras, que se consagró como la primera mujer gobernadora de su provincia habiendo surgido en solo tres semanas ante el público rionegrino como una cara importante.

Al igual que en el distrito neuquino, el macrismo apostó por el voto útil. No en balde, un tercio de los votantes de Juntos Somos Río Negro declaró en varias encuestas que podría votar a Macri, pero Matzen se quedó con un 5.67% (un paupérrimo aumento con respecto al 3.10% que sacó su correligionario, Massaccesi, en 2015).

Chubut, que por el momento solo celebró sus elecciones primarias y tendrá generales en junio, es harina de otro costal. En esta provincia Cambiemos ha recibido su peor golpe ya que era un distrito que hasta el día de los comicios creía que podía ganar. No es para menos, con la complicada situación política, económica, sanitaria y social que vive la provincia, las encuestas preveían una dura batalla entre el gobernador Mariano Arcioni (del partido provincial Chubut Somos Todos, del difunto mandatario Mario Das Neves), y el radical Gustavo Menna, que en 2017 había devuelto al radicalismo chubutense a la Cámara de Diputados, perdiendo por menos de 5200 votos contra la lista dasnevista, y relegando al kirchnerismo a un tercer puesto magro.

Sin embargo, la unificación del peronismo y su competencia en las PASO bajo el Frente Patriótico Chubutense destruyó esta expectativa. El peronismo obtuvo la primera minoría de votos con un 32% contra el 31% de Arcioni y un 15% de Menna, que obtuvo casi veinte puntos menos de lo pronosticado en las encuestas. Para colmo, el kirchnerismo se impuso estrechamente en la interna peronista con Carlos Linares. El pánico ante un posible triunfo kirchnerista en Chubut posiblemente llevará al gobierno nacional a utilizar la misma táctica del voto útil contra Menna. Tratándose de una fórmula íntegramente radical apoyada por una alianza que incluye a un PRO recién nacido con solo 800 afiliados, es poco probable que a Macri le duela demasiado la derrota.

Aunque las tres provincias tienen notorias diferencias, las tres se han caracterizado por un elemento clave: la Grieta está muy desprestigiada y los partidos provinciales, de momento, han sido los únicos capaces de capitalizar el descontento.

La estrategia de las coaliciones peronistas-kirchneristas ante el fortalecimiento de estos tres provincialismos ha sido básicamente tratar de relacionar a los oficialismos victoriosos con Cambiemos, haciendo hincapié en las relaciones, como mínimo ambivalentes, que Weretilneck, Arcioni y Gutiérrez mantienen con el gobierno de Macri. Actitud fácilmente explicada en el hecho de que a ninguno de los tres mandatarios los apoya política o económicamente una fuerza nacional (al menos no declaradamente). Esta táctica no ha servido de mucho, al parecer.
La estrategia del PRO de cara a los comicios se puede también entrever con bastante facilidad. Sin gozar del aparato político ni la cantidad de afiliados con los que cuenta la UCR, ha decidido sacrificar sus posibilidades de ganar más provincias a fin de evitar un fortalecimiento interno del radicalismo o, peor aún, de una sucesión de triunfos kirchneristas-peronistas. Para eso cuenta con los gobiernos de partidos provinciales.

Mediante esta táctica el macrismo mata dos pájaros de un tiro. Además de condicionar severamente la imagen de Cristina, que a partir de estos fracasos seguramente se mostrará más cauta respecto al escenario provincial, logra mantener a raya a su centenario compañero de coalición, en medio de la creciente puja del radicalismo por una mayor presencia dentro de las decisiones políticas de la alianza. Con estas derrotas, el gobierno nacional podría pretender ahogar la esperanza dentro del radicalismo de que se podría celebrar una PASO entre Macri y Martín Lousteau, nacida luego de la victoria en La Pampa.

Sin embargo, esto también puede ser un arma de doble filo. Los malos resultados podrían o bien enardecer la presión del radicalismo por una interna presidencial, o bien convencer a un cada vez más fuerte sector de la UCR de que permanecer en Cambiemos tiene más contras que pros (valga la redundancia), motivando un quiebre del frente oficialista que, casi sin lugar a dudas, sepultaría las esperanzas de Macri de salir reelegido.

A modo de conclusión, lo que parece haber quedado claro en el escenario político argentino es que basarse en resultados provinciales (sobre todo cuando tienen lugar en abril y las elecciones son en octubre), es poco útil para las grandes fuerzas nacionales. Si tanto Cristina como Macri quieren prevenirse del surgimiento de un tercero en discordia que de vuelta la situación electoral del país, tendrán que rever su estrategia. Caso contrario, el sillón de Rivadavia no se verá ocupado por ninguno de los dos en diciembre.

 

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