No metamos todo y a todos en una misma bolsa

Meter todo en un misma bolsa es un acto injusto, inconsciente, apresurado. Es no darse tiempo para analizar, clasificar, observar semejanzas y diferencias.  Meter todo o a todos en una misma bolsa es un acto  de irresponsabilidad o de negligencia.

 

Por Marta Ledri

 

Todo y todos somos únicos y al mismo tiempo somos parte de una especie. Es frecuente ante una acción condenable: la generalización… Pero bien sabemos que no todos los docentes son iguales, no todos los médicos son iguales, no todos los abogados son iguales (elijo estas tres profesiones porque parecerían ser las más castigadas por la opinión pública). No podemos meterlos a todos en una misma bolsa.

Lo mismo sucede con nuestros residuos, con lo que desechamos de nuestro hogar ya porque sobró, ya porque se descompuso, ya porque no nos es  más útil. Entre los residuos que son una muestra escondida dentro de un plástico de cómo vivimos, está la intimidad de nuestras miserias. Hoy nuestras miserias deben ser clasificadas y sacadas a la calle según un calendario. ¿Por qué ensuciar y hasta enfermar a quienes laboriosos y sin parar más que lo suficiente pasan ante nuestra puerta y recogen nuestros desperdicios? ¿ Por qué no valorarlos como seres humanos que pueden contaminarse?¿Por qué no tomar conciencia de que aquello que para nosotros es basura puede ser alimento o puede ser viral  (patológico) para nuestra Gran Madre Tierra? De ella venimos hacia ella vamos. La tierra tampoco está sola, pertenece a un sistema. Si la enfermamos haremos vulnerable a todo el sistema: el mundo, lo que vemos y no vemos, lo descubierto y lo que aún está por descubrirse.

¿Pero puede un acto  cotidiano volverse tan importante? Efecto mariposa, esa es mi acotada respuesta.

Hoy fui gratamente sorprendida por un grupo de alumnos de una escuela privada. Solemos meter en una misma bolsa a estas escuelas y bien sabemos que no es justo. Hay escuelas públicas o estatales, públicas de gestión privada y privadas. Tres bolsas para comenzar. De la última bolsa eran los chicos que con un chaleco verde tocaron timbre en el marco Proyecto municipal organizado por el Programa de Educación ambiental. Este Proyecto a cargo de la Lic. María de los Ángeles Gómez convocó a diecisiete escuelas de nuestra ciudad. Escuela públicas y privadas para colaborar en esta “Campaña de concientización de separación de residuos”.  Solo doce escuelas de las cuales 450 alumnos participaron asistieron a la capacitación teórica. Hubo una escuela privada que no respondió al llamado y ni siquiera dio los motivos para no conceder la autorización a sus alumnos de “salir al mundo”. Mis seguidores sabrán deducir, los que me leen por primera vez tendrán que averiguarlo. ¡Claro el perfil de alumno que persigue ese colegio (sin mayúsculas) no es el del alumno solidario que puede hacerse cargo de la realidad! Triste. Nada más.

Estos alumnos no venían solo. Lo que más me sorprendió es que además del docente y funcionario municipal Alejo Roldán los acompañaba el Rector del Instituto José María Bértora: Mauro Andrada.

No tenía el placer de conocerlos, pero como docente  que fui y sigo siendo me pareció loable y digno de imitar este gesto de salir a la calle a pesar del frío a educar a otros, a trabajar para que nuestro planeta se salve, a darles la oportunidad  a sus alumnos de ejercitar el discurso argumentativo, expositivo o el simple diálogo tan atacado y poco ejercitado por el constante uso de celulares.

Fue un acto de esperanza. Vi el aula en la calle. Volví a revivir sensaciones dormidas de lo fantástico que es  acompañar a los jóvenes en su proceso de adquisición de conocimientos y la educación en valores. Una vez más entendí que no todas las privadas se quedan en sus bolsas o burbujas, hay otras que salen al mundo por eso NO PODEMOS METER TODO O A TODOS EN UNA MISMA BOLSA.

 

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