OPINIÓN. El fútbol femenino en la agenda deportiva

Por Fernanda Fariña, estudiante de periodismo deportivo UNLP-Facultad de Periodismo y Comunicación Social, extensión Gualeguaychú.

 

“El periodismo no va a la cancha a cubrir los partidos”. “El único apoyo que tenemos es el de nuestras familias, después no va nadie””. “No nos invitan”. “Tenemos cero apoyo”. “No se toman en serio los partidos”. “Suspenden los partidos para días entre semana”. “No hay árbitros”. “Nos dan las peores canchas”. “Cuando tenemos que ir a un club que queda lejos no nos ayudan con el transporte”. “Siempre nos ponen últimas para jugar”. “Las camisetas que nos dan están usadas y huelen a transpiración”.Son algunas de las frases que se escuchan a diario por parte de las practicantes del fútbol femenino de Gualeguaychú. Entonces pregunto: ¿El fútbol femenino está presente en la construcción de la agenda deportiva?

En el texto “Identidades culturales y espacio público: un mapa de los silencios”, Rossana Reguillo destaca: “El espacio público como foro para expresar distintas opiniones, para elaborar programas, para rectificar y ratificar opiniones, para tomar posición, negó su sentido al excluir de la palabra a los habitantes de lo interior: las mujeres, los niños, los enfermos, (…) los ancianos: todos ellos seres transparentes y marginales”. Mientras que “En el norte mando YO: La construcción de identidad(es) en la hinchada del Club Central Norte de Salta” de Ibarra (2011)  Bourdieu (2000) plantea la dominación masculina como la máxima expresión de la violencia simbólica. Esta lógica de dominación androcéntrica, que opera en las mentes así como en las instituciones (familia, iglesia, Estado, escuela, deporte), contribuye en el trabajo de la reproducción social. Dicha relación se potenciaría en el campo deportivo y, en mayor medida en el fútbol, por tratarse de un deporte de “fuerza” en contraposición a la construcción de la “debilidad” como cualidad “innata” de la mujer. En el mismo trabajo, Binello y otras, 2000:43 expresan: “pierden su femineidad y adoptan gestos y actitudes masculinas”. Por su parte, Pablo Alabarces señala: “La sobrerrepresentación masculina es tan agobiante que desplaza cualquier otra posibilidad, incluso la mínima existencia del fútbol femenino, que tiene una presencia muy débil en el país; en relación con la extensión del fútbol masculino, parece casi inexistente” (2013:29).

La nula o poca visibilización del fútbol femenino en los medios de comunicación es otra forma de violencia. Es violencia simbólica. Es otra forma de bloqueo y censura. Es otra forma de dominación y muerte hacia las mujeres. Por lo que de seguir así es imposible pensar en esta práctica como un derecho ejercido por mujeres en un mundo relatado por el discurso exclusivamente masculino.

Es necesario dejar de pensar en hombres y mujeres para pensar en personas con igualdad de derechos. Es necesario dejar de  tener en cuenta el género como condición para ser digno o no de un espacio en los medios de comunicación. Es necesario deconstruir el discurso hegemónico del fútbol  creado y reproducidos por los hombres.

Pero por sobre todas las cuestiones, es crucial y necesario dejar de pensar a la mujer como un ser subalterno. Para que al fin, y de una vez por todas, el fútbol femenino esté presente en los medios masivos de comunicación.

 

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