OPINIÓN. El miedo visceral al calabozo

Podría pasar como uno de los tantos exabruptos que a diario se leen por ahí. Pero la categoría y exposición pública sobreabundante del autor, convierten una frase lanzada días pasados y recogida por la prensa, en un mensaje muy peligroso en tanto traduce una clara instigación a la rebelión, rociada con ingredientes sediciosos. Agrava sobremanera esta expresión, el hecho de que Gregorio Dalbón no es un abogado cualquiera: es nada menos que el mediático defensor de la presidente más corrupta que conoció el país pos dictadura militar. Vaticinar que de ir presa Cristina Fernández “el pueblo saldrá a la calle y correrán ríos de sangre”, es hacer lisa y llanamente apología de la insurrección. Algún magistrado y el Comité de Ética del Colegio de Abogados, debería tomar cartas frente a esta actitud que agravia a la justicia, ensucia a la democracia y avasalla el derecho. Detrás de tanta grosería se oculta la resignación ante un futuro de celda para su clienta.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

La descripción del estado actual del país y sus índices económicos, parecieran legitimar el anuncio apocalíptico del mediático letrado, olvidando que no debe haber ninguna persona a la que la justicia le dispense tanta indulgencia y favores en término de plazos procesales, como a su defendida. Suena jocoso que Dalbon anuncie que el expediente “no va a llegar nunca a juicio oral, porque se cometió una nulidad que fue no filmar ni grabar los audios de las personas que se arrepintieron”.

Parece que las extensas declaraciones con admisiones contundentes sobre participación activa en maniobras de cohecho, no resultan suficientes. Tampoco el colosal crecimiento patrimonial de la familia Kirchner durante los 12 años en que se adueñaron del Estado y la descripción minuciosa de la ruta del dinero mal habido en vuelo hacia el sur argentino con aeronaves de la presidencia. Los arrepentidos que proporcionan detalladamente los procedimientos reñidos con la ley, cerrando el círculo en cuyo interior quedan atrapados los más altos funcionarios de Cristina y Néstor, no dejan dudas.

La afirmación de Dalbon apuntando a que “no hay ningún elemento que pueda soslayar su principio de inocencia que se encuentra intacto”, soslaya que hasta ahora todos los caminos –trazados por ex funcionarios y empresarios arrepentidos ante jueces y fiscales- conducen en dirección a la ex presidente. Pareciera que en la interpretación del Código Procesal Penal del ordenamiento jurídico argentino, para poder imputar seriamente a una persona se requiere que en el momento de cometer sus fechorías deben hallarse presenciándolo varias cámaras de la televisión, un escribano y media docena de testigos hábiles.

 

 

 

Suena extraño el análisis “dalboniano” sobre los Cuadernos de las Coimas, habida cuenta de la gran cantidad de imputados vinculados con importantes empresas y ex funcionarios del gabinete nacional, incluyendo solícitos y bien dispuestos secretarios, asumieron su responsabilidad o participación necesaria en la maquinaria delictiva armada y la aceitada arquitectura pro impunidad diseñada desde el mismo Néstor Kirchner.

Las aeronaves transportadoras de bolsos conteniendo millones de dólares hacia la lejana Santa Cruz, donde se elegían sitios y momentos propicios resguardados debidamente para el aterrizaje sigiloso; las valijas arribadas desde Venezuela como aporte chavista para la campaña electoral de 2007 descubierto por una empleada incorruptible del aeroparque; los bolsones revoleados frente a una residencia de monjas que hacían de custodias caritativas de un emisario ya se sabe quiénes y las remesas hacia paraísos fiscales de dinero mal apropiado, son parte de la cruzada autosolidaria kirchnerista.

Y además, la nave insignia capitaneada por la pareja presidencial, que consistió en darle la concesión exclusiva de la obra pública con precios artificialmente inflados a un ex empleado bancario. Hoteles con pìezas “alquiladas” a Lázaro Báez con huéspedes inexistentes para armar el retorno de los sobrecostos a las arcas del connubio felíz, cerraban el circuíto delincuencial. Operación que se terminó de consumar con el pago total por obras que nunca fueron terminadas y sufrieron el abandono. Las licitaciones otorgadas en Santa Cruz fueron 52 y el costo total liquidado alcanzó los 46.000 millones de pesos.

Esta semana el ex contador de la familia Kirchner, Víctor Manzanares, dio detalles sobre el lavado de dinero en los hoteles, aunque es mucho lo que aún le resta revelar.

Cuando Dalbon posa la mirada en ciertos segmentos de la hilera de imputaciones, deja a un lado todas las maniobras delictivas no necesariamente incluidas en los Cuadernos de Centeno y que obligan a Cristina a enfrentar una extensa agenda de citaciones, inédita para mandatario alguno.

¿Puede algún ciudadano medianamente despierto pensar que este terrorífico aparato de robarle al Estado no tenía su destino final en El Calafate o resguardarlo en el exterior? ¿Puede suponer Dalbon que eficientes diplomados en la coima variada van a purgar años de cárcel, mientras la diseñadora de tanta corrupción y sus vástagos disfruten de la fresca viruta? Cuando se cae el árbol, caen todas las frutas. Cuando caen las frutas a la vez es porque el árbol está podrido desde la raíz.

 

La recuperada –al menos aparente- autoridad de Cristina como prenda de unidad en el peronismo (al cual el matrimonio nunca adhirió y hasta agravió al líder creador de sus bases doctrinarias), resulta extraña si hasta hace pocos días los neojusticialistas con ambiciones electorales aseguraban que con la ex mandataria no habría intento alguno de unificación. Cuando los diputados rechazaron el DNU de Macri referido a la extinción de dominio sobre los bienes de la corrupción, se dijo que se juntaron “peronistas y kirchneristas” (?). Ergo, Gustavo Bordet acaba de hacer acuerdos con extrapartidarios (CFK y Sergio Urribarri) cuyas travesuras contra las leyes penales no los tornan recomendables.

 

Recuérdese que Gustavo Bordet, quien tras asumir en 2015 sugirió a los imputados por delitos de corrupción que soliciten licencia hasta aclarar cada situación, hace unos días –tres años después de aquel consejo y sin haber sido escuchado- arregló con su antecesor la continuidad al frente de la Cámara de Diputados.

 

Se interpreta como una suerte de absolución política y moral, pero el costo no es fácil de eludir. Esta semana el gobernador reveló haber hablado personalmente con CFK para hallar puntos convergentes hacia la unidad. Todo es posible en política pero no todo genera buenos réditos.

Volviendo a Gregorio Dalbon, sus declaraciones podrían configurar el delito de sedición tipificado en nuestra Carta Magna (art. 22º) e inserto en nuestro Código Penal. El abogado no puede ignorar tan altos preceptos y sabe que es imposible toda acción violenta, especialmente cuando se persigue derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución y un fallo judicial.

Recuérdense aquellas espontáneas reacciones del siglo pasado, como la histórica movilización del 17 de octubre de 1945 en que la clase obrera acudió a la Casa Rosada desde los más lejanos sitios para demandar la libertad el entonces coronel Juan Domingo Peron detenido en la isla Martín García; la insurrección popular de los días 29 y 30 de mayo de 1969 denominada “cordobazo” (en La Docta) y el “rosariazo”, entre mayo y setiembre de ese mismo año contra la dictadura militar. En el ocaso del 2001 una movilización generalizada en todo el país causó 39 muertos (en Paraná las víctimas fatales fueron dos niñas y un joven, responsabilizándose a las balas policiales). El entonces mandatario Fernando de la Rúa debió abandonar el cargo y llegó a haber 5 presidentes en una semana.

Hoy la realidad envuelve a una eventual condena de Cristina Fernández. Salvo que en una de esas se pretenda reivindicar la vieja sentencia de que “la justicia castiga con ansia y constancia al que se roba una gallina de la estancia; pero se muestra flaca, blanda y fina con quien se roba la estancia y la gallina”.

Quizás el vaticinio de Dalbon se invierta: si Cristina va presa, el pueblo saldrá a la calle pero a celebrar.

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