OPINIÓN. No estamos solos

Día a día nuestra ciudad disputa, palmo a palmo con los principales centros turísticos del país, un lugar en la grilla de los destinos más importantes fronteras adentro de la Argentina. Sus carnavales, su entorno natural, su parque, las diferentes costaneras que acompañan a su río, y principalmente este último es quien la caracteriza. La corriente de agua homónima es una atracción especial para propios y extraños, las principales playas de la ciudad están a lo largo de su curso hasta que desemboca en el Uruguay. Pero periódicamente, ese abrazo de amistad que moja nuestro este, golpea insensiblemente a la comunidad. Es el momento que esa cálida caricia veraniega, se transforma en un avance inexorable de las aguas perjudicando a muchas familias de la ciudad.

 

Por Eugenio Jacquemain

 

Son momentos de angustia, de pesar, de nerviosismo y dolor. La bronca de perderlo todo frente al cruel avance de nuestro río se nota en cada rostro de los habitantes ribereños. Por lluvia, por sudestada, por crecidas del Uruguay, por falta de dragado han sido algunas de las justificaciones que a lo largo de la historia y según el momento hemos escuchado. Pero hay algo que no cambia, que siempre dice presente ante el avance de las aguas y ello es la solidaridad de nuestra ciudad.

 

 

Hoy queremos ocuparnos de algunos empleados municipales, que mas allá de su trabajo, en esos momentos duplican sus esfuerzos, incluso cumpliendo tareas que originalmente no estaban asignadas en su función.
Este año, Enero llegó complicado, lluvia, viento sudeste y un Uruguay crecido, fueron la combinación fatal para golpear a la ciudad, la altura del río sobrepasó los cuatro metros y allí estuvieron nuestros compañeros municipales acompañando a quienes necesitaban una mano en ese momento.

Los guardavidas municipales, celosos guardianes de nuestras playas, no estuvieron ausentes en esta situación. Remos en mano recorrían la zona del camino de la costa, alcanzando lo necesario a quienes se encontraban aislados por las aguas de nuestro rio. En sus canoas, llegaban una y otra vez hasta los cuidadores de las propiedades que permanecían en sus moradas desafiando el río, y aquellos que quisieran retirarse, eran también transportados por estos empleados municipales que, lejos de su tarea habitual, daban una mano a quienes lo solicitaban.

Defensa Civil e el área municipal encargada de organizar la ayuda ante cada contingencia, este grupo de compañeros habituados a socorrer en cada catástrofe que azota nuestra ciudad, no estuvieron acompañados solo por el equipo de guardavidas, camiones municipales, empleados de obras y servicios públicos, acompañaban este fenómeno natural con su apoyo trasladando una y otra vez a los afectados. El área de Desarrollo Social hace su aporte al igual que voluntarios de otros sectores municipales. Ante una catástrofe, el empleado municipal, incluso bajo situaciones adversas, no olvida su solidaridad con el resto de los habitantes de la ciudad.

 

 

Obviamente todo debe ser organizado, debe mantenerse un orden para que la ayuda no pierda eficacia, aisladamente frente e un fenómeno natural solo podemos hacer pequeños aportes, pero unidos es otra cosa. Para ello necesitamos alguien que organice y ordene, y todo ello se hace desde Defensa Civil, incluso podríamos decir que para varios de ellos, los galpones del puerto, refugio de los evacuados, pasan a ser su segunda casa, porque muchos de nuestros compañeros, dedican muchas horas al día ante cada contingencia, mientras varios de nosotros dormimos o descansamos, ellos, aun muchas veces con el agua en la rodilla o recubiertos de un piloto, se enfrentan a la naturaleza por el bien de todos, velando nuestro sueño.

A todos ellos, a todos los compañeros que colaboraron y seguirán haciéndolo en cada contingencia, solo nos resta desde La ReVista, decirles GRACIAS, así, con mayúscula, en nombre de toda la comunidad de nuestra ciudad.

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